Santa Teresa de Calcuta
«No todos podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor.»
Agnes Gonxha Bojaxhiu nació el 26 de agosto de 1910 en Skopje, de familia albanesa. A los 18 entró con las hermanas de Loreto y partió a la India, donde por casi veinte años fue maestra y directora de colegio en Calcuta. Una vida religiosa correcta y tranquila — hasta el 10 de setiembre de 1946, cuando en un tren rumbo a Darjeeling escuchó lo que llamó «la llamada dentro de la llamada»: dejarlo todo para servir a Cristo en los más pobres entre los pobres.
Salió del convento con un sari blanco de franjas azules y cinco rupias. Recogía moribundos de las aceras de Calcuta para que murieran limpios, acompañados y amados; abría casas para huérfanos, leprosos y descartados. En 1950 fundó las Misioneras de la Caridad, que hoy sirven en más de cien países. Al recibir el Premio Nobel de la Paz en 1979 pidió que el banquete se cancelara y el dinero se diera a los pobres.
Tras su muerte se conoció su secreto más asombroso: durante décadas vivió una oscuridad interior casi total, sin sentir la presencia de Dios al que servía cada día. Su fidelidad no se apoyaba en consuelos sino en una decisión de amor renovada cada mañana ante la Eucaristía. La santa de la sonrisa cargaba una noche oscura — y por eso es también la santa de todos los que creen sin sentir.
Murió el 5 de setiembre de 1997 en Calcuta. San Juan Pablo II — su gran amigo — la beatificó en 2003, y el Papa Francisco la canonizó el 4 de setiembre de 2016. Decía que no estamos llamados a hacer cosas extraordinarias, sino «algo hermoso para Dios» en lo pequeño de cada día: una frase que en un taller de artesanos nos sabe a encargo personal.
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