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Génesis 1 · La creación
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Génesis

Génesis 1: La creación

31 versículos · 29 notas · 5 min de lectura3 cuadros · Para profundizar · Pausa

Un himno solemne, casi una liturgia, abre la Biblia. Está construido sobre una semana de siete días y con estribillos que se repiten («Dijo Dios…», «Y vio Dios que era bueno…», «de la tarde y de la mañana…»). En los tres primeros días Dios separa y da forma; en los tres siguientes llena y adorna esos espacios. El autor no explica cómo se formó físicamente el universo, sino quién lo hizo y para qué: un solo Dios, que crea con su palabra, que hace todo bueno y que pone al ser humano en el centro, como su imagen.

Los seis días de la creación

1En el principio1 creó Dios2 el cielo y la tierra3. 2La tierra estaba informe y vacía4, las tinieblas cubrían la superficie del abismo5, y el espíritu de Dios se movía sobre las aguas6.

3Dijo, pues, Dios: Sea hecha la luz7. Y la luz quedó hecha. 4Y vio Dios que la luz era buena, y dividió la luz de las tinieblas8. 5A la luz la llamó día, y a las tinieblas noche; así de la tarde aquella y de la mañana siguiente9 resultó el primer día10.

6Dijo asimismo Dios: Haya un firmamento o una gran extensión11 en medio de las aguas, que separe unas aguas de otras. 7E hizo Dios el firmamento, y separó las aguas que estaban debajo del firmamento, de aquéllas que estaban sobre el firmamento12. Y quedó hecho así. 8Y al firmamento le llamó Dios cielo. Con lo que de tarde y de mañana se cumplió el día segundo.

9Dijo también Dios: Reúnanse en un lugar las aguas que están debajo del cielo y aparezca lo árido o seco. Y así se hizo. 10Y al elemento árido le dio Dios el nombre de tierra, y a las aguas reunidas las llamó mares. Y vio Dios que lo hecho estaba bueno. 11Dijo asimismo: Produzca la tierra hierba verde y que dé simiente, y plantas fructíferas que den fruto conforme a su especie13, y contengan en sí mismas su simiente sobre la tierra. Y así se hizo. 12Con lo que produjo la tierra14 hierba verde, que da simiente según su especie, y árboles que dan fruto, de los cuales cada uno tiene su propia semilla según la especie suya. Y vio Dios que la cosa era buena. 13Y de la tarde y mañana resultó el día tercero.

14Dijo después Dios: Haya lumbreras o cuerpos luminosos15 en el firmamento del cielo, que distingan el día y la noche, y señalen los tiempos o las estaciones16, los días y los años. 15A fin de que brillen en el firmamento del cielo, y alumbren la tierra. Y fue hecho así. 16Hizo, pues, Dios dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para que presidiese al día; y la lumbrera menor, para presidir la noche; e hizo las estrellas. 17Y las colocó en el firmamento o extensión del cielo, para que resplandeciesen sobre la tierra. 18Y presidiesen el día y a la noche, y separasen la luz de las tinieblas. Y vio Dios que la cosa era buena. 19Con lo que de tarde y mañana, resultó el día cuarto.

20Dijo también Dios: Produzcan las aguas reptiles animados que vivan en el agua, y aves que vuelen sobre la tierra, debajo del firmamento del cielo. 21Creó, pues, Dios17 los grandes peces18, y todos los animales que viven y se mueven, producidos por las aguas según sus especies, y asimismo todo lo volátil según su género. Y vio Dios que lo hecho era bueno. 22Y los bendijo, diciendo: Creced y multiplicaos y henchid las aguas del mar19, y multiplíquense las aves sobre la tierra. 23Con lo que de la tarde y mañana resultó el día quinto.

24Dijo todavía Dios: Produzca la tierra animales vivientes en cada género animales domésticos, reptiles y bestias silvestres de la tierra, según sus especies. Y fue hecho así. 25Hizo, pues, Dios las bestias silvestres de la tierra según sus especies, y los animales domésticos, y todo reptil terrestre según su especie. Y vio Dios que lo hecho era bueno.

26Y por fin dijo: Hagamos20 al hombre a imagen y semejanza nuestra21; y domine a los peces del mar22, y a las aves del cielo, y a las bestias, y a toda la tierra, y a todo reptil que se mueve sobre la tierra. 27Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya: a imagen de Dios le creó23; los creó varón y hembra24. 28Y les echó Dios su bendición y dijo: Creced y multiplicaos, y henchid la tierra25, y enseñoreaos de ella26, y dominad a los peces del mar y a las aves del cielo y a todos los animales que se mueven sobre la tierra.

29Y añadió Dios: Ved que os he dado todas las hierbas las cuales producen simiente sobre la tierra, y todos los árboles los cuales tienen en sí mismos simiente de su especie, para que os sirvan de alimento27 a vosotros, 30y a todos los animales de la tierra, y a todas las aves del cielo, y a todos cuantos animales vivientes se mueven sobre la tierra, a fin de que tengan que comer. Y así se hizo. 31Y vio Dios todas las cosas que había hecho; y eran en gran manera buenas28. Con lo que de la tarde y de la mañana se formó el día sexto29.

Cuadro

Los días de la creación

Obra de distinciónDios separa y da forma
Obra de ornatoDios llena y adorna
1Luz: el día y la noche
4Lumbreras: sol, luna y estrellas
2Firmamento: aguas de arriba y de abajo
5Aves del cielo y peces del mar
3Tierra seca y plantas
6Animales terrestres y el ser humano
7Dios cesa de su obra, bendice y santifica el día

Cada día de la segunda columna llena el espacio creado en el día de enfrente: así se responde a la tierra «informe y vacía» del v. 2. Los nombres de las columnas son de santo Tomás de Aquino (Suma teológica I, q. 70). El séptimo día corona la obra.

Cuadro

El Enuma Elish y Génesis 1

Enuma Elish (Babilonia)Génesis 1
Los diosesMuchos dioses, nacidos de las aguas primordiales Apsu y TiamatUn solo Dios, que existe antes de todo
Cómo se creaCon una guerra: Marduk vence a Tiamat y parte su cuerpo en dosCon la palabra: «Dijo Dios… y así se hizo»
El abismoTiamat, diosa del mar, un monstruo enemigoTehom, «el abismo»: agua sin forma y sin voluntad
Cielo y tierraHechos con las dos mitades del cadáver de TiamatSeparados por el firmamento el segundo día
Los astrosMoradas y signos de los dioses, de los que se leen presagios«Lumbreras», lámparas al servicio del calendario
El ser humanoHecho con la sangre de Kingu, un dios rebelde, para trabajar en lugar de los diosesImagen de Dios, bendecido y encargado de la creación
El finalLos dioses construyen Babilonia y el templo de Marduk, y celebran un banqueteDios descansa y santifica el séptimo día

El Enuma Elish («Cuando en lo alto…»), poema babilonio en siete tablillas, se compuso probablemente a finales del segundo milenio antes de Cristo; sus copias se hallaron desde 1849 en las ruinas de Nínive, y George Smith lo publicó en 1876. No es la fuente del Génesis, pero muestra el mundo de ideas con el que el Génesis dialoga: toma imágenes comunes y las vacía de dioses, de violencia y de esclavitud.

Cuadro

Génesis 1,1 palabra por palabra

← se lee de derecha a izquierda
בְּרֵאשִׁיתbereshiten el principio
בָּרָאbarácreó
אֱלֹהִיםElohimDios
אֵתet—
הַשָּׁמַיִםha-shamáyimlos cielos
וְאֵתwe-ety
הָאָרֶץha-áretsla tierra

Se lee de derecha a izquierda. Son siete palabras, como los siete días del relato. Bereshit da nombre al libro en hebreo. Bará, «crear», solo tiene a Dios por sujeto en su forma básica. Elohim tiene forma de plural, pero lleva el verbo en singular: es un plural de majestad y de plenitud, no una lista de dioses. Et no se traduce: marca el complemento directo, y algunos comentaristas, judíos y cristianos, se han fijado en que se escribe con la primera y la última letra del alfabeto, como «el Alfa y la Omega» (Ap 1,8). «Los cielos y la tierra» nombran los dos extremos para decir el todo: el hebreo no tenía una palabra para «universo».

Para profundizar4 min

La creación y la ciencia

El primer capítulo de la Biblia fue escrito hace unos veinticinco siglos, con la imagen del mundo que tenían entonces los pueblos del antiguo Oriente: una tierra plana, una bóveda sólida en lo alto y unas aguas encima de ella. Pedirle que responda a las preguntas de la astrofísica o de la biología es equivocarse de libro. El concilio Vaticano II recuerda que, para entender lo que Dios quiso decir, hay que atender a los géneros literarios y a los modos de expresarse de cada época (Dei Verbum, n. 12), y el Catecismo explica que la Escritura presenta la creación «simbólicamente» como una semana de trabajo coronada por el descanso (n. 337). El relato responde a otras preguntas: quién está en el origen de todo, si el mundo tiene sentido y qué lugar ocupamos en él.

Los Padres de la Iglesia ya lo sabían. San Agustín advertía que es vergonzoso y dañino que un cristiano hable de la naturaleza diciendo disparates en nombre de la Biblia ante personas que conocen esas cosas por la razón y la experiencia, porque así expone la fe al ridículo (Del Génesis a la letra I,19,39). Y añadía que el Espíritu Santo no quiso enseñar la forma del cielo, porque eso no sirve para la salvación (II,9,20). De ahí viene la vieja imagen de los «dos libros»: Dios escribió el libro de la naturaleza y el de la Escritura, y no pueden contradecirse, porque tienen el mismo autor. El Catecismo lo dice con palabras del concilio Vaticano I: entre la fe y la razón nunca puede haber verdadero desacuerdo (n. 159).

La historia no siempre ha sido pacífica. En el proceso contra Galileo (1616 y 1633) se mezclaron los límites de la ciencia de entonces y graves errores de los teólogos, que leyeron la Biblia como si enseñara astronomía. El propio Galileo recordaba una frase que atribuía al cardenal Baronio: la intención del Espíritu Santo es enseñarnos cómo se va al cielo, y no cómo va el cielo. En 1992 san Juan Pablo II reconoció ante la Academia Pontificia de las Ciencias los errores cometidos y la incomprensión mutua que causaron.

En el siglo XX, la ciencia descubrió que el universo tiene una historia. Un sacerdote católico, el belga Georges Lemaître, propuso en 1927 que el universo se expande, y en 1931 que procede de un «átomo primitivo»: es el origen de la teoría del Big Bang. Cuando Pío XII, en 1951, vio en esa teoría una confirmación científica de la creación, Lemaître pidió prudencia: la ciencia no puede demostrar la creación, ni la fe depende de una teoría física. Crear no es solo poner en marcha el universo hace miles de millones de años, sino sostenerlo en el ser en cada instante. Santo Tomás de Aquino pensaba incluso que un universo sin comienzo en el tiempo seguiría siendo creado, y que su comienzo lo sabemos por la fe (Suma teológica I, q. 46, a. 2).

Lo mismo vale para la evolución de la vida. Pío XII admitió en 1950 que se estudie el origen del cuerpo humano a partir de una materia viva preexistente, mientras la fe sostiene que cada alma es creada inmediatamente por Dios (Humani generis, n. 36). En 1996 san Juan Pablo II reconoció que nuevos conocimientos llevan a considerar la evolución como algo más que una hipótesis, y advirtió que son incompatibles con la fe las interpretaciones que hacen del espíritu un simple producto de la materia. El Catecismo invita a acoger los descubrimientos científicos como motivo de mayor admiración por el Creador (n. 283), y recuerda que la pregunta por el sentido va más allá de la ciencia (n. 284).

Lo que Génesis 1 afirma no lo puede demostrar ni refutar un laboratorio: hay un solo Dios, que no es parte del mundo; todo lo que existe es bueno y viene de su libertad y de su amor; el mundo es ordenado e inteligible, y por eso se puede estudiar; el ser humano es imagen de Dios; y el tiempo tiene un sentido que culmina en el descanso con Dios. Muchos historiadores piensan que esta visión de una naturaleza ordenada, que no está habitada por dioses caprichosos, fue uno de los suelos donde pudo nacer la ciencia moderna.

Pausa

Dos o tres preguntas, una oración breve y espacio para escribir.

  1. Dios llama «bueno» a todo lo que hace. ¿Qué cambia en tu manera de mirar la naturaleza, tu cuerpo o tu trabajo si de verdad lo crees?
  2. Cada persona es imagen de Dios. ¿Hay alguien a quien te cueste mirar así? Escribe su nombre y pide la gracia de verlo como Dios lo ve.
Para orar«Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?» (Salmo 8).
Lo que escribes se guarda solo en este dispositivo. Guardado.Ver todo lo que escribí
Las 29 notas del capítulo
  1. 1PalabraGn 1,1

    «En el principio»

    En hebreo el libro se llama por su primera palabra, Bereshit, «En el principio»; el nombre «Génesis», que significa «origen», viene de la traducción griega. La Biblia empieza con la letra bet, la segunda del alfabeto. Un antiguo comentario judío explicaba que esa letra está cerrada por detrás y por los lados, y abierta solo hacia delante: no hay que especular sobre lo que hubo antes, sino avanzar (Génesis Rabá 1,10). San Juan abre su Evangelio con las mismas palabras a propósito: «En el principio era el Verbo» (Jn 1,1). Con Cristo empieza una nueva creación.

  2. 2PalabraGn 1,1

    «creó Dios»

    El verbo hebreo bará, «crear», solo tiene a Dios como sujeto en su forma básica: nunca se dice de un hombre, y nunca se menciona el material con que Dios crea. Elohim, «Dios», tiene forma de plural, pero lleva el verbo en singular: es un plural de majestad (ver el cuadro al final del capítulo). La fe de la Iglesia confiesa que Dios creó de la nada, no a partir de un caos que ya existiera (2 Mac 7,28), y que lo hizo libremente, por amor y con sabiduría (Catecismo, n. 295-298).

  3. 3PalabraGn 1,1

    «el cielo y la tierra»

    Es un merismo: se nombran dos extremos para decir el todo. El hebreo no tenía una palabra para «universo»; «el cielo y la tierra» significa «absolutamente todo». Así lo recoge el Credo: «Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible».

  4. 4PalabraGn 1,2

    «informe y vacía»

    En hebreo tohu wa-bohu, una expresión sonora que significa «desierto sin forma» y «vacío sin habitantes». Los días 1 a 3 dan forma (separan la luz, las aguas y la tierra) y los días 4 a 6 llenan lo que estaba vacío. En francés, tohu-bohu quedó como palabra corriente para decir «desorden».

  5. 5ContextoGn 1,2

    «abismo»

    El hebreo tehom designa el océano primordial. Los pueblos vecinos lo imaginaban como una diosa monstruosa: en el poema babilonio Enuma Elish, el dios Marduk parte en dos el cuerpo de la diosa Tiamat para formar el cielo y la tierra. El Génesis usa una palabra emparentada, pero aquí el abismo no es un dios ni un rival: es materia sin forma que obedece a Dios (ver el cuadro al final del capítulo).

  6. 6FeGn 1,2

    «el espíritu de Dios se movía sobre las aguas»

    Ruaj significa a la vez «viento», «aliento» y «espíritu». El verbo que se traduce «se movía» es el del águila que revolotea sobre sus polluelos (Dt 32,11): Dios incuba la vida. Los Padres vieron aquí una primera insinuación del Espíritu Santo; por eso este relato es la primera lectura de la Vigilia Pascual, la noche en que se bendicen las aguas del Bautismo.

  7. 7ContextoGn 1,3

    «Sea hecha la luz»

    En latín: Fiat lux. Dios crea solo con su palabra: no hay lucha ni esfuerzo, como en los mitos vecinos. La fórmula «dijo Dios» aparece diez veces en el capítulo, y la tradición judía decía que el mundo fue creado «con diez palabras» (Misná, Abot 5,1), como diez serán los mandamientos. La luz existe el primer día y el sol hasta el cuarto: el autor no hace física, sino que enseña que la fuente de la luz es Dios, no el sol, que en Egipto era adorado como el dios Ra.

  8. 8PalabraGn 1,4

    «dividió la luz de las tinieblas»

    «Separar» (badal) es un verbo clave del capítulo, que aparece cinco veces: crear es poner orden distinguiendo la luz de las tinieblas, las aguas de arriba de las de abajo, el día de la noche. El mismo verbo dirá después que Dios «separó» a Israel de los pueblos para que fuera santo (Lv 20,24-26). Las tinieblas no se destruyen: reciben un nombre y un lugar. Para san Juan, la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron (Jn 1,5).

  9. 9FeGn 1,5

    «de la tarde aquella y de la mañana siguiente»

    Para Israel el día empieza al atardecer, no a medianoche. Por eso el sábado judío comienza el viernes al ponerse el sol. Y por eso la Iglesia empieza a celebrar las solemnidades desde la víspera (las «primeras vísperas»), y la misa del sábado por la tarde ya es misa del domingo.

  10. 10PalabraGn 1,5

    «resultó el primer día»

    El hebreo no dice «primer día», sino «un día» (yom ejad), y después sí «segundo», «tercero»… San Basilio comentó que la Escritura dice «uno» para unir este día con el día sin ocaso de la eternidad, el «octavo día» (Hexamerón II,8). Los cristianos celebran el domingo como el día uno de la semana, el día de la luz y de la resurrección: Jesús resucitó «el primer día de la semana» (Mc 16,2).

  11. 11PalabraGn 1,6

    «firmamento o una gran extensión»

    El hebreo raquía viene de un verbo que significa «batir el metal hasta dejarlo en lámina». Los antiguos imaginaban el cielo como una bóveda sólida que sostenía unas «aguas de arriba», de donde caía la lluvia. El latín firmamentum, «lo firme», conserva esa idea. Torres Amat añade «o una gran extensión», más cercano al sentido del hebreo, quizá para suavizarla.

  12. 12FeGn 1,7

    «aquéllas que estaban sobre el firmamento»

    El Salmo 148,4 invita a alabar a Dios a «las aguas que están sobre los cielos», y los Padres discutieron qué serían. San Agustín dio una regla que la Iglesia ha hecho suya: el Espíritu Santo no quiso enseñar por medio de los autores sagrados la forma del cielo, porque eso no sirve para la salvación (Del Génesis a la letra II,9,20). León XIII la citó en la encíclica Providentissimus Deus (1893): la Biblia habla de la naturaleza según las apariencias y el lenguaje de su tiempo.

  13. 13ContextoGn 1,11

    «conforme a su especie»

    La expresión «según su especie» se repite diez veces en el capítulo hebreo. Expresa el orden y la fecundidad de lo creado: cada viviente lleva en sí su semilla y se reproduce. A veces se ha usado contra la evolución, pero el texto no habla de la fijeza biológica de las especies, una cuestión que su autor no se planteaba: afirma que la variedad de la vida viene de Dios y obedece a un orden (ver «Para profundizar» al final del capítulo).

  14. 14FeGn 1,12

    «produjo la tierra»

    Dios no fabrica cada planta: manda a la tierra que produzca. San Agustín pensaba que Dios lo creó todo a la vez, pero dejando en la creación «razones seminales», gérmenes que se van desplegando a su tiempo (Del Génesis a la letra, libros V y VI). Sin anticipar la ciencia moderna, esta idea de un mundo que Dios hace capaz de desarrollarse ayudó a muchos pensadores cristianos a acoger la imagen de un universo en evolución.

  15. 15ContextoGn 1,14

    «lumbreras o cuerpos luminosos»

    El autor evita decir «sol» y «luna», porque en las lenguas vecinas esas palabras eran también nombres de dioses. Aquí son simples lámparas colgadas por Dios al servicio del hombre. Las estrellas, que en Babilonia se creía que regían el destino, se mencionan casi de pasada al final del v. 16: «e hizo las estrellas».

  16. 16PalabraGn 1,14

    «señalen los tiempos o las estaciones»

    La palabra hebrea mo'adim designa los «tiempos fijados» para las fiestas religiosas: los astros sirven para el calendario litúrgico. Todavía hoy la Pascua se fija por la luna: es el domingo siguiente a la primera luna llena de la primavera del hemisferio norte.

  17. 17PalabraGn 1,21

    «Creó, pues, Dios»

    Vuelve el verbo bará, que no aparecía desde el v. 1. El texto lo reserva para tres momentos: el origen de todo (v. 1), la aparición de los seres vivientes que se mueven y respiran (v. 21) y la creación del ser humano, donde se repite tres veces (v. 27). Son como los tres grandes umbrales de la obra de Dios.

  18. 18PalabraGn 1,21

    «los grandes peces»

    El hebreo dice tanninim, «monstruos marinos»: los dragones del mar que en los mitos de Canaán luchaban contra los dioses (ver Is 27,1). El Génesis los presenta como simples criaturas de Dios. La Vulgata dice cete grandia, de donde viene nuestra palabra «cetáceo».

  19. 19PalabraGn 1,22

    «henchid las aguas del mar»

    «Henchir» es llenar del todo. Es la primera bendición de la Biblia, y en ella fecundidad y bendición van juntas: la vida que se multiplica es un regalo de Dios. Bendecir, en hebreo barak, es comunicar vida y fuerza; la misma palabra volverá sobre el ser humano (v. 28), sobre el séptimo día (2,3) y sobre Abrahán (12,2).

  20. 20FeGn 1,26

    «Hagamos»

    Este plural se ha explicado como plural de majestad o como Dios que habla con su corte celestial. Los Padres de la Iglesia vieron en él un anticipo del misterio de la Trinidad. San Ireneo decía que el Padre creó con sus «dos manos», el Hijo y el Espíritu Santo (Contra las herejías IV,20,1; Catecismo, n. 292).

  21. 21PalabraGn 1,26

    «a imagen y semejanza nuestra»

    «Imagen» (tsélem) es la palabra que se usaba para las estatuas que los reyes ponían en sus territorios como señal de su soberanía: cada ser humano es como una estatua viva de Dios en el mundo. San Ireneo distinguía: la imagen no se pierde nunca; la semejanza es la santidad, que se pierde con el pecado y se recupera en Cristo (Contra las herejías V,6,1). De aquí nace la dignidad de toda persona, que «no es solamente algo, sino alguien» (Catecismo, n. 357).

  22. 22PalabraGn 1,26

    «y domine a los peces del mar»

    El verbo hebreo radá se usa para el gobierno de los reyes (Sal 72,8). El ser humano recibe una tarea regia, pero el rey bíblico debe gobernar como un pastor: Ezequiel usa el mismo verbo para condenar a los malos pastores que dominaron a su rebaño «con violencia y dureza» (Ez 34,4). El dominio que Dios confía es una responsabilidad de administrador, no un permiso para el abuso (Catecismo, n. 373).

  23. 23FeGn 1,27

    «a imagen de Dios le creó»

    El versículo es un pequeño poema de tres líneas con el verbo «crear» repetido tres veces. «El hombre» (ha-adam) es aquí la humanidad entera: «le creó» pasa enseguida a «los creó». La Misná judía comentaba que Dios creó a un solo hombre al principio para enseñar que quien destruye una vida destruye un mundo entero, y quien salva una vida salva un mundo entero, y para que nadie pueda decir «mi padre es más grande que el tuyo» (Sanedrín 4,5).

  24. 24FeGn 1,27

    «los creó varón y hembra»

    La diferencia entre varón y mujer forma parte de la imagen de Dios: los dos, en igual dignidad, la reflejan juntos (Catecismo, n. 369-372). Jesús cita este versículo al hablar del matrimonio (Mt 19,4), y san Juan Pablo II construyó sobre él su «teología del cuerpo» (ver «Para profundizar» al final del capítulo 2).

  25. 25FeGn 1,28

    «Creced y multiplicaos, y henchid la tierra»

    La primera palabra de Dios a la humanidad es una bendición, no una orden ni una prohibición. La fecundidad aparece como un don. El concilio Vaticano II cita este versículo, junto con 2,18, al hablar del amor de los esposos abierto a la vida (Gaudium et spes, n. 50): al dar la vida, los esposos participan del poder creador de Dios (Catecismo, n. 372 y 2367).

  26. 26FeGn 1,28

    «enseñoreaos de ella»

    «Enseñorearse» es hacerse señor de algo. El papa Francisco recuerda que no es una licencia para explotar la tierra: hay que leerlo junto con Gn 2,15, donde se pide «cultivar y guardar» el jardín (Laudato si', n. 67). El hombre gobierna la creación como administrador, no como dueño absoluto.

  27. 27ContextoGn 1,29

    «para que os sirvan de alimento»

    En este primer cuadro, hombres y animales comen solo plantas: un mundo sin violencia ni sangre. Comer carne se permite hasta después del diluvio (Gn 9,3). Los profetas imaginan el final de la historia como un regreso a esa paz: el lobo habitará con el cordero (Is 11,6-9).

  28. 28FeGn 1,31

    «en gran manera buenas»

    Seis veces se repite «vio Dios que era bueno», y la séptima, al final, «en gran manera buenas»: el siete es el número de la plenitud. Contra quienes despreciaban la materia como algo malo (gnósticos y maniqueos), la Iglesia afirma que todo lo creado es bueno (Catecismo, n. 299). El mal no es una criatura: entra después, en el capítulo 3.

  29. 29ConexiónGn 1,31

    «se formó el día sexto»

    El sexto día es el primero que lleva artículo en hebreo, «el día sexto», como el séptimo: es el día culminante. Los Padres vieron un eco en el Viernes Santo: el sexto día de la semana Cristo, el nuevo Adán, consuma su obra en la cruz diciendo «Todo está cumplido» (Jn 19,30), y el séptimo descansa en el sepulcro. La nueva creación brotará el primer día de la semana.