Génesis 2: El séptimo día y el jardín del Edén
El primer relato termina con el descanso del séptimo día, que santifica el tiempo. Desde el v. 4 empieza un segundo relato, con otro estilo y otro nombre para Dios: ya no un himno cósmico, sino una escena cercana. Dios modela al hombre como un alfarero, le da su propio aliento, planta para él un jardín, le confía un trabajo y un límite, y busca para él una compañía. El capítulo avanza de la soledad al encuentro y termina con la primera boda de la Biblia. Los dos relatos no se contradicen: son como dos retratos de la misma verdad (ver el cuadro al final del capítulo).
El séptimo día
1Quedaron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ornato de ellos1. 2Y completó Dios al séptimo día2 la obra que había hecho; y en el día séptimo reposó o cesó3 de todas las obras que había acabado. 3Y bendijo al día séptimo4; y le santificó5, por cuanto había Dios cesado en él de todas las obras que creó hasta dejarlas bien acabadas.
El hombre en el jardín del Edén
4Tal fue el origen del cielo y de la tierra6, cuando fueron creados en aquel día en que el Señor Dios7 hizo el cielo y la tierra, 5y todas las plantas del campo antes que naciesen en la tierra, y toda la hierba de la tierra antes que de ella brotase; porque el Señor Dios no había aún hecho llover sobre la tierra, ni había hombre que la cultivase. 6Salía de la tierra una fuente8 que iba regando toda la superficie de la tierra.
7Formó, pues, el Señor Dios al hombre del lodo de la tierra9, y le inspiró en el rostro un soplo o espíritu de vida10, y quedó hecho el hombre viviente con alma racional11. 8Había plantado el Señor Dios desde el principio12 un jardín delicioso13, en que colocó al hombre que había formado, 9y en donde el Señor Dios había hecho nacer de la tierra misma toda suerte de árboles hermosos a la vista, y de frutos suaves al paladar; y también el árbol de la vida14 en medio del paraíso, y el árbol de la ciencia del bien y del mal15.
10De este lugar de delicias salía un río para regar el paraíso, río que desde allí se dividía en cuatro brazos. 11Uno se llama Fisón16, y es el que circula por todo el país de Hevilat, en donde se halla el oro: 12Y el oro de aquella tierra es finísimo: allí se encuentra el bedelio, y la piedra cornerina17. 13El nombre del segundo río es Geón: éste es el que rodea toda la tierra de Etiopía18. 14El tercer río tiene por nombre Tigris: éste va corriendo hacia los asirios. Y el cuarto río es el Eufrates.
15Tomó, pues, el Señor Dios al hombre, y le puso en el paraíso de delicias, para que le cultivase y guardase19. 16Le dio también este precepto diciendo: Come, si quieres, del fruto de todos los árboles del paraíso; 17mas del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, no comas: porque en cualquier día que comieres de él, infaliblemente morirás20.
La creación de la mujer
18Dijo asimismo el Señor Dios: No es bueno que el hombre esté solo: hagámosle ayuda y compañía semejante a él21. 19Formado, pues, que hubo de la tierra el Señor Dios todos los animales terrestres, y todas las aves del cielo, los trajo a Adán, para que viese cómo los había de llamar22: y en efecto todos los nombres puestos por Adán a los animales vivientes, ésos son sus nombres propios. 20Llamó, pues, Adán por sus propios nombres a todos los animales, a todas las aves del cielo, y a todas las bestias de la tierra; mas no se hallaba para Adán ayuda o compañero a él semejante.
21Por tanto el Señor Dios hizo caer sobre Adán un profundo sueño23; y mientras estaba dormido, le quitó una de las costillas24, y llenó de carne aquel vacío. 22Y de la costilla aquella que había sacado de Adán, formó el Señor Dios una mujer25: la cual puso delante de Adán. 23Y dijo o exclamó Adán: Esto es hueso de mis huesos26, y carne de mi carne: llamarse ha, pues, hembra27, porque del hombre ha sido sacada. 24Por cuya causa dejará el hombre a su padre, y a su madre, y estará unido a su mujer: y los dos vendrán a ser una sola carne28. 25Y ambos, a saber, Adán y su esposa, estaban desnudos29, y no sentían por ello rubor ninguno.
Los dos relatos de la creación
| Gn 1,1 – 2,4a | Gn 2,4b-25 | |
|---|---|---|
| Nombre de Dios | Elohim, «Dios» | YHWH Elohim, «el Señor Dios» |
| Estilo | Himno solemne, con estribillos y números | Relato vivo y cercano, casi una parábola |
| Al comienzo | Un abismo de agua sin forma | Una tierra seca, sin lluvia y sin plantas |
| Orden | Luz, cielo, tierra, plantas, astros, animales; el ser humano al final | El hombre primero; después el jardín, los animales y la mujer |
| El ser humano | Varón y mujer a la vez, imagen de Dios | Barro con aliento divino; la mujer, del costado del hombre |
| Dios es como | Un rey que habla, y todo se hace | Un alfarero que modela y un jardinero que planta |
| El acento | El orden y la bondad del cosmos; el sábado | La relación, la libertad, el límite y el amor |
| Tradición | Llamada «sacerdotal»; quizá del siglo VI a. C. | Llamada «yahvista»; quizá más antigua |
Los nombres de las tradiciones son hipótesis de los estudiosos, y hoy se discute mucho cómo y cuándo se formaron. Lo seguro es que el autor final puso los dos relatos uno tras otro sabiendo que eran distintos. No se contradicen: se completan, como dos retratos de la misma persona hechos desde ángulos diferentes.
«Varón y mujer los creó»
Los dos relatos de la creación hablan del ser humano de maneras que se completan. El primero, solemne, dice en una sola frase que Dios creó al ser humano a su imagen, «varón y hembra» (1,27): los dos juntos, a la vez y con la misma dignidad, reflejan a Dios. El segundo, en forma de relato, cuenta un drama: el hombre está solo, ningún animal es su igual, Dios lo duerme y, al despertar, encuentra a la mujer y estalla de alegría. El Catecismo resume las dos cosas: el hombre y la mujer son queridos por Dios en perfecta igualdad como personas, y en su ser de varón y de mujer (n. 369).
«No es bueno que el hombre esté solo» (2,18) es la primera cosa que en la Biblia «no es buena». La soledad no se remedia con cosas ni con animales, sino con otra persona. San Juan Pablo II dedicó a estos capítulos una larga serie de catequesis, entre 1979 y 1984, conocida como la «teología del cuerpo». En ellas habló de la «soledad originaria», de la «unidad originaria» y de la «desnudez originaria»: el ser humano descubre que no es una cosa entre las cosas, que está hecho para el encuentro, y que su cuerpo, masculino o femenino, expresa esa vocación al don de sí. En la carta Mulieris dignitatem (1988) añadió que ser imagen de Dios significa también existir en relación, porque Dios mismo es comunión de Personas (n. 7).
El segundo relato ha sido leído a veces como si dijera que la mujer es inferior porque fue hecha después y «de una costilla». El texto dice lo contrario. Ézer, «ayuda», es una palabra que la Biblia aplica a Dios; la «costilla» es el costado, el lado, la misma altura; y el hombre no la domina, sino que se reconoce en ella: «hueso de mis huesos y carne de mi carne». El dominio de uno sobre otro aparece solo después del pecado, como consecuencia de la ruptura (3,16), y el Evangelio llama a superarlo (Mulieris dignitatem, n. 10).
Jesús vuelve a estos capítulos cuando le preguntan por el divorcio. A la concesión de la Ley de Moisés opone el proyecto original: «Al principio no fue así»; Dios los hizo varón y mujer, y los dos serán una sola carne; «lo que Dios unió, no lo separe el hombre» (Mt 19,3-9). La Iglesia ve aquí la institución del matrimonio en el orden mismo de la creación, que Cristo eleva a sacramento (Catecismo, n. 1602-1605). San Pablo llega a decir que la unión de los esposos es imagen de la unión de Cristo con su Iglesia (Ef 5,31-32).
Estos capítulos no hablan solo de los casados. Dicen algo sobre todo ser humano: que su cuerpo tiene un significado, que la diferencia entre varón y mujer es un don y no un obstáculo, y que nadie se realiza sin entregarse a otros. La misma vocación al amor se vive también en el celibato y en la virginidad consagrada «por el Reino de los cielos», que la Iglesia considera un don precioso y un signo del mundo futuro (Catecismo, n. 1618-1620).
Dos o tres preguntas, una oración breve y espacio para escribir.
- ¿Qué lugar tiene el descanso en tu semana? ¿Es el domingo un día para Dios y para los tuyos, o solo un día libre?
- Adán se alegra al encontrar a alguien igual a él. ¿A quién te ha dado Dios como «ayuda» y compañía? ¿Cómo se lo agradeces?
Las 29 notas del capítulo
- 1PalabraGn 2,1
«todo el ornato de ellos»
El hebreo dice «todo su ejército»: las multitudes de astros y de criaturas. La Vulgata tradujo ornatus, «adorno», de donde viene «ornato». También la palabra griega kosmos significa «adorno» y «orden»: para los antiguos, el mundo era hermoso precisamente porque estaba ordenado.
- 2PalabraGn 2,2
«Y completó Dios al séptimo día»
La frase sorprendió a los antiguos lectores: ¿trabajó Dios el séptimo día? La traducción griega, la samaritana y la siríaca corrigieron: «el sexto día». El hebreo y la Vulgata mantienen «el séptimo»: la obra no queda completa sin el descanso. El sábado no es un añadido, sino el remate de la creación; lo que Dios «acaba» el séptimo día es precisamente el reposo.
- 3PalabraGn 2,2
«reposó o cesó»
El verbo hebreo shabat significa «cesar», y de él viene «sábado». Torres Amat pone las dos traducciones unidas con «o». Dios no se cansa: su descanso es el gozo ante la obra terminada. Jesús resucitó «el primer día de la semana», y para los cristianos el domingo es el primer día de la nueva creación y a la vez el «octavo día» (Catecismo, n. 2174-2175).
- 4FeGn 2,3
«Y bendijo al día séptimo»
El séptimo día no termina con el estribillo «de la tarde y de la mañana». San Agustín vio en ello una promesa: el descanso de Dios es un día sin ocaso, y al final de sus Confesiones pide a Dios la paz del sábado que no tiene tarde (Confesiones XIII,35-36). San Juan Pablo II meditó este pasaje en su carta sobre el domingo, Dies Domini (1998, n. 8-18): el día del Señor celebra a la vez la creación y la resurrección.
- 5FeGn 2,3
«le santificó»
Lo primero que la Biblia llama «santo» no es un lugar ni una persona, sino un tiempo. Santificar es apartar algo para Dios. El descanso semanal enseña que el ser humano no es solo trabajo y producción: también es gratuidad, familia y adoración (Catecismo, n. 2172 y 2184).
- 6ContextoGn 2,4
«Tal fue el origen del cielo y de la tierra»
Esta fórmula (en hebreo toledot, «generaciones» o «historia de») aparece unas diez veces y divide el Génesis en partes; ver 5,1; 6,9 y 10,1. Aquí empieza el segundo relato de la creación, más cercano y centrado en el hombre. Muchos estudiosos piensan que proviene de una tradición más antigua que la del capítulo 1.
- 7PalabraGn 2,4
«el Señor Dios»
Desde aquí aparece el nombre propio de Dios, que en hebreo se escribe con cuatro letras, YHWH (ver Éx 3,14). Por respeto, los judíos no lo pronuncian y leen Adonai, «Señor»; la traducción griega puso Kyrios y la Vulgata Dominus, y Torres Amat sigue esa costumbre. El capítulo 1 usaba solo Elohim, «Dios».
- 8PalabraGn 2,6
«Salía de la tierra una fuente»
El hebreo dice ed, una palabra rara que puede significar «vapor» o «niebla», o un manantial que brota del suelo; quizá está emparentada con un término babilonio para la crecida de las aguas. La traducción griega y la Vulgata entendieron «fuente» (fons), y así lo traduce Torres Amat. Antes de la lluvia y del trabajo humano, la tierra ya está regada por Dios.
- 9PalabraGn 2,7
«del lodo de la tierra»
Juego de palabras: el hombre (adam) es formado de la tierra (adamá); podría traducirse «el terroso». El hebreo dice «polvo de la tierra», y la Vulgata de limo terrae. El verbo «formar» (yatsar) es el del alfarero que modela el barro (Jr 18,6): Dios trabaja con sus manos, de cerca.
- 10FeGn 2,7
«le inspiró en el rostro un soplo o espíritu de vida»
Dios no solo modela un cuerpo: le da su aliento, cara a cara. Ningún animal recibe así la vida. Jesús resucitado repetirá el gesto con los apóstoles: «sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo» (Jn 20,22). Es una nueva creación.
- 11PalabraGn 2,7
«con alma racional»
Estas palabras son una aclaración del traductor. El hebreo dice solo «ser viviente» (néfesh jayá), la misma expresión que se usa para los animales: lo que distingue al hombre es el soplo directo de Dios. La Iglesia enseña que cuerpo y alma forman una sola naturaleza, y que cada alma es creada inmediatamente por Dios (Catecismo, n. 362-366).
- 12PalabraGn 2,8
«Había plantado el Señor Dios desde el principio»
El hebreo dice que Dios plantó un jardín «en Edén, al oriente» (miqqedem). Esa palabra puede significar también «desde antes», y así la entendió san Jerónimo: a principio, «desde el principio». Torres Amat sigue la Vulgata. El oriente, por donde sale el sol, será la dirección hacia la que se orientaban los templos y la oración de los primeros cristianos, que veían en el sol naciente un símbolo de Cristo resucitado.
- 13PalabraGn 2,8
«un jardín delicioso»
Es el jardín de Edén; en hebreo éden significa «delicia». «Paraíso» viene del persa antiguo pairidaeza, «recinto amurallado»: los jardines cercados de los reyes persas. La traducción griega usó esa palabra para el Edén, y así pasó al latín y al español.
- 14ConexiónGn 2,9
«el árbol de la vida»
Reaparece en la última página de la Biblia, en la Jerusalén celestial (Ap 22,2): la Biblia empieza y termina con el árbol de la vida. La liturgia ve en la Cruz el nuevo árbol: el prefacio de la Santa Cruz canta que de donde salió la muerte, de allí resurgió la vida.
- 15PalabraGn 2,9
«el árbol de la ciencia del bien y del mal»
«Ciencia» tiene aquí su sentido antiguo: «conocimiento». No se prohíbe saber, sino pretender decidir por cuenta propia qué es bueno y qué es malo, ocupando el lugar de Dios (Catecismo, n. 396; san Juan Pablo II, Veritatis splendor, n. 35). En hebreo, «el bien y el mal» puede significar también «todo».
- 16ContextoGn 2,11
«Fisón»
Fisón y Geón (v. 13) no se han podido identificar; el Tigris y el Eufrates sí son ríos reales de Mesopotamia, en el actual Irak. El autor sitúa el jardín en el centro del mundo conocido, como fuente de las aguas que dan vida a toda la tierra; Geón es también el nombre del manantial de Jerusalén (1 Re 1,33). San Cipriano y otros Padres vieron en los cuatro ríos que brotan del paraíso una imagen de los cuatro Evangelios, que riegan la tierra entera (Carta 73,10).
- 17PalabraGn 2,12
«el bedelio, y la piedra cornerina»
El bedelio es una resina aromática de color claro; con ella se compara el maná (Nm 11,7). La cornerina o cornalina es una piedra rojiza; el hebreo shoham quizá sea el ónice. Oro y piedras preciosas volverán a aparecer en el santuario y en las vestiduras del sumo sacerdote (Éx 28,9).
- 18PalabraGn 2,13
«Etiopía»
El hebreo dice Kush: la región del Nilo al sur de Egipto, hoy Sudán, que griegos y romanos llamaban Etiopía. Hevilat (v. 11), en cambio, parece ser una región de Arabia (ver 10,7.29): los ríos del paraíso abrazan simbólicamente el mundo entero conocido.
- 19PalabraGn 2,15
«para que le cultivase y guardase»
Los dos verbos hebreos, abad y shamar, son los mismos que se usan para el servicio de los levitas en el santuario (Nm 3,7-8). El trabajo del hombre en el jardín es casi un culto, y el Edén se describe como un primer templo. Ver la nota a 1,28.
- 20FeGn 2,17
«infaliblemente morirás»
El hebreo repite el verbo: «muriendo morirás». Adán no muere ese mismo día; la muerte que llega primero es la ruptura con Dios, fuente de la vida. La Iglesia enseña que también la muerte corporal entró en el mundo por el pecado (Sab 2,24; Rom 5,12; Catecismo, n. 1008).
- 21PalabraGn 2,18
«hagámosle ayuda y compañía semejante a él»
Es la primera vez que algo «no es bueno» en la Biblia: la soledad. El hebreo dice ézer kenegdó, «una ayuda que le corresponda», literalmente «frente a él». Ézer no indica inferioridad: la misma palabra se usa para Dios mismo, «mi auxilio viene del Señor» (Sal 121,2). Lo que le falta al hombre es un igual con quien estar cara a cara (san Juan Pablo II, Mulieris dignitatem, n. 6-7).
- 22ContextoGn 2,19
«para que viese cómo los había de llamar»
En la Biblia, poner nombre es conocer y ejercer autoridad. Adán conoce a los animales, pero ninguno es su igual: así descubre su soledad. San Juan Pablo II habló de la «soledad originaria»: el hombre descubre que es distinto de todo lo demás y que está hecho para la comunión. La escena prepara la alegría del v. 23.
- 23PalabraGn 2,21
«un profundo sueño»
El hebreo tardemá es un sueño enviado por Dios, como el de Abrahán en Gn 15,12: el hombre no presencia la obra divina, la recibe como un regalo al despertar. La traducción griega usó la palabra ékstasis, «éxtasis».
- 24FeGn 2,21
«le quitó una de las costillas»
La palabra hebrea tselá significa sobre todo «costado», «lado»: la mujer no sale de los pies ni de la cabeza, sino del lado, a la misma altura. Los Padres vieron aquí una imagen de la Iglesia, nacida del costado de Cristo dormido en la cruz, de donde brotaron sangre y agua (Jn 19,34; Catecismo, n. 766).
- 25PalabraGn 2,22
«formó el Señor Dios una mujer»
El hebreo no dice «formó», como del hombre, sino «construyó» (wayyiben): Dios trabaja como un arquitecto. Una tradición judía jugó con esa palabra y dijo que Dios trenzó el cabello de Eva antes de llevársela a Adán (Talmud, Berajot 61a). Y el final del versículo dice literalmente que Dios «la llevó» al hombre, como el padre que acompaña a la novia: es la primera boda de la Biblia.
- 26PalabraGn 2,23
«Esto es hueso de mis huesos»
El hebreo empieza con una exclamación: zot ha-páam, «¡esta vez sí!», después de haber visto desfilar a todos los animales sin encontrar a su igual. «Hueso y carne» es una fórmula de parentesco: las tribus dirán lo mismo a David (2 Sam 5,1). Adán no mira a la mujer como a los animales que acaba de nombrar: se reconoce en ella.
- 27PalabraGn 2,23
«llamarse ha, pues, hembra»
«Llamarse ha» es una forma antigua de «se llamará». En hebreo hay un juego de palabras: varón es ish y mujer ishá. San Jerónimo lo conservó en latín con vir y virago; en español a veces se ha traducido «varona». Son las primeras palabras humanas de la Biblia: un grito de alegría.
- 28ConexiónGn 2,24
«los dos vendrán a ser una sola carne»
«Estará unido» traduce dabaq, «adherirse», el mismo verbo que expresa la fidelidad de Israel a Dios (Dt 10,20). Jesús cita este versículo para enseñar que el matrimonio es indisoluble: «lo que Dios unió, no lo separe el hombre» (Mt 19,5-6). San Pablo lo aplica a Cristo y la Iglesia y lo llama «gran misterio»; la Vulgata dice sacramentum magnum (Ef 5,31-32). Ver Catecismo, n. 1605.
- 29PalabraGn 2,25
«estaban desnudos»
En hebreo «desnudos» es arummim, y en el versículo siguiente la serpiente es arum, «astuta»: el juego de palabras une las dos escenas. La ausencia de vergüenza expresa la armonía original: se miraban sin deseo de poseer al otro y sin miedo a ser usados. San Juan Pablo II lo llamó la «desnudez originaria».