Génesis 37: José vendido por sus hermanos
Comienza la última gran historia del Génesis, la de José, contada como una novela en catorce capítulos (ver «Para profundizar» al final). Este primer capítulo tiene dos partes: los sueños, que provocan la envidia de los hermanos (vv. 1-11), y la venta en los pastos de Dotán (vv. 12-36). Un padre que prefiere a un hijo, una túnica que despierta celos, una cisterna seca y una túnica manchada de sangre. Dios no aparece en todo el capítulo, ni habla, ni se le nombra; pero el lector descubrirá al final que lo guiaba todo desde lejos (45,8; 50,20).
Los sueños de José
1Pero Jacob habitó en el país de Canaán1, donde su padre había vivido como extranjero. 2Y he aquí lo que pasó en su familia: José todavía muchacho, siendo de dieciséis años2, apacentaba el ganado con sus hermanos; y estaba con los hijos de Bala y de Zelfa, mujeres de su padre; y acusó a sus hermanos ante el padre de un delito enorme3. 3Amaba Israel a José más que a todos sus hijos, por haberle engendrado en la vejez, y le hizo una túnica bordada de varios colores4. 4Al ver, pues, sus hermanos que el padre le amaba más que a todos sus hijos, le odiaban, y no podían hablarle sin agrura5.
5Tras esto sucedió que habiendo tenido un sueño6, se lo contó a sus hermanos; lo que fue incentivo de mayor odio, 6porque les dijo: Oíd lo que he soñado. 7Parecíame que estábamos atando gavillas en el campo, y como que mi gavilla se alzaba, y se tenía derecha, y que vuestras gavillas, puestas alrededor adoraban la mía. 8Respondieron sus hermanos: Pues qué, ¿has de ser tú nuestro rey?7, ¿o hemos de estar sujetos nosotros a tu dominio? Así, pues, la materia de estos sueños y coloquios, fue fomento de la envidia y del odio.
9Vio también otro sueño, que refirió a sus hermanos, diciendo: He visto entre sueños, cómo el sol y la luna, y once estrellas me adoraban8. 10Y habiéndolo contado a su padre y a sus hermanos, su padre le respondió, diciendo: ¿Qué quiere decir ese sueño que has visto?; ¿por ventura yo y tu madre y tus hermanos postrados por tierra te habremos de adorar? 11De aquí que sus hermanos le miraban con envidia; mas el padre consideraba en silencio estas cosas9.
La venta de José
12Y como sus hermanos estuviesen en el territorio de Siquem apacentando los rebaños de su padre, 13le dijo Israel: Tus hermanos guardan las ovejas en los pastos de Siquem; ven, que quiero enviarte a ellos10. Y respondiendo él: 14Pronto estoy. Jacob le añadió: Anda, ve y averigua si tus hermanos lo pasan bien, y si están en buen estado los ganados, y tráeme razón de lo que pasa. Despachado, pues, del valle de Hebrón, llegó a Siquem. 15Y habiéndole encontrado errante por los campos un hombre11, le preguntó qué buscaba. 16A lo que respondió José: Ando en busca de mis hermanos, muéstrame dónde pastan los ganados. 17Le dijo aquel hombre: Se apartaron de este lugar, y les oí decir: Pasemos a Dotaín. Con esto se marchó José en busca de sus hermanos, y los halló en Dotaín12.
18Los cuales luego que le vieron a lo lejos, antes que se acercase a ellos, trataron de matarle. 19Y se decían unos a otros: Aquí viene el soñador13. 20Ea, pues, matémosle, y echémosle en una cisterna vieja14; diremos que una bestia feroz lo devoró; y entonces se verá qué le aprovechan sus sueños. 21Oyendo esto Rubén15, se esforzaba en librarle de sus manos, y decía: 22No le quitéis la vida, ni derraméis su sangre, sino echadle en aquella cisterna seca que está en el desierto, y no manchéis vuestras manos; lo que decía con el fin de librarle de ellos y restituirle a su padre.
23Apenas, pues, hubo llegado José a sus hermanos, le desnudaron de la túnica talar y de varios colores16. 24Y le metieron en una cisterna vieja que no tenía agua. 25Y sentados a comer, vieron venir de Galaad una caravana de ismaelitas17, con sus camellos cargados de aromas y bálsamos, y mirra destilada, que iban con dirección a Egipto. 26Entonces dijo Judá a sus hermanos18: ¿Qué ganaremos con quitar la vida a nuestro hermano, y ocultar su muerte? 27Mejor es venderle a los ismaelitas, y no manchar nuestras manos; porque al fin, hermano nuestro es, y de nuestra misma carne. Asintieron los hermanos a sus razones. 28Y mientras pasaban unos negociantes madianitas, sacándole de la cisterna, le vendieron a aquellos ismaelitas, por veinte siclos de plata19; quienes le condujeron a Egipto.
29Vuelto Rubén a la cisterna, no halló al muchacho; 30y rasgándose los vestidos, fue luego a sus hermanos, diciendo: El chico no aparece, ¿y a dónde iré yo ahora?
31Tomaron después ellos la túnica de José y la tiñeron en la sangre de un cabrito20 que habían matado; 32enviándola a su padre, y haciéndole decir por los portadores: Esta túnica hemos hallado; mira si es o no la túnica de tu hijo21. 33El padre, habiéndola reconocido, dijo: La túnica de mi hijo es, una bestia feroz se le ha comido; una fiera ha devorado a José. 34Y rasgándose los vestidos, se vistió de cilicio22, llorando por mucho tiempo a su hijo. 35Y juntándose todos los demás hijos para aliviar el dolor del padre, no quiso admitir consuelo ninguno, sino que decía: Descenderé deshecho en lágrimas a encontrar y unirme con mi hijo en el sepulcro23. Y perseveró en el llanto. 36Entretanto los madianitas vendieron a José en Egipto a Putifar, eunuco o valido del faraón24, y capitán de sus guardias.
La historia de José: una novela sapiencial
Desde el capítulo 37 hasta el final, el Génesis cambia de ritmo. En lugar de episodios breves y apariciones de Dios, encontramos una narración larga y bien trabada, con suspense, escenas paralelas y personajes que evolucionan: un muchacho mimado que madura en la desgracia, unos hermanos que pasan de la envidia al arrepentimiento, un padre que pasa del luto a la bendición. Por eso se habla de la «novela de José». Los estudiosos discuten cómo se formó, porque hay pequeñas duplicaciones, como los ismaelitas y los madianitas de 37,25-36 o el dinero hallado en la posada y luego en casa (42,27-35); pero casi todos reconocen en ella una obra de gran unidad literaria.
Su tono es sapiencial. En 1953 el biblista alemán Gerhard von Rad propuso leerla junto a los libros de la sabiduría, y muchos le han seguido: José encarna el ideal del sabio de los Proverbios. Es casto y huye de la «mujer extraña» que seduce (Prov 5–7; Gn 39); sabe callar y esperar; domina sus emociones y llora a solas (43,31; 45,1); habla a su tiempo; administra con previsión (41,33-36); teme a Dios (42,18) y perdona. No es un héroe de grandes milagros, sino un hombre íntegro en circunstancias adversas. En él se reconocen las virtudes que la Iglesia llama cardinales: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza (Catecismo, n. 1805).
Dios actúa aquí de otro modo. A José no se le aparece: no hay zarzas ardiendo ni escalas hasta el cielo. Dios habla por medio de sueños, cuyo sentido José atribuye siempre a Él (40,8; 41,16), y sobre todo por medio de los acontecimientos, incluso de los pecados de los hombres. El narrador lo dice pocas veces, «el Señor estaba con José» (39,2-3.21-23), y el propio José lo descubre al final: «no he sido enviado acá por designio vuestro, sino por voluntad de Dios» (45,8); «vosotros pensasteis hacerme un mal; pero Dios lo convirtió en bien» (50,20). Es la manera en que Dios actúa casi siempre en nuestra vida: escondido en la trama de los días (ver «Para profundizar» en el capítulo 50).
¿Cuándo ocurrió? El relato tiene un colorido egipcio auténtico: títulos de la corte, sueños, embalsamamiento, nombres egipcios (ver el cuadro «Egipto en la historia de José», en el capítulo 41). Algunos han situado a José en la época de los hicsos, en los siglos XVII y XVI antes de Cristo, cuando gobernantes de origen asiático dominaban el delta desde su capital, Ávaris, la actual Tell el-Daba. Ya el historiador judío Flavio Josefo, en el siglo I, identificó a los antepasados de Israel con los hicsos, siguiendo al sacerdote egipcio Manetón (Contra Apión I,14). Pero otros detalles, como la forma de algunos nombres o las caravanas de camellos, encajan mejor con el primer milenio. Muchos estudiosos piensan que la historia conserva recuerdos antiguos de grupos semitas en Egipto, contados y enriquecidos durante siglos. La fe no depende de fechar a José: la Escritura enseña con verdad lo que Dios quiso comunicar para nuestra salvación (Dei Verbum, n. 11).
La historia de José es, además, un puente. Explica cómo llegó Israel a Egipto, y prepara así el gran relato de la liberación en el Éxodo. Termina con una promesa, «os visitará Dios, y os sacará de esta tierra» (50,24), y con un ataúd que espera ser llevado de vuelta (50,25-26; Éx 13,19). Y cierra un tema que recorre todo el Génesis: la fraternidad rota. Lo que empezó con Caín y Abel (cap. 4) y siguió con Ismael e Isaac, Esaú y Jacob, termina aquí con hermanos que se reconcilian. La primera historia de hermanos del Génesis fue un asesinato; la última, un perdón.
Dos o tres preguntas, una oración breve y espacio para escribir.
- Jacob tenía un hijo preferido, y eso alimentó la envidia. ¿Hay preferencias en tu casa o en tu trabajo que dividen?
- Los hermanos se sentaron a comer mientras José gritaba. ¿Qué gritos a tu alrededor estás dejando de oír?
- Rubén quiso salvar a José, pero sin enfrentarse a nadie. ¿Dónde te pide Dios una valentía que todavía no tienes?
Las 24 notas del capítulo
- 1ContextoGn 37,1
«Pero Jacob habitó en el país de Canaán»
En la sinagoga, la lectura semanal de la Torá llamada Vayéshev, «Y habitó», empieza aquí y llega hasta el final del capítulo 40. Jacob «habita» donde su padre había vivido como forastero: la familia se asienta, pero la tierra todavía no es suya. El versículo siguiente abre «la historia de Jacob», que en realidad será sobre todo la de su hijo José.
- 2ContextoGn 37,2
«siendo de dieciséis años»
La Vulgata dice dieciséis años; el hebreo, diecisiete. Con la cifra hebrea, José vive diecisiete años con su padre antes de ser vendido, y Jacob vivirá diecisiete años con José en Egipto antes de morir (47,28): una simetría que enmarca toda la historia.
- 3PalabraGn 37,2
«acusó a sus hermanos ante el padre de un delito enorme»
La Vulgata dice «un crimen gravísimo». El hebreo es más sencillo: José «llevaba a su padre malas noticias de ellos». El muchacho no sale muy bien parado al principio: es el preferido, un poco chismoso y algo ingenuo. Su santidad no es un punto de partida, sino el fruto de un largo camino.
- 4PalabraGn 37,3
«le hizo una túnica bordada de varios colores»
El hebreo, ketónet passim, quizá significa «túnica de mangas largas» o «hasta los tobillos»: una prenda de lujo, impropia para el trabajo, como la que vestían las princesas (2 Sam 13,18). La traducción griega y la Vulgata la imaginaron de colores. Jacob repite el error de sus padres, que tenían cada uno su preferido (25,28).
- 5PalabraGn 37,4
«no podían hablarle sin agrura»
«Agrura» es aspereza. El hebreo dice que no podían hablarle «en paz» (shalom): ni siquiera podían saludarlo. Al final de la historia, después del perdón, los hermanos podrán por fin «conversar con él» (45,15).
- 6ContextoGn 37,5
«habiendo tenido un sueño»
En la historia de José los sueños llegan siempre de dos en dos: los de José (37,5-11), los del copero y el panadero (cap. 40) y los del faraón (cap. 41). Dios no se aparece a José como a sus padres; habla por medio de sueños y de acontecimientos. El primero es un sueño de gavillas, extraño en una familia de pastores: anuncia el trigo de Egipto y a los hermanos que vendrán a postrarse ante él para comprarlo (42,6).
- 7PalabraGn 37,8
«¿has de ser tú nuestro rey?»
El hebreo usa un verbo repetido, con ironía: «¿reinar, reinarás sobre nosotros?». Los hermanos se burlan, y sin saberlo dicen una verdad a medias: José gobernará, pero la realeza en Israel no saldrá de él, sino de Judá, el hermano que propondrá venderlo (49,10).
- 8ConexiónGn 37,9
«el sol y la luna, y once estrellas me adoraban»
El sol y la luna son el padre y la madre; las once estrellas, los hermanos. Pero Raquel ya ha muerto (35,19): o la «madre» es Lía, o el sueño es simbólico. El Apocalipsis retoma la imagen en la mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas (Ap 12,1), que la Iglesia lee del pueblo de Dios y de María.
- 9ConexiónGn 37,11
«el padre consideraba en silencio estas cosas»
Jacob reprende a José, pero guarda el sueño en su memoria. San Lucas dice de María, ante los misterios de su Hijo, que «conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2,19.51).
- 10ConexiónGn 37,13
«quiero enviarte a ellos»
El padre envía al hijo amado a buscar a sus hermanos, y ellos traman matarlo. Los Padres vieron aquí una figura de Cristo, enviado por el Padre a los suyos, que no lo recibieron (Jn 1,11); san Ambrosio desarrolló esta lectura en su tratado Sobre José. Jesús mismo cuenta una parábola parecida: el dueño de la viña envía a su hijo pensando «tendrán respeto a mi hijo», y los viñadores lo matan (Mt 21,37-39). José obedece sin saber que no volverá a ver a su padre en más de veinte años.
- 11ContextoGn 37,15
«errante por los campos un hombre»
Un desconocido sin nombre orienta a José hacia Dotán, y sin él la historia no habría seguido adelante. Rashi, el gran comentarista judío del siglo XI, recogiendo una tradición antigua, dice que aquel hombre era el ángel Gabriel. El texto no lo dice, pero sugiere algo verdadero: la providencia actúa a menudo por medio de encuentros que parecen casuales.
- 12ContextoGn 37,17
«los halló en Dotaín»
Dotán es Tell Dotán, unos 20 km al norte de Siquem, excavado entre 1953 y 1964; estaba habitado en la Edad del Bronce y se encontraba en la ruta de las caravanas que bajaban de Galaad hacia la costa y Egipto. José ha recorrido más de cien kilómetros desde Hebrón buscando a sus hermanos. Siglos después, el profeta Eliseo estará en Dotán cuando lo rodee el ejército sirio (2 Re 6,13).
- 13PalabraGn 37,19
«Aquí viene el soñador»
Literalmente: «aquí viene el señor de los sueños» (baal ha-jalomot). Es una burla, y sin saberlo dicen la verdad: los sueños de José gobernarán toda la historia. Los hermanos creen que matando al soñador matarán los sueños (v. 20).
- 14ContextoGn 37,20
«echémosle en una cisterna vieja»
Las cisternas eran depósitos excavados en la roca para recoger el agua de lluvia, con forma de botella: estrechas arriba y anchas abajo, de modo que no se podía salir sin ayuda. El profeta Jeremías será arrojado a una cisterna llena de barro (Jr 38,6).
- 15ContextoGn 37,21
«Oyendo esto Rubén»
Rubén, el primogénito, se siente responsable e intenta salvar a José con una solución a medias: echarlo vivo en la cisterna y rescatarlo después (v. 22). Pero no se enfrenta a sus hermanos, y cuando vuelve ya es tarde (vv. 29-30). Las buenas intenciones sin valentía no bastan para impedir el mal.
- 16ConexiónGn 37,23
«le desnudaron de la túnica talar y de varios colores»
Lo primero que hacen los hermanos es arrancarle la túnica, signo del amor del padre. A Jesús también lo despojarán de sus vestiduras, y los soldados echarán a suertes su túnica (Jn 19,23-24). Mientras José grita desde la cisterna (42,21), los hermanos se sientan a comer (v. 25).
- 17ContextoGn 37,25
«una caravana de ismaelitas»
Llevan a Egipto tres productos de lujo que el hebreo nombra con precisión: tragacanto (nekot), bálsamo (tsori) y ládano (lot), resinas aromáticas que se usaban en medicina, en perfumería y para embalsamar. El bálsamo de Galaad era proverbial (Jr 8,22). Las caravanas de camellos dedicadas al comercio de aromas florecieron sobre todo en el primer milenio antes de Cristo (ver nota a 24,10).
- 18ConexiónGn 37,26
«Entonces dijo Judá a sus hermanos»
Judá propone vender a su hermano para no mancharse las manos. Los Padres notaron que siglos después Judas, cuyo nombre es la forma griega de Judá, venderá a Jesús por treinta monedas de plata (Mt 26,15). Pero la historia de Judá no termina aquí (ver 38,26 y 44,33).
- 19ContextoGn 37,28
«por veinte siclos de plata»
Según algunos estudiosos, veinte siclos era el precio corriente de un esclavo joven a comienzos del segundo milenio antes de Cristo, y la Ley fijará ese valor para un muchacho de entre cinco y veinte años (Lv 27,5). El texto mezcla madianitas e ismaelitas: quizá se unieron dos versiones del relato, o se usan los dos nombres para los mercaderes nómadas.
- 20FeGn 37,31
«la tiñeron en la sangre de un cabrito»
Un cabrito y un vestido: con lo mismo con que Jacob engañó a su padre (27,9.16), sus hijos lo engañan a él. Y no mienten con palabras: dejan que la túnica «hable», y que el padre saque sus propias conclusiones.
- 21PalabraGn 37,32
«mira si es o no la túnica de tu hijo»
El hebreo dice haker-na, «reconoce, por favor». Es una expresión clave: volverá en boca de Tamar ante Judá (38,25), y el verbo «reconocer» marcará después el encuentro de José con sus hermanos en Egipto (42,7-8). El que hace reconocer a otro una mentira tendrá que reconocer un día la verdad.
- 22PalabraGn 37,34
«se vistió de cilicio»
El hebreo saq es un tejido áspero de pelo de cabra, que se llevaba en señal de duelo o de penitencia, junto con el gesto de rasgarse los vestidos. «Cilicio» viene del latín cilicium, porque esa tela se fabricaba en Cilicia, la región de Tarso, en la actual Turquía. De ahí el nombre de la prenda penitencial que usaron después algunos santos.
- 23PalabraGn 37,35
«a encontrar y unirme con mi hijo en el sepulcro»
El hebreo dice sheol, la morada de los muertos, que la Vulgata traduce infernum. No es el infierno de los condenados, sino el lugar sombrío adonde se pensaba que bajaban todos los difuntos. El Catecismo explica que a esa morada de los muertos bajó Cristo para liberar a los justos (n. 633).
- 24PalabraGn 37,36
«Putifar, eunuco o valido del faraón»
El hebreo saris significa «eunuco», pero también «alto funcionario» de la corte, que es su sentido aquí, porque Putifar está casado (39,7). Su nombre es egipcio, Padipare, «el que ha dado Ra», el dios sol. Este tipo de nombre se documenta sobre todo a partir del primer milenio antes de Cristo, un dato que algunos estudiosos usan para fechar la redacción del relato.