Génesis 18: Los visitantes de Mambre
Una escena de hospitalidad a pleno sol: tres visitantes inesperados, un banquete preparado a toda prisa y el anuncio de que Sara tendrá un hijo dentro de un año. El capítulo tiene dos partes que se reflejan: en la primera, Abrahán acoge a Dios en su tienda; en la segunda, Dios acoge a Abrahán en su consejo y le deja interceder por Sodoma. La tradición cristiana ha visto aquí un destello de la Trinidad, y el Catecismo, el primer gran modelo de oración de intercesión. De la mesa compartida nace la amistad, y de la amistad, la oración por los demás.
La hospitalidad de Abrahán
1Le apareció de nuevo el Señor en el valle o encinar de Mambre1 estando él sentado a la puerta de su tienda en el mayor calor del día2. 2Sucedió, pues, que alzando los ojos, vio cerca de sí parados a tres personajes3: y luego que los vio, corrió a su encuentro desde la puerta del pabellón, y les hizo reverencia inclinándose hasta el suelo. 3Y dijo: Señor, si yo, siervo tuyo, he hallado gracia en tu presencia4, no pases de largo; 4mas yo traeré un poco de agua, y lavaréis vuestros pies5, y descansaréis a la sombra de este árbol. 5Y os pondré un bocado de pan6, para que reparéis vuestras fuerzas: después pasaréis adelante: pues que tal vez por esto os habéis dirigido hacia vuestro siervo. Ellos respondieron: Bien, haz como has dicho. 6Abrahán entró corriendo en el pabellón de Sara, y le dijo: Ve pronto, amasa tres satos o celemines de harina de flor7, y cuece unos panes en el rescoldo. 7Y él mismo fue corriendo a la vacada, y cogió de ella el ternerillo más tierno y gordo8, y le dio a un criado: que luego le tuvo aderezado. 8Tomó también manteca y leche9, y con el ternerillo cocido, se lo presentó: mientras tanto estaba en pie junto a ellos debajo del árbol.
9Habiendo comido, le preguntaron: ¿En dónde está Sara tu esposa? Ahí está, respondió, dentro de la tienda. 10Le dijo uno de ellos: Yo volveré a ti sin falta dentro de un año por este mismo tiempo10, si Dios quiere, y Sara tu mujer tendrá un hijo. Al oír esto Sara se rió detrás de la puerta de la tienda11. 11Es de considerar que ambos eran viejos y de avanzada edad, y a Sara le había faltado ya la costumbre de las mujeres. 12Se rió, pues, secretamente, diciendo para consigo: ¿Conque después que ya estoy vieja, y mi señor lo está más12, pensaré en usar del matrimonio? 13Y dijo el Señor a Abrahán: ¿Por qué se ha reído Sara13, diciendo: Si será verdad que yo he de parir siendo tan vieja? 14Pues qué ¿hay para Dios cosa difícil?14 Al plazo prometido volveré a visitarte por este mismo tiempo, si Dios quiere, y Sara tendrá un hijo. 15Negó Sara y dijo llena de temor: No me he reído15. Mas el Señor replicó: No es así: sino que te has reído.
Abrahán intercede por Sodoma
16Levantados de allí aquellos tres varones, dirigieron su vista y sus pasos hacia Sodoma: y Abrahán los iba acompañando, hasta despedirlos. 17Y dijo el Señor: ¿Cómo es posible que yo encubra a Abrahán lo que voy a ejecutar16, 18habiendo él de ser cabeza de una nación grande, y tan fuerte, y BENDITAS en él todas las naciones de la tierra? 19Pues bien sé que ha de mandar a sus hijos y a su familia después de sí, que guarden el camino del Señor, y obren según rectitud y justicia17: para que cumpla el Señor por amor de Abrahán todas las cosas que le tiene prometidas. 20Le dijo, pues, el Señor: El clamor de Sodoma y de Gomorra18 se aumenta más y más, y la gravedad de su pecado ha subido hasta lo sumo. 21Quiero ir a ver19 si sus obras igualan al clamor que ha llegado a mis oídos, para saber si es así o no.
22Y partiendo de allí, dos de ellos tomaron el camino de Sodoma: Abrahán se mantenía aún en pie delante del Señor20. 23Y arrimándose le dijo: ¿Por ventura destruirás al justo con el impío?2124Si se hallaren cincuenta justos en aquella ciudad, ¿han de perecer ellos también?; ¿y no perdonarás a todo el pueblo por amor de los cincuenta justos, si se hallaren en él? 25Lejos de ti tal cosa, que tú mates al justo con el impío, y sea aquél tratado como éste, no es eso propio de ti: tú que eres el que juzgas toda la tierra22, de ningún modo harás tal juicio.
26Y le dijo el Señor: Si yo hallare en medio de la ciudad de Sodoma cincuenta justos, perdonaré a todo el pueblo por amor de ellos. 27E instando Abrahán, dijo: Ya que una vez he comenzado, hablaré a mi Señor, aunque sea yo polvo y ceniza23. 28¿Y qué, si faltaren cinco justos al número de cincuenta, destruirás la ciudad toda entera, porque no son más que cuarenta y cinco? Y respondió: No la destruiré, si hallare en ella cuarenta y cinco. 29Le replicó de nuevo: Y si se encontraran en ella cuarenta, ¿qué harás? No la castigaré, respondió, por amor de los cuarenta. 30Te suplico, Señor, le dijo, que no te enojes si prosigo hablando: ¿Y qué, si se hallaren allí treinta? Respondió: No lo haré, si hallare allí los treinta. 31Ya que he empezado una vez, dijo, hablaré a mi Señor: ¿Y si allí se hallaren veinte? No la destruiré, respondió, por amor de los veinte. 32Te ruego, Señor, prosiguió, no te irrites, si aún hablare esta sola vez: ¿Y si se hallaren allí diez? A lo que respondió: No la destruiré por amor de los diez24. 33Y se fue o desapareció el Señor, luego que acabó de hablar con Abrahán; el cual se volvió a su casa.
Los tres visitantes: hospitalidad y Trinidad
El relato de Mambre es deliberadamente ambiguo. Empieza diciendo que «el Señor» se apareció a Abrahán (v. 1), pero lo que Abrahán ve son tres hombres (v. 2). Les habla primero en singular, «Señor, no pases de largo» (v. 3), y luego en plural, «lavaréis vuestros pies» (v. 4). Después es «el Señor» quien promete el hijo (vv. 10 y 13), dos de los visitantes siguen hacia Sodoma, donde el texto los llama ángeles (19,1), y Abrahán se queda hablando con el Señor (v. 22). El narrador no resuelve el enigma: Dios se hace presente a través de sus mensajeros, y Abrahán, sin saberlo del todo, lo hospeda en su tienda.
La tradición judía leyó la escena de varias maneras. El Talmud y, más tarde, el comentarista Rashi explicaron que eran tres ángeles, cada uno con una misión: anunciar el nacimiento de Isaac, destruir Sodoma y sanar a Abrahán y salvar a Lot, porque «un ángel no cumple dos misiones». Filón de Alejandría, un pensador judío del siglo I, vio en los tres a Dios acompañado de sus dos «potencias», la creadora y la real.
Los cristianos releyeron Mambre a la luz de Cristo. San Justino, en el siglo II, sostuvo que uno de los tres era el Verbo, el Hijo de Dios, que se dejaba ver por los patriarcas antes de encarnarse (Diálogo con Trifón, 56). Desde el siglo IV se impuso otra lectura: san Ambrosio escribió que Abrahán «vio a tres y adoró a uno», y esa frase pasó a la liturgia latina. San Agustín, en el libro II de su obra La Trinidad, vio en los tres visitantes, iguales entre sí, un signo de la igualdad de las tres personas divinas, aunque con prudencia: Dios se manifestó por medio de criaturas visibles, los ángeles, y la escena no es una demostración. El Catecismo recuerda que la intimidad de Dios como Trinidad era un misterio inaccesible incluso a la fe de Israel antes de la encarnación del Hijo (n. 237). Mambre no revela la Trinidad: la anuncia en figura, y solo se entiende así desde el Nuevo Testamento.
Esta lectura dio a Oriente su imagen más famosa de Dios. Hacia 1411 o 1425, el monje ruso Andréi Rubliov pintó la «Trinidad del Antiguo Testamento», que estuvo en la Galería Tretiakov de Moscú desde 1929 y desde 2024 ha vuelto a la catedral de la Trinidad del monasterio de San Sergio, en Sérguiev Posad. Rubliov suprimió a Abrahán, a Sara y al banquete: dejó solo a tres ángeles sentados alrededor de una mesa, inclinados el uno hacia el otro, y en el centro una copa. Un concilio ruso de 1551 propuso este icono como modelo para representar a la Trinidad. El espectador ocupa el cuarto lado de la mesa, que queda abierto: es invitado a entrar en la comunión de Dios.
El relato es también una lección sobre la hospitalidad, que en la Biblia es casi un sacramento del encuentro con Dios. Abrahán corre, se postra, pide que no pasen de largo, sirve de pie. La Carta a los Hebreos lo recuerda: «por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles» (Heb 13,2), y Jesús llevará la idea hasta el final: «fui forastero y me hospedasteis» (Mt 25,35). La Regla de san Benito pide que todos los huéspedes que llegan al monasterio sean recibidos como Cristo (cap. 53), y una tradición judía cuenta que la tienda de Abrahán tenía puertas en los cuatro lados para que ningún caminante tuviera que rodearla.
Por último, la mesa de Mambre lleva a la oración. El Catecismo ve en esta hospitalidad un preludio de la anunciación, y en lo que sigue, la intercesión audaz del amigo que ha comido con Dios (n. 2571). Quien acoge a Dios en su casa termina compartiendo su compasión por el mundo, y se atreve a pedirle por una ciudad que no es la suya.
Dos o tres preguntas, una oración breve y espacio para escribir.
- ¿Cómo recibes a quien llega a tu casa sin avisar? ¿Has reconocido alguna vez a Dios en un huésped?
- Abrahán intercedió por una ciudad que no era la suya. ¿Por qué lugar o qué personas podrías interceder esta semana?
- Dios no quiso ocultar a Abrahán sus planes. ¿Le hablas a Dios como a un amigo, o solo como a un juez?
Las 24 notas del capítulo
- 1PalabraGn 18,1
«en el valle o encinar de Mambre»
El hebreo dice «en las encinas (o terebintos) de Mambre», árboles sagrados junto a los que Abrahán se había instalado (13,18); la Vulgata entendió «en el valle de Mambre», y Torres Amat pone las dos lecturas unidas con «o». Mambre estaba a unos tres kilómetros al norte de Hebrón, en el lugar que hoy se llama Ramat el-Jalil, «la altura del Amigo», porque los árabes llaman a Abrahán «el Amigo» de Dios (Is 41,8; Sant 2,23).
- 2ContextoGn 18,1
«en el mayor calor del día»
A mediodía, en el desierto, nadie viaja: la llegada de los visitantes es del todo inesperada. Abrahán tiene 99 años y acaba de circuncidarse (17,24-26). La tradición judía vio aquí el primer ejemplo de «visitar al enfermo»: Dios mismo va a ver al patriarca convaleciente, y por eso el Talmud enseña que visitar a los enfermos es imitar a Dios. Aun así, Abrahán «corre» (vv. 2, 6 y 7): la hospitalidad era casi sagrada en Oriente.
- 3FeGn 18,2
«tres personajes»
El hebreo dice «tres hombres». Abrahán habla a veces a uno, en singular, y a veces a los tres; luego «el Señor» habla (vv. 10 y 13) y dos de ellos siguen hacia Sodoma, donde se les llama «ángeles» (19,1). Los Padres vieron aquí un anuncio de la Trinidad, y san Ambrosio escribió que Abrahán «vio a tres y adoró a uno». El icono de la Trinidad de Andréi Rubliov representa a estos tres visitantes sentados a la mesa. Ver «Para profundizar» al final del capítulo.
- 4PalabraGn 18,3
«Señor, si yo, siervo tuyo, he hallado gracia en tu presencia»
En hebreo, adonai: la misma palabra puede leerse adoní, «mi señor», un saludo de cortesía, o Adonai, el título que se reservará para Dios. Los masoretas, los sabios judíos que fijaron la vocalización del texto, la leyeron como nombre divino. Abrahán habla en singular a tres personas: el texto deja abierta la pregunta de a quién se dirige.
- 5ConexiónGn 18,4
«lavaréis vuestros pies»
Gesto básico de hospitalidad para quien llegaba en sandalias por caminos de polvo. Jesús echará en cara a Simón el fariseo no haberle ofrecido agua para los pies (Lc 7,44), y él mismo lavará los pies de sus discípulos (Jn 13,5). La Carta a los Hebreos recuerda: «no olvidéis la hospitalidad; por ella algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles» (Heb 13,2).
- 6FeGn 18,5
«un bocado de pan»
Abrahán ofrece «un bocado de pan» y prepara un banquete: pan de la mejor harina, un ternero, leche y cuajada. La tradición judía resumió esta actitud en la máxima atribuida al maestro Shamai: «di poco y haz mucho» (Pirqué Avot 1,15). La verdadera hospitalidad no presume de lo que da.
- 7PalabraGn 18,6
«tres satos o celemines de harina de flor»
El sato (en hebreo seá) equivalía a unos siete litros: tres satos son más de veinte litros de la harina más fina, una cantidad digna de un gran banquete. Jesús usa la misma medida en la parábola de la mujer que mezcla levadura en «tres medidas de harina» (Mt 13,33). El «rescoldo» es la brasa que queda bajo la ceniza, sobre la que se cocían panes planos.
- 8ContextoGn 18,7
«el ternerillo más tierno y gordo»
Los pastores casi nunca comían carne: el ganado era su capital y su leche, su alimento diario. Matar un ternero era el honor reservado a una fiesta o a un huésped muy importante. El padre de la parábola del hijo pródigo hará lo mismo: «traed el ternero cebado y matadlo» (Lc 15,23).
- 9ContextoGn 18,8
«Tomó también manteca y leche»
La «manteca» era probablemente leche cuajada o requesón. Abrahán, el anfitrión, no se sienta: se queda de pie, sirviendo. Los comentaristas judíos se preguntaron cómo comían unos ángeles; el libro de Tobías pone en boca de Rafael una respuesta: «no comía ni bebía; lo que veíais era una visión» (Tob 12,19). El texto, en cambio, subraya la comunión de la mesa.
- 10PalabraGn 18,10
«dentro de un año por este mismo tiempo»
El hebreo dice literalmente «cuando el tiempo reviva», es decir, cuando vuelva esta estación, en primavera. Con la misma expresión anunciará el profeta Eliseo un hijo a la mujer de Sunán, que tampoco podía tenerlo (2 Re 4,16-17). La promesa tiene ahora fecha.
- 11ContextoGn 18,10
«Sara se rió detrás de la puerta de la tienda»
Las mujeres no comían con los huéspedes, pero Sara escucha. Su risa nace de la experiencia: «la costumbre de las mujeres», es decir, la menstruación, ya había cesado (v. 11). Es la misma risa de Abrahán en 17,17: humana, incrédula, y que Dios convertirá en alegría (21,6).
- 12ConexiónGn 18,12
«mi señor lo está más»
Sara llama a Abrahán «mi señor» (adoní). San Pedro cita este detalle para poner a Sara como ejemplo de esposa (1 Pe 3,6). El hebreo de la frase anterior es más audaz que la traducción: «¿tendré placer?», con la palabra edná, de la misma raíz que Edén. Sara se ríe de la idea de que la alegría del Edén pueda volver a su vida.
- 13FeGn 18,13
«¿Por qué se ha reído Sara»
Al repetir a Abrahán las palabras de Sara, Dios omite que ella llamó viejo a su marido: dice solo que ella se ve vieja. Los rabinos sacaron de aquí una enseñanza: Dios mismo modificó las palabras por amor a la paz entre los esposos (Talmud, Yevamot 65b). Un detalle de delicadeza divina en medio del reproche.
- 14ConexiónGn 18,14
«¿hay para Dios cosa difícil?»
Esta pregunta resuena en la anunciación: el ángel dice a María, al contarle el embarazo de su anciana pariente Isabel, que «para Dios nada hay imposible» (Lc 1,37). En la traducción griega, las dos frases son casi idénticas, y las dos escenas se responden: un hijo imposible anunciado a una mujer.
- 15FeGn 18,15
«No me he reído»
Sara niega por miedo. Dios no la deja en la mentira, pero tampoco la castiga: trata con paciencia la poca fe de sus amigos. La Carta a los Hebreos, sin embargo, contará a Sara entre los modelos de fe, porque al final «tuvo por fiel al que lo había prometido» (Heb 11,11).
- 16FeGn 18,17
«¿Cómo es posible que yo encubra a Abrahán lo que voy a…»
Dios trata a Abrahán como a un amigo a quien se confían los planes. El profeta Amós dirá que el Señor no hace nada sin revelar su secreto a sus siervos los profetas (Am 3,7), y Jesús: «a vosotros os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todo lo que oí a mi Padre» (Jn 15,15).
- 17PalabraGn 18,19
«que guarden el camino del Señor, y obren según rectitud…»
Es la primera vez que aparece en la Biblia la pareja de palabras tsedaqá y mishpat, «justicia y derecho», que los profetas repetirán como resumen de lo que Dios espera: «que fluya el derecho como el agua y la justicia como un torrente» (Am 5,24). El hebreo dice además «yo lo he conocido», es decir, lo he elegido. Abrahán es elegido para que haya justicia en la tierra.
- 18PalabraGn 18,20
«El clamor de Sodoma y de Gomorra»
El «clamor» (tseaqá) es el grito de las víctimas que piden justicia, el mismo que Dios oirá de los israelitas esclavos en Egipto (Éx 3,7). Ezequiel describirá el pecado de Sodoma como soberbia, hartura y desprecio del pobre (Ez 16,49), y el capítulo 19 mostrará su violencia contra los extranjeros.
- 19FeGn 18,21
«Quiero ir a ver»
Como en Babel (11,5), Dios «baja a ver» antes de juzgar. No necesita informarse, pero el texto quiere enseñar algo: los comentaristas judíos, como Rashi, sacaron de estos pasajes una lección para los jueces, que no deben condenar sin haber comprobado los hechos. Dios no juzga de oídas.
- 20PalabraGn 18,22
«Abrahán se mantenía aún en pie delante del Señor»
Una antigua tradición judía cuenta este versículo entre las «correcciones de los escribas»: el texto original habría dicho que era el Señor quien seguía de pie ante Abrahán, como esperando su oración, y los copistas lo invirtieron por respeto. Sea como sea, la escena es asombrosa: el hombre se queda delante de Dios para discutir con él.
- 21FeGn 18,23
«¿Por ventura destruirás al justo con el impío?»
Abrahán se atreve a regatear con Dios apelando a su justicia. Es el gran modelo de la oración de intercesión: el Catecismo dice que el corazón de Abrahán, al conocer el plan de Dios, se pone en sintonía con la compasión de su Señor hacia los hombres y se atreve a interceder por ellos con audaz confianza (n. 2571). Dios no se ofende: escucha hasta el final y acepta cada rebaja.
- 22FeGn 18,25
«tú que eres el que juzgas toda la tierra»
El hebreo dice: «¿El juez de toda la tierra no hará justicia?». Es la pregunta de fondo de toda la Biblia ante el mal: Dios no puede ser injusto. San Pablo usará el mismo argumento: si Dios fuera injusto, «¿cómo juzgaría al mundo?» (Rom 3,6). Abrahán no duda de Dios: le recuerda quién es.
- 23FeGn 18,27
«aunque sea yo polvo y ceniza»
Abrahán habla con audacia, pero sin olvidar quién es: una criatura frágil (ver 3,19). En hebreo hay un juego de sonidos, afar va-éfer, «polvo y ceniza», que Job repetirá al final de su libro (Job 42,6). La verdadera oración une confianza y humildad.
- 24FeGn 18,32
«No la destruiré por amor de los diez»
De cincuenta a diez: unos pocos justos podrían salvar a toda una ciudad. Jeremías llegará a decir que bastaría uno solo (Jr 5,1), y la fe cristiana confiesa que uno solo, Cristo, salva a todos (Rom 5,19). Abrahán se detiene en diez; Dios irá más lejos que él.