Génesis 9: La alianza con Noé
Dios bendice de nuevo a la humanidad con las palabras que dijo a Adán y le entrega el mundo con una novedad: el permiso de comer carne, con el límite sagrado de la sangre y la prohibición absoluta de matar al hombre, imagen de Dios. Después sella con Noé, con su descendencia y con todos los seres vivos una alianza universal y sin condiciones, cuya señal es el arco iris. El capítulo termina con un episodio incómodo, que la Biblia no esconde: la embriaguez de Noé, la falta de respeto de su hijo Cam y una maldición que durante siglos se leyó muy mal.
La bendición de Noé
1Después bendijo Dios a Noé y a sus hijos. Y les dijo: Creced y multiplicaos, y poblad la tierra1. 2Que teman y tiemblen ante vosotros todos los animales2 de la tierra, y todas las aves del cielo, y todo cuanto se mueve sobre la tierra; todos los peces del mar están sujetos a vuestro poder. 3Y todo lo que tiene movimiento y vida, os servirá de alimento3; todas estas cosas os las entrego así como las legumbres y hierbas. 4Excepto que no habéis de comer la carne con sangre4. 5Porque yo tomaré venganza de vuestra sangre sobre cualquiera de las bestias que la derrame, y la muerte de un hombre, la vengaré con el hombre, en el hombre hermano suyo5. 6Derramada será la sangre de cualquiera que derrame sangre humana6; porque a imagen de Dios fue creado el hombre7. 7Vosotros, pues, creced y multiplicaos, dilataos sobre la tierra y pobladla.
La alianza y el arco iris
8Dijo también Dios a Noé, y a sus hijos igualmente que a él: 9Sabed que voy a establecer mi pacto con vosotros8 y con vuestra descendencia después de vosotros; 10y con todo animal viviente9 que está con vosotros, tanto de aves como de animales domésticos y campestres de la tierra que han salido del Arca, y con todas las bestias de la tierra. 11Estableceré mi pacto con vosotros, y no perecerá ya más toda carne con aguas de diluvio, ni habrá en lo venidero diluvio que destruya la tierra.
12Y dijo Dios: Esta es la señal de la alianza que establezco por generaciones perpetuas o para siempre entre mí y vosotros, y con todo animal viviente que mora con vosotros. 13Pondré mi arco que coloqué en las nubes10, y será señal de la alianza entre mí y la tierra. 14Y cuando yo cubriere el cielo de nubes, aparecerá mi arco en ellas. 15Y me acordaré de mi alianza11 con vosotros, y con toda alma viviente que vivifica la carne; y ya no habrá más aguas de diluvio que destruyan todos los vivientes. 16Mi arco, pues, estará en las nubes, y viéndole, me acordaré de la alianza sempiterna12, concertada entre Dios y toda alma viviente, de toda carne que habita sobre la tierra. 17Y repitió Dios a Noé: Esta es la señal de la alianza que tengo establecida entre mí y todo viviente sobre la tierra.
Noé y sus hijos
18Eran, pues, los hijos de Noé, que salieron del Arca, Sem, Cam y Jafet; este mismo Cam es el padre de Canaán. 19Dichos tres son los hijos de Noé, y de ésos se propagó todo el género humano sobre la tierra.
20Y Noé, que era labrador13, comenzó a labrar la tierra, y plantó una viña14. 21Y bebiendo de su vino, quedó embriagado15 y se echó desnudo en medio de su tienda. 22Lo cual como hubiese visto Cam, padre de Canaán, esto es, la desnudez vergonzosa de su padre, salió afuera a contárselo a sus hermanos16. 23Pero Sem y Jafet, echándose una capa o manta sobre sus hombros, y caminando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre17 teniendo vueltos sus rostros; y así no vieron las vergüenzas del padre.
24Luego que despertó Noé de la embriaguez, sabido lo que había hecho con él su hijo menor18, 25dijo: Maldito sea Canaán19, esclavo será de los esclavos de sus hermanos. 26Y añadió: Bendito el Señor Dios de Sem20, sea Canaán esclavo suyo. 27Dilate Dios a Jafet, y habite en las tiendas de Sem21, y sea Canaán su esclavo.
28En fin, Noé vivió después del diluvio trescientos cincuenta años. 29Y así todos los días que vivió fueron novecientos cincuenta años22, y murió.
El diluvio en Gilgamesh y en el Génesis
| Gilgamesh, tablilla XI | Génesis 6–9 | |
|---|---|---|
| Héroe | Utnapishtim, hombre de Shuruppak | Noé, hombre justo (6,9) |
| Por qué | Decisión de los dioses (en Atrahasis, por el ruido de los hombres) | La violencia y la corrupción humanas (6,11-13) |
| Aviso | El dios Ea, a escondidas de los demás dioses | Dios mismo, que decide salvar (6,13-21) |
| Barco | Un cubo de 120 codos por lado, siete pisos, calafateado con betún | Un arca de 300 × 50 × 30 codos, tres pisos, con betún (6,14-16) |
| Duración | Seis días y siete noches de tormenta | Cuarenta días de lluvia; un año de aguas (7,12; 8,14) |
| Se posa | En el monte Nimush | En los montes de Ararat (8,4) |
| Aves | Paloma, golondrina y cuervo | Cuervo y tres veces la paloma (8,6-12) |
| Sacrificio | Los dioses acuden «como moscas» al olor | Dios acoge el «olor de suavidad» (8,20-21) |
| Recuerdo | La diosa madre jura por su collar de lapislázuli no olvidar esos días | El arco iris, señal de la alianza (9,13-16) |
| Final | Utnapishtim y su mujer reciben la inmortalidad | Dios bendice y hace alianza con todos los vivientes (9,1-17) |
La tablilla XI, del siglo VII a. C., procede de la biblioteca de Asurbanipal en Nínive y está en el Museo Británico; George Smith la dio a conocer en 1872. Las diferencias muestran lo propio de Israel: un solo Dios, justo y fiel, cuya última palabra es una alianza.
El diluvio: Mesopotamia, ciencia y fe
El 3 de diciembre de 1872, un joven estudioso del Museo Británico, George Smith, presentó en Londres una tablilla de arcilla procedente de la biblioteca del rey asirio Asurbanipal, en Nínive. Era la undécima tablilla de la Epopeya de Gilgamesh, y contaba un diluvio asombrosamente parecido al de Noé: un dios avisa a un hombre, Utnapishtim, que construye un gran barco, lo calafatea con betún, embarca a su familia y a los animales, sobrevive a la tormenta, se posa en un monte, suelta aves y ofrece un sacrificio. La noticia causó sensación. Después aparecieron relatos todavía más antiguos: el poema de Atrahasis, copiado en el siglo XVII a. C., y una versión sumeria cuyo héroe se llama Ziusudra. Hoy nadie duda de que el Génesis conoce esta tradición de Mesopotamia.
Las diferencias son tan importantes como los parecidos. En Atrahasis, los dioses deciden exterminar a los hombres porque su ruido no los deja dormir; en Gilgamesh, la decisión de la asamblea divina parece un capricho del que los propios dioses se arrepienten, y después del diluvio, hambrientos, se agolpan «como moscas» en torno al sacrificio. En el Génesis hay un solo Dios, que juzga la violencia y la corrupción humanas (6,11-13), que salva a un justo por fidelidad y que termina sellando una alianza con toda la humanidad. El autor bíblico toma un relato que todos conocían y lo convierte en una enseñanza sobre el pecado, el juicio y la misericordia. Ver el cuadro de comparación al final del capítulo.
¿Hubo un diluvio universal? La geología no ha encontrado huellas de una inundación que cubriera toda la tierra y sus montañas en la época de la humanidad, y las cifras del relato, como las aguas quince codos por encima de las cumbres (7,20), no pueden leerse como datos científicos. En 1929, el arqueólogo Leonard Woolley creyó haber encontrado en Ur la capa de barro del diluvio de Noé, pero luego se vio que se trataba de una inundación local, que no aparece en otras partes de la ciudad. Mesopotamia, una llanura entre dos ríos, conoció muchas crecidas catastróficas, y es probable que el recuerdo de alguna de ellas esté en el origen de estas tradiciones; se han propuesto también otras hipótesis, como una gran inundación del mar Negro hacia el 5600 a. C., sin acuerdo entre los estudiosos.
La Iglesia no pide leer este capítulo como una crónica científica. El concilio Vaticano II recuerda que, para entender lo que Dios quiso decir, hay que atender a los géneros literarios y a los modos de narrar de cada época (Dei Verbum, n. 12). El diluvio enseña verdades que no dependen de la geología: que el mal destruye el mundo que Dios hizo bueno, que Dios no es indiferente ante la violencia, que salva por medio de un justo y que su última palabra no es la destrucción, sino la alianza. El Catecismo ve en la alianza con Noé el comienzo de la relación de Dios con todas las naciones, que sigue en vigor «mientras dura el tiempo de las naciones» (n. 56-58).
Los cristianos leyeron muy pronto el diluvio a la luz de Cristo. La Primera Carta de Pedro dice que en el arca unos pocos, ocho personas, se salvaron por medio del agua, y que aquello era figura del Bautismo que ahora nos salva (1 Pe 3,20-21). San Justino vio en las ocho personas un anuncio del octavo día, el de la resurrección, y en la madera del arca, la de la cruz (Diálogo con Trifón, 138). San Cipriano usó la imagen del arca para hablar de la Iglesia: como nadie se salvó fuera del arca, nadie se salva fuera de la Iglesia (La unidad de la Iglesia, 6). El Catecismo recoge esta imagen (n. 845) y explica en qué sentido ha de entenderse esa afirmación (n. 846-848). San Agustín llegó a ver en las medidas del arca las proporciones de un cuerpo humano, figura del cuerpo de Cristo (La ciudad de Dios XV,26).
Esta lectura sigue viva en la liturgia. En la Vigilia Pascual, la bendición del agua bautismal recuerda que Dios ya prefiguró en las aguas del diluvio el nacimiento de una humanidad nueva, y el Catecismo explica la paloma de Noé como signo del Espíritu Santo que desciende sobre Cristo en el Jordán (n. 701; sobre el arca, n. 1219). El diluvio no es solo un recuerdo del pasado: cada Bautismo es una salida del arca a una tierra nueva.
Dos o tres preguntas, una oración breve y espacio para escribir.
- Al ver el próximo arco iris, recuerda una promesa de Dios que se ha cumplido en tu vida. ¿Cuál sería?
- Sem y Jafet cubrieron la falta de su padre en lugar de exhibirla. ¿Cómo hablas tú de los errores de los demás?
Las 22 notas del capítulo
- 1ConexiónGn 9,1
«Creced y multiplicaos, y poblad la tierra»
Se repite casi a la letra la bendición de 1,28: Noé es como un nuevo Adán, padre de toda la humanidad posterior, y la historia vuelve a empezar. Pero algo ha cambiado: ya no se habla de un dominio pacífico sobre los animales, sino de un temor que se instala entre el hombre y ellos (v. 2). La creación sigue siendo buena, aunque está herida por el pecado.
- 2ConexiónGn 9,2
«Que teman y tiemblen ante vosotros todos los animales»
La armonía del Edén se ha roto: entre el hombre y los animales hay ahora miedo y violencia. Los profetas soñarán con la vuelta de aquella paz en los tiempos del Mesías, cuando el lobo habite con el cordero y el leopardo se eche con el cabrito (Is 11,6-9). San Marcos dice que Jesús, en el desierto, «estaba con las fieras» (Mc 1,13), quizá como un signo de esa paz recuperada.
- 3ContextoGn 9,3
«os servirá de alimento»
Por primera vez se permite comer carne (ver la nota a 1,29). Antes del diluvio, el texto imaginaba una humanidad que se alimentaba de plantas; ahora Dios hace una concesión a un mundo donde ya hay violencia, y le pone un límite: la sangre. La Biblia no presenta como un mal comer carne, pero sí como algo que exige respeto por la vida, que pertenece a Dios.
- 4ContextoGn 9,4
«no habéis de comer la carne con sangre»
Para Israel, la sangre es la vida (Lv 17,11), y la vida pertenece a Dios. De aquí vienen las normas judías para preparar la carne. Los apóstoles pidieron a los cristianos venidos del paganismo que se abstuvieran de sangre (Hch 15,20.29), para facilitar la convivencia con los judíos. El Concilio de Florencia (1442) explicó que esa norma respondía a las circunstancias de entonces y ya no obliga.
- 5FeGn 9,5
«la vengaré con el hombre, en el hombre hermano suyo»
El hebreo dice «reclamaré» (darash): Dios pedirá cuentas de toda sangre derramada, como pidió cuentas a Caín de la sangre de Abel (4,9-10). Y el texto insiste en que cada hombre es «hermano» del otro. Después del diluvio, toda la humanidad es una sola familia, la de Noé: matar a alguien es siempre matar a un hermano.
- 6PalabraGn 9,6
«Derramada será la sangre de cualquiera que derrame…»
En hebreo la frase es un pequeño poema en espejo de seis palabras: shofej dam ha-adam, ba-adam damo yishafej, «el que derrama la sangre del hombre, por el hombre su sangre será derramada». Es probablemente una de las sentencias legales más antiguas de la Biblia. La sangre derramada pide sangre, y solo Dios romperá esa cadena: la sangre de Cristo «habla mejor que la de Abel» (Heb 12,24).
- 7FeGn 9,6
«porque a imagen de Dios fue creado el hombre»
La vida humana es sagrada porque cada persona es imagen de Dios (1,27): atentar contra ella es atentar contra Dios. El Catecismo cita este pasaje al explicar el quinto mandamiento (n. 2260). Las leyes antiguas lo aplicaban como fundamento de la pena de muerte; hoy la Iglesia, llevando hasta el fondo esa misma dignidad, enseña que la pena de muerte es inadmisible (Catecismo, n. 2267, en su redacción de 2018).
- 8FeGn 9,9
«voy a establecer mi pacto con vosotros»
Esta alianza es universal: no se hace con un pueblo, sino con toda la humanidad y con todos los seres vivos. El judaísmo deriva de ella los «siete preceptos de los hijos de Noé», válidos para todos los pueblos. Para la Iglesia, la alianza con Noé sigue vigente mientras dura el tiempo de las naciones, hasta la proclamación universal del Evangelio (Catecismo, n. 58).
- 9FeGn 9,10
«y con todo animal viviente»
La alianza no incluye solo a los hombres: Dios se compromete también con los animales, «aves, ganado y fieras». El profeta Oseas anuncia una alianza con las bestias del campo y las aves del cielo (Os 2,20), y san Pablo dice que toda la creación espera, gimiendo, la liberación de los hijos de Dios (Rom 8,19-22). La fe bíblica no separa la salvación del hombre del destino del mundo creado.
- 10PalabraGn 9,13
«Pondré mi arco que coloqué en las nubes»
En hebreo qéshet es el arco de guerra. Dios «cuelga» su arma en el cielo, apuntando hacia arriba y no hacia la tierra: una señal de paz. El arco iris rodea también el trono de Dios en las visiones de Ezequiel (Ez 1,28) y del Apocalipsis (Ap 4,3).
- 11FeGn 9,15
«me acordaré de mi alianza»
La señal no es tanto para el hombre como para Dios: es Él quien se compromete a recordar. La fidelidad de Dios no depende de que el hombre sea bueno (ver 8,21). En el relato babilonio de Gilgamesh, una diosa jura por su collar de lapislázuli no olvidar los días del diluvio; en el Génesis, el único Dios cuelga en el cielo una señal de su propia fidelidad.
- 12PalabraGn 9,16
«la alianza sempiterna»
En hebreo, berit olam, «alianza eterna»: es la primera vez que aparece esta expresión, que volverá en la alianza con Abrahán (17,7), en la alianza con David (2 Sam 23,5) y en la promesa de la nueva alianza (Jr 32,40). La Carta a los Hebreos llamará a la sangre de Cristo «sangre de una alianza eterna» (Heb 13,20).
- 13PalabraGn 9,20
«Noé, que era labrador»
El hebreo dice «hombre de la tierra» (ish ha-adamá): Noé vuelve al oficio de Adán, formado de la tierra para cultivarla (2,7.15). Su padre le había puesto el nombre esperando que lo consolara de la fatiga del campo (5,29), y la viña, cuyo vino alegra el corazón, es el primer fruto de ese consuelo.
- 14ContextoGn 9,20
«plantó una viña»
Noé es el primer viñador de la Biblia. Curiosamente, los restos más antiguos de elaboración de vino que conoce la arqueología, de hacia el 6000 a. C., están en Georgia, en el Cáucaso, no lejos de los montes de Ararat.
- 15ContextoGn 9,21
«quedó embriagado»
La Biblia no idealiza a sus héroes: el justo Noé también tiene debilidades. El vino es un don de Dios que «alegra el corazón del hombre» (Sal 104,15), pero su abuso degrada. Jesús convertirá el agua en vino en Caná, y el vino en su Sangre en la Última Cena.
- 16ContextoGn 9,22
«salió afuera a contárselo a sus hermanos»
La falta de Cam es exhibir la vergüenza de su padre en lugar de cubrirla: una ofensa grave contra el honor debido a los padres. Sem y Jafet, en cambio, lo cubren caminando hacia atrás, sin mirarlo. La tradición ha leído su gesto como modelo de caridad ante las faltas ajenas.
- 17FeGn 9,23
«caminando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre»
San Agustín leyó esta escena como figura de la pasión: la desnudez de Noé, embriagado con el fruto de su propia viña, anuncia la de Cristo en la cruz; Cam, el hijo de en medio, que divulga la vergüenza del padre, representa a los herejes, y Sem y Jafet, que la cubren con respeto, a los creyentes venidos del judaísmo y de la gentilidad (La ciudad de Dios XVI,2). Sea cual sea la interpretación, el gesto de los dos hermanos es una lección de delicadeza: cubrir, no exhibir.
- 18ContextoGn 9,24
«su hijo menor»
Cam aparece siempre en segundo lugar en la lista «Sem, Cam y Jafet», pero aquí se le llama «hijo menor». Por eso algunos estudiosos piensan que el relato original hablaba de Canaán, el hijo menor de Cam, sobre quien recae la maldición (v. 25). En todo caso, el texto quiere explicar la historia posterior entre Israel y los cananeos, no la de las razas humanas.
- 19ContextoGn 9,25
«Maldito sea Canaán»
La maldición recae sobre Canaán, no sobre Cam, y refleja la relación posterior entre Israel y los cananeos. Durante siglos este pasaje se usó para justificar la esclavitud de los africanos: es un abuso del texto, que no habla de razas ni de color de piel. El papa Gregorio XVI condenó la trata de esclavos en 1839 (In supremo apostolatus).
- 20FeGn 9,26
«Bendito el Señor Dios de Sem»
Noé no bendice a Sem, sino al Señor, el Dios de Sem: la mayor bendición de Sem es tener al Señor por Dios. Es la primera vez que la Biblia habla del «Dios de» alguien, una expresión que culminará en «el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob» (Éx 3,6). De la línea de Sem saldrá Abrahán (11,10-26).
- 21FeGn 9,27
«Dilate Dios a Jafet, y habite en las tiendas de Sem»
Juego de palabras: «dilate» (yaft) suena como Jafet (Yéfet). Los Padres leyeron aquí una profecía: los pueblos paganos, descendientes de Jafet, vendrían a habitar en las tiendas de Sem, es decir, entrarían en la Iglesia junto con Israel.
- 22ContextoGn 9,29
«novecientos cincuenta años»
Si se siguen las cifras del texto hasta Gn 11, Noé todavía vivía cuando nació Abrahán: sus vidas coinciden durante 58 años. Las genealogías unen así el mundo anterior al diluvio con la historia de los patriarcas.