La sexualidad al servicio del amor
«No es la actividad sexual la que sostiene la vida de pareja, sino la vida de pareja la que sostiene la actividad sexual.»
Varias parejas nos pidieron la presentación de la catequesis y, sobre todo, las respuestas a las preguntas que iban apareciendo flotando en la última lámina. Aquí está todo ordenado: primero las ideas que trabajamos juntos y después, una por una, las preguntas con su respuesta. La presentación completa se puede ver en catequesis.almaderacr.com y descargar en PDF.
Mantenemos el mismo encuadre de aquella tarde: un espacio seguro y libre de juicio, sensibilidad y respeto en lo que se dice, y contenidos basados en el libro de catequesis, la Biblia y el Magisterio de la Iglesia católica. Nada de esto sustituye el acompañamiento de un sacerdote, de un instructor de métodos naturales o de un profesional de la salud cuando hacen falta.
1. La sexualidad es integral: Via Sensis
Empezamos por los sentidos. Probamos sabores, tocamos texturas, olimos, escuchamos una pieza y miramos una escena, y después nos preguntamos qué nos gustó, qué no, qué imágenes vinieron a la mente y qué sintió el cuerpo. El ejercicio tiene una intención: recordar que la sexualidad no es solo genitalidad. Entra por los sentidos, pasa por la memoria y las emociones, y toca lo más profundo de la persona.
Y creó Dios el hombre a su imagen: hombre y mujer los creó (…) Vio Dios que todo cuanto había hecho era muy bueno.Génesis 1, 27.31
El cuerpo, el deseo y la diferencia entre hombre y mujer son creación de Dios y son buenos. Por eso hablamos de una sexualidad integral, con cinco dimensiones que no se pueden separar sin empobrecerla:
- Biológica
- El cuerpo, el ciclo, la fertilidad, el placer. Es la base, pero no es el todo.
- Psicológica
- Las emociones, la historia personal, las heridas y la forma en que cada uno aprendió a querer.
- Ética
- Las decisiones: a quién, cómo y para qué. La sexualidad siempre tiene un sentido, lo elijamos o no.
- Social
- Lo que la familia, los amigos, los medios y la cultura nos enseñaron, muchas veces sin que lo notáramos.
- Espiritual
- La relación con Dios: la sexualidad como don recibido y como lenguaje para darse.
2. Lo que nos dijo el grupo
Antes de la catequesis respondimos una encuesta anónima. Fueron 22 respuestas y vale la pena guardar algunos datos, porque describen bien de dónde partimos:
- La palabra que más asociamos con sexualidad es amor (18 de 22), seguida de placer (13) y compromiso (7).
- Todos, sin excepción, dijimos que dentro de una relación estable la sexualidad es expresión de amor y unión; 14 de 22 añadieron comunicación y confianza.
- A 14 de 22 les resulta fácil hablar abiertamente de sexo y 14 de 22 lo conversan con frecuencia en su relación. Nadie dijo que nunca lo habla.
- Lo que más nos formó fue la familia y las experiencias personales (10 cada una) y los amigos (9). La religión apareció solo en 5 respuestas.
- El mensaje que más repiten los medios y las redes, según el grupo: que es solo placer (16 de 22) y que es algo sin compromiso (11).
Hay una tensión evidente entre lo que creemos (amor, unión, compromiso) y lo que la cultura nos repite (placer sin compromiso). La catequesis fue, en buena parte, un intento de poner palabras a esa tensión.
3. Las rupturas del amor
Cuando la sexualidad se separa del amor que la sostiene, se rompe. En la catequesis vimos tres rupturas, que son tres formas de quitarle algo a un don que fue pensado completo.
Sexo sin amor
Es el utilitarismo: usar al otro, o dejarse usar, como objeto de placer. Aparece en mucha música, videos y películas, en la pornografía y la prostitución, en las relaciones abiertas y en el libertinaje que se presenta como libertad. La persona queda reducida a cosa.
Sexo separado del matrimonio
Es la sexualidad desligada de valores, sin trascendencia y sin fidelidad: unirse sin prometer nada, sin un para siempre que sostenga la entrega. La catequesis incluyó aquí también la presentación de la homosexualidad como forma lícita de vivir la sexualidad, un punto en el que la Iglesia mantiene su enseñanza y, al mismo tiempo, pide acoger a cada persona con respeto, compasión y delicadeza (Catecismo 2358).
Sexo sin apertura a la vida
Es cerrar deliberadamente la puerta a la vida: los anticonceptivos usados sin ninguna reflexión ética, el desconocimiento del propio ciclo (muchas mujeres nunca aprendieron a leer su cuerpo) y el aborto presentado como un derecho.
Nombrar las rupturas no es señalar a nadie. Casi todos hemos vivido alguna, y por eso hablamos de ellas en un espacio sin juicio.
4. A la luz de la fe
Él respondió: «¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo hombre y mujer, y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre.»Mateo 19, 4-6
Imagen y semejanza
Dios es comunión de personas: el Padre, el Hijo que es la Palabra y el Espíritu Santo que es el Amor. Cuando el Génesis dice que fuimos creados a su imagen, lo dice de hombre y mujer juntos. La pareja, con su capacidad de amar y de dar vida, es un reflejo de esa comunión. Por eso san Juan Pablo II pudo decir que el cuerpo tiene un significado esponsal: está hecho para el don.
En la catequesis lo dibujamos con un triángulo: Dios arriba, el esposo y la esposa abajo. Cuanto más sube cada uno hacia Dios, más cerca queda del otro. No es una frase bonita: es la experiencia de muchas parejas que descubren que rezar juntos, confesarse y comulgar cambia también su intimidad.
Don de sí mismo
La cruz es la imagen del amor que se da por completo: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Juan 15, 13). El Concilio lo dijo de todo ser humano: solo nos encontramos a nosotros mismos en la entrega sincera de nosotros mismos a los demás (Gaudium et spes 24). La unión de los esposos es el lugar donde ese don se dice con el cuerpo: libre, total, fiel y abierto a la vida, exactamente lo que prometimos el día de la boda.
Armonía sexual
No es la actividad sexual la que sostiene la vida de pareja, sino la vida de pareja la que sostiene la actividad sexual. La intimidad florece donde hay diálogo, perdón, ternura y oración; cuando falta todo eso, ninguna técnica la salva.
Compromisos desde la fe
- Agradecimiento y oración: dar gracias por el cuerpo, por el otro y por el don recibido.
- Vivir en el mundo sin ser del mundo: no tragarse el mensaje de que es solo placer sin compromiso.
- Espacios con valores cristianos: amistades, grupos y contenidos que sostengan lo que creemos.
- Respeto y dignificación de la pareja: nunca un objeto, siempre una persona.
- Comprensión y diálogo, también sobre los traumas y las heridas que cada uno trae.
- Renovar diariamente los compromisos de amor, respeto y fidelidad a mi pareja.
Cerramos escribiendo en pareja nuestros compromisos a partir de hoy. Si están leyendo esto en casa, vale la pena hacer lo mismo: una hoja, dos lapiceros y diez minutos en silencio antes de hablar.
5. Las preguntas que fueron apareciendo
En la lámina de dudas flotaban términos y preguntas. Primero un glosario breve de los términos y luego cada pregunta con su respuesta. Son respuestas cortas, pensadas para abrir una conversación en pareja, no para cerrarla.
Los términos
- Green Sex
- Expresión que usan algunos divulgadores católicos para hablar de una sexualidad «orgánica»: sin hormonas, dispositivos ni barreras, respetando el ciclo tal como es, con la misma lógica con la que preferimos comida sin químicos. En la práctica es otra forma de nombrar la planificación familiar natural.
- Planificación familiar natural
- Conjunto de métodos para reconocer los días fértiles e infértiles del ciclo y, con ese conocimiento, buscar un embarazo o posponerlo. No manipula el cuerpo ni el acto; la pareja decide juntos qué hacer con esa información.
- Fase folicular
- Primera parte del ciclo: va del primer día de la regla hasta la ovulación. Su duración varía de un ciclo a otro, y por eso los calendarios no bastan. En ella madura el folículo y aparece el moco cervical.
- Ovulación
- Momento en que el ovario libera el óvulo, una vez por ciclo. El óvulo vive entre 12 y 24 horas; los espermatozoides pueden vivir hasta cinco días en el moco fértil. De ahí sale una ventana fértil de unos seis días.
- Fase lútea
- Segunda parte del ciclo: de la ovulación a la siguiente regla. Dura unos 12 a 16 días y es bastante constante en cada mujer. La progesterona sube la temperatura basal y vuelve el moco seco o pegajoso.
- Moco cervical
- Secreción del cuello del útero que cambia a lo largo del ciclo: de nada o pegajoso a cremoso y, cerca de la ovulación, claro y elástico como clara de huevo. Es el signo principal de fertilidad y la base de los métodos Billings y Creighton.
- Temperatura basal
- Temperatura del cuerpo al despertar, antes de levantarse. Sube entre 0,2 y 0,5 °C después de la ovulación y se mantiene alta hasta la regla. Sirve para confirmar que la ovulación ya ocurrió.
- Método Billings
- Método de la ovulación desarrollado por los médicos australianos John y Evelyn Billings. La mujer observa la sensación y el aspecto del moco a lo largo del día y lo anota. Se aprende con una instructora.
- Modelo Creighton
- Sistema FertilityCare creado por el Dr. Thomas Hilgers en Omaha a partir del método Billings, con una observación estandarizada del moco. Se enseña en pareja y se une a la NaProTecnología, que usa esos registros para diagnosticar y tratar problemas ginecológicos y de infertilidad.
- Método sintotérmico
- Combina varios signos: moco cervical, temperatura basal y, si se quiere, la posición del cuello del útero. Al cruzar dos signos se confirma el fin de la fase fértil. Bien aprendido y bien usado, su eficacia para posponer un embarazo es comparable a la de los anticonceptivos más usados.
- Días fértiles
- Los cinco días anteriores a la ovulación y el día de la ovulación. Fuera de esa ventana, el embarazo no es posible; dentro de ella, la pareja decide con libertad.
- Abstinencia periódica
- Lo que hace una pareja que, por razones serias, decide posponer un embarazo: no tener relaciones durante los días fértiles. Es un sacrificio compartido que, bien vivido, renueva el deseo y obliga a conversar.
- Paternidad responsable
- Decidir con generosidad y prudencia, ante Dios y en conciencia, cuántos hijos tener y cuándo, conociendo y respetando el propio cuerpo (Humanae vitae 10). Incluye tanto la apertura a una familia numerosa como, por motivos serios, el espaciamiento de los nacimientos.
- Castidad conyugal
- No es abstinencia. Es la integración de la sexualidad en la persona y en el amor (Catecismo 2337 y 2349): desear al otro como persona y no como objeto, dentro del matrimonio, con fidelidad y respeto. Es un sí a amar bien.
- Humanae vitae
- Encíclica de san Pablo VI del 25 de julio de 1968. Enseña que el acto conyugal tiene dos significados inseparables, unitivo y procreador; que la anticoncepción es moralmente ilícita; que el recurso a los períodos infértiles es lícito cuando hay motivos serios, y habla de la paternidad responsable.
- Teología del cuerpo
- Más de cien catequesis que san Juan Pablo II dio los miércoles entre 1979 y 1984. El cuerpo revela a la persona y está hecho para el don; la unión de los esposos es un lenguaje que debe decir la verdad de las promesas matrimoniales.
- Amor oblativo
- Viene de oblación, ofrenda. Es el amor que se da en lugar de tomar; lo contrario del amor captativo, que busca al otro para sí. Es el amor de Cristo en la cruz y el que se nos pide en el matrimonio.
- Apertura a la vida
- No significa buscar un hijo en cada relación ni tener todos los que el cuerpo permita. Significa no cerrar deliberadamente la puerta a la vida en el acto que, por naturaleza, puede darla.
- Ternura
- El lenguaje diario del cuerpo fuera de la intimidad: la caricia, el abrazo, la palabra suave. Sin ternura la sexualidad se vuelve mecánica.
- Fidelidad
- Exclusiva y para siempre, como prometimos. No es solo no engañar: es seguir eligiendo al otro cada día, también con el corazón y la mirada.
Las preguntas
¿Qué es el Green Sex?
Es una forma moderna de nombrar la sexualidad vivida con métodos naturales: sin hormonas que alteren el ciclo, sin dispositivos ni barreras, aprendiendo a leer el cuerpo de la mujer y respetándolo. La comparación es sencilla: si cuidamos lo que comemos y evitamos los químicos, con más razón deberíamos cuidar el cuerpo en su fertilidad.
Detrás de la expresión hay una idea más profunda: la fertilidad no es una enfermedad que haya que apagar, sino parte de la salud y del don. Y es de los dos: el hombre que aprende el ciclo de su esposa deja de delegarle a ella toda la carga.
¿Qué dice la Iglesia sobre la planificación familiar?
Dice que sí a la paternidad responsable. Los esposos tienen el derecho y el deber de decidir, ante Dios, cuántos hijos tener y cuándo (Gaudium et spes 50; Catecismo 2368). No hay un número correcto ni una obligación de tener todos los hijos posibles.
Para espaciar o posponer los nacimientos, cuando hay motivos serios (de salud, económicos, psicológicos o sociales), la Iglesia propone los métodos naturales, que respetan el cuerpo y el acto (Humanae vitae 16; Catecismo 2370). La anticoncepción, en cambio, la considera moralmente ilícita, porque separa de forma deliberada los dos significados del acto conyugal: la unión y la apertura a la vida.
El papa Francisco insistió en que hay que promover y enseñar estos métodos, porque respetan el cuerpo de los esposos y favorecen la ternura entre ellos (Amoris laetitia 222).
¿En qué se diferencia un método natural de un anticonceptivo?
En el fondo no es una diferencia de tecnología, sino de lo que se hace con el acto. Con un anticonceptivo la pareja tiene relaciones y, al mismo tiempo, hace algo para que ese acto no pueda dar vida: el acto queda incompleto, como si dijera «te doy todo menos mi fertilidad». Con un método natural no se altera nada; si la pareja no quiere un embarazo, simplemente no tiene relaciones esos días, y cuando las tiene, el acto es entero.
Hay diferencias prácticas también: los métodos naturales no tienen efectos secundarios, sirven igual para buscar un hijo que para posponerlo, exigen que los dos participen y enseñan a la mujer a conocer su propia salud. Algunos anticonceptivos, como el DIU, pueden actuar además después de la fecundación, lo que añade un problema ético mayor.
¿Cómo reconocemos los días fértiles?
Observando los signos que el cuerpo da en cada ciclo: el moco cervical (su sensación y su aspecto), la temperatura basal al despertar y, en algunos métodos, la posición del cuello del útero. Con esos signos se identifica cuándo empieza la fase fértil y cuándo termina. Los calendarios y las aplicaciones que solo cuentan días no sirven, porque la ovulación se mueve.
Se aprende con una instructora o un instructor de un método concreto (Billings, Creighton o sintotérmico) y en unos tres ciclos la pareja ya interpreta bien sus registros. Es la mejor inversión que pueden hacer en este tema.
¿Cómo se vive la abstinencia en los días fértiles?
Primero, con realismo: si la pareja tiene motivos serios para posponer un embarazo, son unos siete a diez días por ciclo sin relaciones. Es un sacrificio y no hay que disimularlo. Pero es un sacrificio de los dos, no solo de ella, y eso cambia todo.
Muchas parejas descubren que esos días los devuelven al noviazgo: conversar, salir, rezar juntos, expresar ternura sin que todo termine en la cama. Y cuando vuelve la fase infértil, el deseo se ha renovado. Si la pareja está abierta a un hijo, sencillamente no hay abstinencia.
¿Qué es el amor oblativo?
Es el amor que se ofrece. Lo contrario de buscar al otro para llenarme yo. Una madre que se levanta de noche, un padre que renuncia a algo suyo por los hijos, Cristo en la cruz: eso es amor oblativo.
En la intimidad se nota enseguida: el amor oblativo busca el bien y la alegría del otro, espera, se adapta, pregunta. El amor que solo toma se nota en la prisa, en la exigencia y en la indiferencia después.
¿Qué es la paternidad responsable?
Humanae vitae la describe con cuatro notas: conocer y respetar los procesos del propio cuerpo; dominar el instinto con la razón y la voluntad; decidir, con generosidad, tener una familia numerosa o, por motivos serios y respetando la ley moral, evitar un nuevo nacimiento por un tiempo o por tiempo indefinido; y hacer todo eso en conciencia, delante de Dios.
No es un cálculo frío ni una excusa para el miedo. Es discernir en pareja y en oración, con los pies en la tierra y el corazón abierto.
¿Es pecado el deseo?
No. El deseo por el cónyuge es un don de Dios; el Cantar de los Cantares está lleno de él. Lo que hiere es la lujuria: el deseo desordenado que busca el placer por sí mismo, separado de la persona y de los significados del acto (Catecismo 2351). Se puede caer en eso incluso dentro del matrimonio, cuando se mira al propio cónyuge como un objeto.
La pregunta útil no es «¿deseo mucho?», sino «¿a quién deseo: a esta persona o solo a su cuerpo?». El deseo ordenado al amor es parte de la castidad conyugal, no su enemigo.
¿Y si uno de los dos no tiene ganas?
Nunca hay lugar para la presión ni la coacción: el don solo es don si es libre. San Pablo pide a los esposos no negarse el uno al otro «sino de común acuerdo» (1 Corintios 7, 3-5), y eso vale en las dos direcciones: generosidad para darse y generosidad para esperar.
Conviene hablar de las causas: cansancio, estrés, un posparto, una enfermedad, una herida sin sanar, una decepción. Mientras tanto, la ternura no se suspende. Si la falta de deseo se prolonga meses, vale la pena consultar a un médico o a un terapeuta de pareja; muchas veces tiene solución.
¿Cómo hablamos de esto con nuestros hijos?
Los padres son los primeros educadores del amor (Familiaris consortio 37), y el documento Sexualidad humana: verdad y significado (1995) da criterios claros: verdad adaptada a la edad, respuestas a lo que el hijo pregunta sin dramas ni mentiras, nombres correctos para el cuerpo, pudor como respeto y no como vergüenza.
Lo más formativo no es una charla, sino lo que ven: cómo se tratan ustedes, cómo se abrazan, cómo se piden perdón. Y conviene llegar antes que internet: si no les hablamos nosotros, alguien más lo hará, y peor.
¿Cómo volver a empezar después de una herida?
Primero, nombrarla: una infidelidad, la pornografía, un abuso sufrido antes del matrimonio, años de indiferencia. Lo que no se nombra no sana. Después, pedir ayuda: la confesión para lo que es pecado, un terapeuta para lo que es trauma, un sacerdote o un matrimonio acompañante para el camino.
El perdón es un proceso, no un sentimiento, y puede tardar. El sacramento del matrimonio da una gracia real para esto: Dios no abandona lo que Él unió. Y no hay que fingir que no pasó nada: la intimidad se reconstruye despacio, con paciencia y ternura.
¿Qué significa que el cuerpo es templo?
«¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes y que han recibido de Dios? (…) Glorifiquen, por tanto, a Dios con su cuerpo» (1 Corintios 6, 19-20). El cuerpo no es un envase ni una mercancía: es el lugar donde Dios habita y lo que resucitará.
Para una pareja esto significa que la intimidad es un lugar sagrado: se cuida, se respeta, no se expone ni se comparte con otros, y se vive con la reverencia con la que uno entra a un templo.
¿Hay una frecuencia «correcta»?
No. No hay un número que valga para todas las parejas ni para todas las etapas: recién casados, bebés pequeños, enfermedad, años de madurez. Lo que importa es que los dos se sientan amados y escuchados, y que puedan hablarlo. Que 14 de 22 en el grupo lo conversen con frecuencia es una excelente señal.
Señales de alerta sí hay: si uno siente que lo usan, o si el rechazo se vuelve la norma durante mucho tiempo, hay que hablarlo y buscar ayuda. Recuerden la frase de la catequesis: es la vida de pareja la que sostiene la actividad sexual, no al revés.
¿Cómo oramos como pareja por nuestra intimidad?
Con naturalidad. Tobías y Sara rezaron juntos antes de su noche de bodas (Tobías 8, 4-8), y esa oración sigue siendo un modelo: dar gracias por el otro, pedir que el amor sea limpio y generoso, poner el matrimonio en manos de Dios.
Pueden bendecir su habitación, rezar un momento antes o después de la intimidad, o simplemente dar gracias en silencio. Nada de esto es cursi ni exagerado: es reconocer que Dios está también ahí, y que lo que hacen es santo.
¿Cuándo buscar a un sacerdote o a un acompañante?
Al sacerdote: cuando hay algo que confesar, cuando la conciencia duda sobre un método o una decisión, cuando hay una herida espiritual. A un matrimonio acompañante o a la pastoral familiar: cuando el conflicto se repite y no logran salir solos. A un instructor de métodos naturales: cuando quieren aprender a leer el ciclo. A un médico o a un terapeuta: cuando hay dolor, falta de deseo persistente, infertilidad, una adicción o un trauma.
Pedir ayuda no es señal de que el matrimonio va mal. Es señal de que lo están cuidando.
¿Qué hacemos cuando no nos ponemos de acuerdo?
Sobre el número de hijos, el método, la frecuencia o cualquier otra cosa: primero, nadie impone. La decisión es de los dos y delante de Dios. Después, reglas sencillas para conversar: un momento tranquilo, sin acusaciones, cada uno dice lo que siente y lo que teme, y el otro repite lo que entendió antes de responder.
Si el desacuerdo es moral, el camino es formar la conciencia juntos: leer, preguntar a un sacerdote, rezar. Si es práctico, buscar a alguien que los acompañe. Y tener paciencia: los acuerdos de fondo rara vez se alcanzan en una sola conversación.
¿Y si ya usamos anticonceptivos?
Muchas parejas llegan a una catequesis como esta sin haber escuchado nunca nada de lo anterior, y eso no es culpa de nadie. Aquí no hay condena, hay un camino. La Iglesia propone un ideal y acompaña a cada pareja paso a paso, con lo que el papa Francisco llama la ley de la gradualidad (Amoris laetitia 295).
Los pasos concretos: informarse bien, hablarlo con un sacerdote, confesarse si hace falta y aprender un método natural con un instructor. Si se dejan las hormonas, el ciclo puede tardar algunos meses en normalizarse; durante ese tiempo la instructora ayuda a interpretar los signos. Incluso después de una esterilización hay camino de reconciliación: hablarlo con un sacerdote sin miedo.
¿Cómo mantener viva la ternura con los años?
Con gestos pequeños y diarios: el abrazo al llegar, el mensaje a media mañana, la mano en el carro, decir gracias. No todo tiene que terminar en la intimidad; de hecho, la intimidad se alimenta de todo lo que pasa fuera de ella.
Tener citas aunque haya hijos, perdonar rápido, rezar juntos, reírse, cuidarse uno mismo, aprender cómo le gusta al otro que lo quieran y renovar cada día los compromisos de amor, respeto y fidelidad. Las parejas que usan métodos naturales dicen que la fase fértil, bien vivida, es un noviazgo que vuelve cada mes.
Para seguir
- Catecismo de la Iglesia Católica, números 2331 a 2400 (el sexto mandamiento) y 2360 a 2379 (el amor de los esposos y la fecundidad).
- San Pablo VI, Humanae vitae (1968). Breve y clara; se lee en una tarde.
- San Juan Pablo II, Familiaris consortio (1981) y las catequesis de la Teología del cuerpo.
- Papa Francisco, Amoris laetitia (2016), en especial los capítulos cuarto y quinto.
- Para aprender un método: pregunten en su parroquia o en la pastoral familiar por instructores de Billings, Creighton (FertilityCare) o del método sintotérmico.
Terminamos aquella tarde con una meditación guiada y con las palabras de Chiara Corbella Petrillo, una esposa y madre joven que entendió de qué se trata todo esto:
Por lo poco que he entendido en estos años solo puedo decirte que el Amor está en el centro de nuestra vida, porque nacemos de un acto de amor; vivimos para amar y ser amados, y morimos para conocer el verdadero amor de Dios.Chiara Corbella Petrillo (1984–2012)
Si tienen una pregunta que no quedó respondida aquí, escríbannos y la agregamos a esta entrada.
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