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Génesis 6 · La corrupción y el arca
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Génesis 6: La corrupción y el arca

22 versículos · 20 notas · 3 min de lecturaPara profundizar · Pausa

La violencia que empezó con Caín se ha extendido a toda la tierra. El capítulo empieza con un fragmento antiguo y enigmático sobre los «hijos de Dios» y los gigantes (vv. 1-4), sigue con el juicio de Dios, que habla con sentimientos humanos para mostrar que el mal le duele (vv. 5-8), y termina con las instrucciones para construir el arca (vv. 9-22). En medio de la corrupción hay un hombre justo, Noé, y con él aparece por primera vez una palabra que atravesará toda la Biblia: alianza.

La maldad crece en la tierra

1Habiendo, pues, comenzado los hombres a multiplicarse sobre la tierra y procreado hijas, 2viendo los hijos de Dios1 la hermosura de las hijas de los hombres, tomaron de entre todas ellas por mujeres las que más les agradaron. 3Dijo entonces Dios: No permanecerá mi espíritu en el hombre para siempre, porque es muy carnal; y sus días serán ciento veinte años2. 4Es de notar que en aquel tiempo había gigantes sobre la tierra3; porque después que los hijos de Dios se juntaron con las hijas de los hombres y ellas concibieron, salieron a luz estos valientes del tiempo antiguo, héroes famosos.

5Viendo, pues, Dios ser mucha la malicia de los hombres en la tierra, y que todos los pensamientos de su corazón se dirigían al mal continuamente4, 6le pesó de haber creado al hombre en la tierra5. Y penetrado su corazón de un íntimo dolor6, 7yo raeré7, dijo, de sobre la faz de la tierra al hombre, a quien creé, desde el hombre hasta los animales, desde el reptil hasta las aves del cielo; pues siento ya el haberlos hecho. 8Mas Noé halló gracia delante del Señor8.

Noé construye el arca

9Estos son los hijos que engendró Noé: Noé fue varón justo y perfecto en sus días9, y siguió a Dios10. 10Y engendró tres hijos: a Sem, a Cam y a Jafet.

11Entretanto la tierra estaba corrompida a vista de Dios, y colmada de iniquidad11. 12Viendo, pues, Dios que la tierra estaba corrompida (por cuanto lo estaba la conducta de vida de todos los mortales sobre la tierra), 13dijo a Noé: Llegó ya el fin de todos los hombres decretado por mí; llena está de iniquidad toda la tierra por sus malas obras; pues yo los exterminaré juntamente con la tierra.

14Haz para ti un arca12 de maderas bien acepilladas13; en el Arca dispondrás celditas14, y las calafatearás con brea15 por dentro y por fuera. 15Y has de fabricarla de esta suerte: la longitud del arca será de trescientos codos16, la latitud de cincuenta, y de treinta codos su altura. 16Harás una ventana en el arca, y el techo o cubierta del Arca le harás no plano, sino de modo que vaya alzándose hasta un codo, y escupa el agua; pondrás la puerta del Arca en un costado17, y harás en ella tres pisos, uno abajo, otro en medio y otro arriba.

17Y he aquí que voy a inundar la tierra con un diluvio de aguas, para hacer morir toda carne, en que hay espíritu de vida debajo del cielo; todas cuantas cosas hay en la tierra, perecerán. 18Mas contigo yo estableceré mi alianza18: y entrarás en el arca tú, y tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos contigo. 19Y de todos los animales de toda especie meterás dos en el arca19, macho y hembra, para que vivan contigo. 20De las aves según su especie, de las bestias según la suya, y de todos los que arrastran por la tierra, según su casta; dos de cada cual entrarán contigo, para que puedan conservarse. 21Por tanto tomarás contigo de toda especie de comestibles, y los pondrás en tu morada; y te servirán tanto a ti como a ellos de alimento. 22Hizo, pues, Noé todo lo que Dios le había mandado20.

Para profundizar3 min

Los hijos de Dios y los gigantes

Los cuatro primeros versículos del capítulo 6 son quizá el pasaje más extraño del Génesis. «Los hijos de Dios» ven que «las hijas de los hombres» son hermosas y las toman por mujeres; Dios limita la vida humana a ciento veinte años; y se mencionan los nefilim, los «gigantes», y unos héroes famosos de la antigüedad. El texto es breve, no explica casi nada y enlaza enseguida con la maldad que provoca el diluvio. Por eso se ha leído de maneras muy distintas.

La lectura más antigua que conocemos entiende que «los hijos de Dios» son ángeles. Así lo hace el Libro de los Vigilantes, la primera parte del apócrifo Libro de Henoc, escrita hacia el siglo III a. C.: doscientos ángeles, guiados por un jefe llamado Shemihaza, bajan al monte Hermón, se unen a mujeres, enseñan a los hombres artes prohibidas, y de esas uniones nacen los gigantes, que llenan la tierra de violencia; el diluvio es la purificación del mundo. Esta lectura era común en el judaísmo de la época de Jesús: la siguen el historiador Flavio Josefo y Filón de Alejandría. El Nuevo Testamento parece aludir a ella cuando habla de los ángeles que no conservaron su dignidad (Jds 6) y de los que pecaron y fueron arrojados al abismo (2 Pe 2,4). Varios escritores cristianos de los primeros siglos, como san Justino, san Ireneo y Tertuliano, la aceptaron.

Pronto surgió otra lectura. Julio Africano, en el siglo III, y después san Juan Crisóstomo (Homilías sobre el Génesis, 22) y san Agustín (La ciudad de Dios XV,23) entendieron que «los hijos de Dios» eran los descendientes de Set, la línea que invocaba el nombre del Señor (4,26), y que «las hijas de los hombres» eran las descendientes de Caín. El pecado sería entonces la mezcla del pueblo fiel con la línea de la violencia, por puro atractivo físico. Agustín no se atrevía a decidir si algunos espíritus podían unirse a mujeres, pero no podía creer que los ángeles santos hubieran caído así, y observaba que el propio texto llama a esos «hijos de Dios» «hombres» y «carne» (6,3). Esta interpretación fue la más común en la Iglesia latina durante siglos. Los traductores judíos al arameo, por su parte, entendieron «los hijos de los grandes», es decir, nobles o reyes que tomaban las mujeres que querían.

Hoy muchos estudiosos ven aquí un fragmento de un relato mítico muy antiguo, parecido a los de otros pueblos que hablan de seres nacidos de dioses y mujeres, como los titanes y los héroes de los griegos. El autor bíblico no lo cuenta para satisfacer la curiosidad, sino que lo recoge y lo reduce a lo esencial: los límites entre lo divino y lo humano se rompen, la arrogancia crece, y Dios pone un límite. Los «héroes famosos» no aparecen como modelos, sino como parte del mundo corrompido que el diluvio va a borrar. Lo mismo ocurrirá con la torre de Babel (cap. 11): el hombre que quiere «hacerse un nombre» por encima de Dios.

La Iglesia no ha definido cuál de estas interpretaciones es la correcta, y el pasaje sigue siendo oscuro. Pero muestra algo importante sobre la Biblia: Dios ha querido hablar a través de autores humanos que usaban las tradiciones, las imágenes y los relatos de su cultura (Dei Verbum, n. 12-13). Lo que el texto enseña con claridad es lo que viene inmediatamente después: el mal crece en el corazón humano, a Dios le duele, y en medio de la corrupción hay un justo que encuentra gracia. La paciencia de Dios, dice san Pedro, esperaba en los días de Noé (1 Pe 3,20).

Pausa

Dos o tres preguntas, una oración breve y espacio para escribir.

  1. Noé obedeció cuando nadie entendía lo que hacía. ¿En qué te pide Dios hoy una fidelidad a contracorriente?
  2. «Noé halló gracia». ¿Dónde has experimentado tú la gracia de Dios cuando no la merecías?
Para orarSeñor, que yo también halle gracia a tus ojos, y que mi casa sea un arca donde se viva tu palabra.
Lo que escribes se guarda solo en este dispositivo. Guardado.Ver todo lo que escribí
Las 20 notas del capítulo
  1. 1ContextoGn 6,2

    «los hijos de Dios»

    Pasaje difícil, con tres lecturas antiguas: ángeles caídos, descendientes de Set o reyes poderosos (ver «Para profundizar» al final del capítulo). En cualquier caso, el sentido es claro: se rompen los límites puestos por Dios. Y el deseo se describe con los mismos verbos de 3,6: «vieron» que eran hermosas y «tomaron», como la mujer «vio» que el fruto era bueno y lo «tomó».

  2. 2ContextoGn 6,3

    «sus días serán ciento veinte años»

    Dos interpretaciones: un nuevo límite a la vida humana (Moisés morirá a los 120 años, Dt 34,7), o el plazo que Dios da a la humanidad para convertirse antes del diluvio. La tradición cristiana leyó lo segundo: «la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé» (1 Pe 3,20). «Carnal» traduce basar, «carne», que en la Biblia designa al ser humano en su fragilidad.

  3. 3PalabraGn 6,4

    «había gigantes sobre la tierra»

    El hebreo dice nefilim, palabra de significado incierto (quizá «caídos»). La traducción griega y la Vulgata pusieron «gigantes». En Nm 13,33 los exploradores de Israel dicen haber visto nefilim en Canaán, junto a los cuales se sentían como saltamontes. Los «valientes» son en hebreo gibborim, «héroes»: el texto no los admira, los pone en el cuadro de la corrupción.

  4. 4PalabraGn 6,5

    «todos los pensamientos de su corazón se dirigían al mal…»

    El hebreo habla del yétser, la «inclinación» o «tendencia» del corazón, de la misma raíz que el verbo «formar» con que Dios modeló al hombre (2,7). La tradición judía desarrolló a partir de aquí la idea de la «inclinación al mal» que hay en todo ser humano. La teología católica habla de la concupiscencia, que el Bautismo no suprime: no es pecado en sí misma, pero inclina al pecado y hay que combatirla (Catecismo, n. 405 y 1264).

  5. 5FeGn 6,6

    «le pesó de haber creado al hombre en la tierra»

    La Biblia habla de Dios con sentimientos humanos (antropomorfismos) para decir algo verdadero: el pecado no le es indiferente, le duele. Pero Dios no cambia de parecer como los hombres (Nm 23,19). Lo que ha cambiado es el hombre, que se ha apartado de Él.

  6. 6PalabraGn 6,6

    «penetrado su corazón de un íntimo dolor»

    El verbo hebreo tiene la misma raíz que el «dolor» del parto y las «fatigas» del trabajo en 3,16-17. Dios no es un juez impasible: el texto dice que el pecado le llega al corazón y lo hiere con el mismo dolor que el hombre sufre por causa del pecado. Es una de las expresiones más audaces del Antiguo Testamento sobre el amor herido de Dios (ver Os 11,8).

  7. 7PalabraGn 6,7

    «yo raeré»

    «Raer» es raspar una superficie para quitar lo que la cubre. El verbo hebreo, majá, significa «borrar», «limpiar frotando», como se friega un plato (2 Re 21,13). El diluvio se presenta como una limpieza de la tierra manchada por la violencia; en 7,23 se dirá con el mismo verbo que Dios «borró» a todos los vivientes.

  8. 8PalabraGn 6,8

    «Mas Noé halló gracia delante del Señor»

    Es la primera vez que aparece en la Biblia la palabra «gracia» (jen). En hebreo, Noé se escribe con las letras N-J y gracia con las mismas letras al revés, J-N: el nombre de Noé lleva escondida la gracia.

  9. 9PalabraGn 6,9

    «varón justo y perfecto en sus días»

    Aquí empieza otra sección marcada por la fórmula de las «generaciones» (ver nota a 2,4), que Torres Amat traduce «estos son los hijos que engendró Noé». «Perfecto» traduce tamim, «íntegro, sin doblez»; la misma palabra se usa para los animales sin defecto que se ofrecían a Dios. Ezequiel nombra a Noé junto a Daniel y Job como modelos de justicia (Ez 14,14).

  10. 10PalabraGn 6,9

    «y siguió a Dios»

    El hebreo dice «Noé caminó con Dios», la misma expresión que se usó para Henoc (5,22.24); solo de ellos dos se dice así. Torres Amat traduce en un caso «el proceder de Henoc fue según Dios» y aquí «siguió a Dios», pero el original es idéntico. Más tarde Dios pedirá a Abrahán: «camina en mi presencia y sé perfecto» (17,1).

  11. 11PalabraGn 6,11

    «colmada de iniquidad»

    El hebreo dice jamás, «violencia». Es el pecado que provoca el diluvio, y el texto lo repite (vv. 11 y 13): no se trata de faltas rituales, sino del abuso del fuerte sobre el débil, la cadena que empezó con Caín y Lamec. También se repite el verbo «corromperse» (shajat), que en el v. 13 se usa para la acción de Dios, «los exterminaré»: Dios deja que la corrupción causada por el hombre llegue hasta el final.

  12. 12PalabraGn 6,14

    «Haz para ti un arca»

    «Arca» significa «caja». La palabra hebrea tebá solo aparece en dos lugares de la Biblia: para el arca de Noé y para la cesta de juncos en que salvaron a Moisés niño en el Nilo (Éx 2,3), también untada con betún. En las dos, Dios salva a través de las aguas a quien abre una nueva etapa de la historia.

  13. 13PalabraGn 6,14

    «maderas bien acepilladas»

    El hebreo dice «madera de gofer», un árbol que no sabemos identificar (quizá el ciprés). San Jerónimo tradujo «maderas pulidas», y Torres Amat «acepilladas», es decir, trabajadas con el cepillo del carpintero. El arca de la salvación es obra de madera, y los Padres no dejaron de relacionarla con el madero de la cruz.

  14. 14PalabraGn 6,14

    «celditas»

    Diminutivo de «celda»: compartimentos. El hebreo dice literalmente «nidos» (qinnim): el arca está pensada como un gran nido donde se conserva la vida. Los Padres vieron en el arca, con lugar para toda clase de animales, una imagen de la Iglesia, que acoge a hombres de toda clase y condición.

  15. 15PalabraGn 6,14

    «las calafatearás con brea»

    «Calafatear» es tapar las junturas de una embarcación para que no entre el agua. «Brea» traduce kófer, de la misma raíz que kippur, «expiación» (Yom Kippur): la idea básica es «cubrir». En Mesopotamia se usaba de verdad el betún natural para impermeabilizar barcas.

  16. 16ContextoGn 6,15

    «trescientos codos»

    El codo medía unos 45 cm: el arca tendría unos 135 m de largo, 22 de ancho y 13 de alto, con una proporción de 6 a 1, parecida a la de muchos barcos. En la Epopeya de Gilgamesh (tablilla XI), el barco del héroe del diluvio, Utnapishtim, es un cubo perfecto de 120 codos por lado: una forma más simbólica que náutica.

  17. 17FeGn 6,16

    «pondrás la puerta del Arca en un costado»

    San Agustín observó que las proporciones del arca son las del cuerpo humano tendido, y vio en ella una figura de Cristo; la puerta abierta en el costado le recordaba la herida del costado de Cristo, por donde entran los que se salvan y de donde brotaron los sacramentos (La ciudad de Dios XV,26; ver Jn 19,34). Antes, Torres Amat explica con una glosa la forma del techo, inclinado para que «escupa el agua».

  18. 18FeGn 6,18

    «contigo yo estableceré mi alianza»

    Primera aparición en la Biblia de la palabra «alianza» (berit), que será el centro de toda la historia de la salvación: alianza con Noé, con Abrahán, con Moisés, con David, y la «nueva alianza» en la sangre de Cristo (Lc 22,20). Ver Catecismo, n. 56-58.

  19. 19ContextoGn 6,19

    «meterás dos en el arca»

    Aquí se piden dos animales de cada especie; en 7,2, siete parejas de los animales puros. Muchos estudiosos explican estas diferencias porque el relato reúne dos tradiciones antiguas, que el autor final unió sin borrar sus diferencias. Los animales puros que sobran son los que Noé ofrecerá en sacrificio (8,20).

  20. 20FeGn 6,22

    «Hizo, pues, Noé todo lo que Dios le había mandado»

    Noé no dice ni una sola palabra en toda la historia del diluvio: solo obedece. Su fe consiste en hacer durante años algo que los demás veían absurdo. Por eso la Carta a los Hebreos lo pone como modelo (Heb 11,7), y la Segunda de Pedro lo llama «pregonero de la justicia» (2 Pe 2,5).