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Génesis 32 · La lucha en el Jaboc
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Génesis

Génesis 32: La lucha en el Jaboc

32 versículos · 22 notas · 4 min de lecturaPara profundizar · Pausa

Jacob vuelve a casa, pero en el camino está Esaú, que juró matarlo, y viene con cuatrocientos hombres. El capítulo tiene dos partes que se iluminan entre sí: los preparativos para encontrar al hermano, con la oración de Jacob en el centro (vv. 1-21), y la lucha nocturna junto al vado del Jaboc (vv. 22-32). Jacob reza, prepara regalos y divide su campamento. Y la noche antes del encuentro, solo junto al río, alguien lucha con él hasta el alba: sale herido, bendecido y con un nombre nuevo, Israel.

Jacob se prepara para encontrar a Esaú

1Jacob entonces prosiguió el viaje comenzado, y le salieron al encuentro ángeles de Dios1, 2vistos los cuales, dijo: He aquí los campamentos de Dios; y llamó a aquel lugar Mahanaim, esto es, Campamentos2. 3De aquí también despachó mensajeros delante de sí a su hermano Esaú a tierra de Seir, en la Idumea3, 4dándoles esta orden: Hablaréis de esta manera a mi señor Esaú4: Jacob tu hermano te envía a decir lo siguiente: Me fui peregrinando a casa de Labán, y en ella he estado hasta el día presente. 5Tengo bueyes, y asnos, y ovejas, y esclavos, y esclavas; y ahora envío estos mensajeros a mi señor, con deseo de hallar gracia en su presencia.

6Los enviados volvieron a Jacob, diciendo: Fuimos a tu hermano Esaú; y él mismo viene presuroso a tu encuentro con cuatrocientos hombres5. 7Concibió Jacob grandísimo miedo6; y lleno de terror, dividió la gente que tenía consigo, junto con los ganados de ovejas, y de bueyes, y de camellos, en dos bandas, 8diciendo: Si Esaú acometiere una banda y la destrozare, la otra banda que resta se salvará.

9Dijo después Jacob: ¡Oh Dios de mi padre Abrahán7, y Dios de mi padre Isaac!, ¡tú, Señor, que me dijiste: Vuélvete a tu tierra, y al lugar de tu nacimiento, que yo te colmaré de beneficios! 10Yo soy indigno de todas tus misericordias8, y de la fidelidad con que has cumplido a tu siervo las promesas que le hiciste; sólo con mi simple cayado pasé este río Jordán, y ahora vuelvo con dos cuadrillas de gentes y ganados. 11Líbrame, te ruego, porque le temo mucho; no sea que arremetiendo, acabe con madres e hijos. 12Tú has prometido hacerme mil bienes, y dilatar mi descendencia como las arenas del mar9, que por la muchedumbre no pueden contarse.

13Habiendo, pues, dormido allí aquella noche, separó de todo lo que tenía, lo que había destinado para regalar a su hermano Esaú, 14es a saber, doscientas cabras, veinte machos de cabrío, doscientas ovejas, y veinte carneros, 15treinta camellas paridas con sus crías, cuarenta vacas, veinte toros, y veinte asnas, con diez de sus pollinos; 16y envió por medio de sus criados cada manada de éstas de por sí, y dijo a los mozos: Id delante de mí, dejando algún trecho entre manada y manada. 17Y dio esta orden al primero: Si encontrares a mi hermano Esaú, y te preguntare: ¿De quién eres? o ¿a dónde vas? o ¿de quién es eso que conduces? 18has de responder: Es un regalo de tu siervo Jacob, que le envía a mi señor Esaú, y él mismo en persona viene detrás de nosotros. 19Las mismas órdenes dio al segundo, y al tercero, y a todos los demás que iban detrás de aquellas manadas, diciendo: En los mismos términos habéis de hablar a Esaú, cuando le encontréis. 20Y no dejéis de añadir: Tu siervo Jacob en persona, viene siguiendo detrás de nosotros; porque dijo: Le aplacaré con los regalos10 que preceden, y después me presentaré a él, quizá se me mostrará propicio. 21Remitió, pues, los dones por delante, y él pasó aquella noche en el campamento.

Jacob lucha con Dios

22Y levantándose muy temprano, tomó sus dos mujeres, y las dos criadas con los once hijos, y pasó el vado de Jaboc11. 23Y después de haber hecho pasar todo lo que le pertenecía, 24se quedó solo, y he aquí que se le apareció un personaje, que comenzó a luchar con él hasta la mañana12. 25Este varón respetable13, viendo que no podía sobrepujar a Jacob, le tocó el tendón del muslo14, que al instante se secó.

26Y le dijo: Déjame ir, que ya raya el alba15. Jacob respondió: No te dejaré ir, si antes no me das la bendición16. 27¿Cómo te llamas?17, le preguntó el ángel. Él respondió: Jacob. 28No ha de ser ya tu nombre Jacob, dijo entonces el ángel, sino Israel18, porque si con el mismo Dios te has mostrado fuerte, ¿cuánto más prevalecerás contra todos los hombres? 29Le preguntó Jacob: Dime, ahora, ¿cuál es tu nombre? Respondió: ¿Por qué quieres saber mi nombre?19 Y allí mismo le dio su bendición. 30Por donde Jacob llamó aquel lugar Fanuel, diciendo: Yo he visto a Dios cara a cara, y mi vida ha quedado a salvo20. 31Al punto que partió de Fanuel, le salió el sol; mas él iba cojeando de un pie21. 32Por este motivo los hijos de Israel, hasta el día de hoy, no comen del nervio de los animales22, correspondiente al que se secó en el muslo de Jacob; en memoria de que habiendo tocado el ángel dicho nervio, quedó éste sin movimiento.

Para profundizar3 min

La oración como combate

«Se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta el alba.» Pocas escenas de la Biblia han alimentado tanto la reflexión cristiana sobre la oración como esta noche junto al Jaboc. Jacob está en el momento más angustioso de su vida: al otro lado del río lo espera el hermano que juró matarlo, al frente de cuatrocientos hombres. Ha rezado (vv. 9-12), ha preparado regalos, ha dividido su campamento. Y cuando ya no puede hacer nada más, se queda solo, y Dios sale a su encuentro, pero como adversario.

El profeta Oseas leyó esta escena como una oración: Jacob «luchó con el ángel y lo venció, lloró y le suplicó» (Os 12,4-5). El Catecismo recoge esa tradición y dice que la Iglesia ha tomado de este relato el símbolo de la oración como combate de la fe y victoria de la perseverancia (n. 2573). Más adelante lo afirma sin rodeos: los grandes orantes de la Antigua Alianza, la Madre de Dios y los santos «nos enseñan que la oración es un combate». ¿Contra quién? «Contra nosotros mismos y contra las astucias del Tentador», que hace todo lo posible por apartarnos de ella (n. 2725).

El Catecismo dedica a ese combate toda una sección (nn. 2725-2758), y su inventario resulta familiar: las ideas equivocadas sobre la oración, la falta de tiempo, la impresión de que no sirve para nada, las distracciones (n. 2729), la sequedad (n. 2731), la falta de fe y la acedia, ese desaliento que paraliza (nn. 2732-2733), y la queja de la oración que parece no escuchada (nn. 2735-2737). Y resume todo en una frase: «se ora como se vive, porque se vive como se ora» (n. 2725). La noche de Jacob es la imagen de todas esas noches.

El relato deja ver cuatro rasgos de la oración verdadera. El primero es no soltarse: «no te dejaré ir si no me bendices». Jesús enseñará esa misma insistencia en las parábolas del amigo que llama a medianoche (Lc 11,5-8) y de la viuda que no deja en paz al juez, contadas «para enseñar que es necesario orar siempre, sin desfallecer» (Lc 18,1). El segundo es decir el propio nombre: Jacob tiene que confesar quién es, el suplantador, antes de ser bendecido; en la oración no hay máscaras, como enseña el publicano que no se atreve a levantar los ojos (Lc 18,13). El tercero es recibir un nombre nuevo: la oración no cambia a Dios, sino al que ora. El cuarto es la herida. Jacob sale cojo. El encuentro con Dios deja marcas, y a veces la bendición llega en forma de debilidad; san Pablo lo aprendió cuando oyó: «te basta mi gracia, porque la fuerza se perfecciona en la flaqueza» (2 Cor 12,9).

La luz definitiva sobre esta noche viene de otra noche, la de Getsemaní. Allí Jesús, en agonía, «oraba con más intensidad, y su sudor era como gotas de sangre» (Lc 22,44); la Carta a los Hebreos dice que ofreció oraciones y súplicas «con grandes clamores y lágrimas» (Heb 5,7). Pero el combate de Jesús no termina con Dios cediendo, sino con el Hijo que se entrega: «no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42). Esa es la victoria más honda de la oración: que la voluntad del que ora llegue a coincidir con la de Dios. Jacob pidió una bendición; Jesús se hizo bendición para todos.

Al terminar la noche, Jacob vio salir el sol (v. 31). Toda noche de oración tiene su alba, aunque a veces se llegue a ella cojeando.

Pausa

Dos o tres preguntas, una oración breve y espacio para escribir.

  1. ¿Con qué luchas tú en la oración? ¿Te atreves a decirle a Dios «no te dejaré ir si no me bendices»?
  2. Jacob salió cojo pero bendecido. ¿Qué herida tuya se ha convertido en lugar de encuentro con Dios?
  3. Antes de recibir un nombre nuevo, Jacob tuvo que decir su verdadero nombre. ¿Qué verdad sobre ti te cuesta decir ante Dios?
Para orarSeñor, no te dejaré ir hasta que me bendigas; y si he de cojear, que sea caminando hacia ti.
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Las 22 notas del capítulo
  1. 1ConexiónGn 32,1

    «le salieron al encuentro ángeles de Dios»

    Jacob vio ángeles al salir de la tierra prometida (28,12), y los ve de nuevo al volver. Como dos paréntesis, los ángeles enmarcan sus veinte años de destierro: Dios lo ha acompañado a la ida y a la vuelta.

  2. 2PalabraGn 32,2

    «Mahanaim, esto es, Campamentos»

    Mahanáyim es una forma dual: «dos campamentos», el de Dios y el de Jacob. Enseguida Jacob dividirá su gente en «dos bandas» (v. 7), con la misma palabra. Mahanaim será después una ciudad de Galaad, donde se refugiará David cuando huya de su hijo Absalón (2 Sam 17,24).

  3. 3ContextoGn 32,3

    «a tierra de Seir, en la Idumea»

    Seir es la región montañosa al sureste del mar Muerto, también llamada Edom (en latín, Idumea). Aquí Esaú ya vive allí, aunque el capítulo 36 cuenta su traslado a Seir como algo posterior (36,6-8): el Génesis reúne tradiciones que no siempre siguen un orden cronológico estricto.

  4. 4ContextoGn 32,4

    «a mi señor Esaú»

    Jacob llama a su hermano «mi señor» y se llama a sí mismo «tu siervo» (v. 18), justo al revés de la bendición robada: «sé señor de tus hermanos» (27,29). Veinte años después, el suplantador se presenta humilde.

  5. 5ContextoGn 32,6

    «con cuatrocientos hombres»

    Cuatrocientos hombres son una tropa armada, no una comitiva de bienvenida: es el tamaño típico de una banda guerrera en la Biblia, como la que reunirá David en sus años de fugitivo (1 Sam 22,2; 25,13; 30,10). Los mensajeros no dicen qué pretende Esaú, y ese silencio llena a Jacob de terror.

  6. 6FeGn 32,7

    «Concibió Jacob grandísimo miedo»

    El hebreo dice que «temió mucho y se angustió». Jacob, que tantas veces resolvió todo con astucia, se encuentra ante algo que no puede controlar. La Biblia no oculta el miedo de sus héroes: también Jesús, en Getsemaní, «comenzó a sentir pavor y angustia» (Mc 14,33). El miedo no es falta de fe; lo decisivo es qué se hace con él, y Jacob lo convierte en oración.

  7. 7FeGn 32,9

    «¡Oh Dios de mi padre Abrahán»

    Es una de las primeras oraciones personales de la Biblia, y un modelo: Jacob invoca a Dios, le recuerda su promesa, confiesa su pequeñez, presenta con sinceridad su miedo y vuelve a apoyarse en la promesa (v. 12). No reza para dejar de actuar: reza y, a la vez, se prepara.

  8. 8FeGn 32,10

    «Yo soy indigno de todas tus misericordias»

    El hebreo dice: «soy pequeño ante todas tus misericordias (jasadim) y tu fidelidad». Es la humildad que la Iglesia pone en nuestros labios antes de comulgar, con las palabras del centurión: «Señor, no soy digno» (Mt 8,8). Jacob se fue con un bastón y vuelve con dos campamentos: recordar de dónde se viene es una forma de gratitud.

  9. 9FeGn 32,12

    «dilatar mi descendencia como las arenas del mar»

    Jacob termina su oración recordando a Dios sus propias palabras (22,17; 28,14). Es una forma de orar que la Biblia enseña: apoyarse en la promesa, no en los propios méritos. Moisés hará lo mismo para interceder por el pueblo: «acuérdate de Abrahán, de Isaac y de Israel, a quienes juraste multiplicar su descendencia» (Éx 32,13).

  10. 10PalabraGn 32,20

    «Le aplacaré con los regalos»

    Literalmente: «cubriré su rostro con el regalo». El verbo es kipper, «cubrir», de donde viene Yom Kipur, el «día de la expiación». La palabra «rostro» se repite varias veces en estos versículos y prepara la frase de Fanuel: «he visto a Dios cara a cara» (v. 30). Los regalos suman más de quinientos cincuenta animales (vv. 14-15).

  11. 11PalabraGn 32,22

    «pasó el vado de Jaboc»

    El Jaboc es un afluente del Jordán por el este; hoy se llama Nahr ez-Zarqa, en Jordania. En hebreo hay un juego de sonidos entre Yabboq, Yaacob y el verbo «luchar» (yeabeq, v. 24).

  12. 12FeGn 32,24

    «un personaje, que comenzó a luchar con él hasta la mañana»

    El hebreo dice «un hombre»; el profeta Oseas dice que Jacob luchó con un ángel, lloró y le suplicó (Os 12,4-5), y el propio Jacob dirá que vio a Dios (v. 30). El Catecismo ve en esta escena el símbolo de la oración como combate de la fe y victoria de la perseverancia (n. 2573). Ver «Para profundizar» al final del capítulo.

  13. 13PalabraGn 32,25

    «Este varón respetable»

    El hebreo dice solo «él»: es Torres Amat quien añade «varón respetable», por reverencia ante el misterioso luchador. La expresión «se secó», en cambio, viene de la Vulgata (emarcuit, «se marchitó»); el hebreo dice que la cadera de Jacob «se dislocó» al luchar.

  14. 14ContextoGn 32,25

    «le tocó el tendón del muslo»

    Probablemente el nervio ciático, en la cadera. Jacob vence porque no se suelta, pero sale cojo: la bendición de Dios deja una herida que lo acompañará siempre. San Pablo hablará de una debilidad que le recordaba que la fuerza de Dios «se perfecciona en la flaqueza» (2 Cor 12,9).

  15. 15ContextoGn 32,26

    «que ya raya el alba»

    En muchos relatos antiguos, los seres de la noche deben irse al amanecer. Una tradición judía recogida en el Talmud da otra razón, más bella: el ángel tenía prisa porque al alba le tocaba cantar con los demás ángeles la alabanza de la mañana. El Génesis no explica nada; solo deja claro que el luchador no quiere ser visto a plena luz.

  16. 16FeGn 32,26

    «No te dejaré ir, si antes no me das la bendición»

    El hombre que se llevó una bendición con engaño la pide ahora cara a cara, aferrado y herido. Jesús enseñará a orar con esa insistencia, «sin desfallecer» (Lc 18,1), como la viuda que no dejaba en paz al juez.

  17. 17FeGn 32,27

    «¿Cómo te llamas?»

    Veinte años antes, su padre ciego le preguntó «¿Quién eres?», y Jacob respondió con una mentira: «Yo soy Esaú» (27,18-19). Ahora tiene que decir su verdadero nombre, «Jacob», que significa «el que agarra el talón», el suplantador. Al confesar quién es, puede recibir un nombre nuevo. La conversión empieza siempre por decir la verdad sobre uno mismo.

  18. 18PalabraGn 32,28

    «sino Israel»

    Israel significa probablemente «Dios lucha» o «que Dios se muestre fuerte»; el texto lo explica con un juego de palabras: «has luchado (sarita) con Dios y con los hombres, y has vencido». Torres Amat sigue la Vulgata, que lo interpreta así: si fuiste fuerte contra Dios, más lo serás contra los hombres. El nombre de un hombre pasará a ser el de todo un pueblo.

  19. 19ContextoGn 32,29

    «¿Por qué quieres saber mi nombre?»

    En la Antigüedad, conocer el nombre de alguien daba cierto poder sobre él. El misterioso luchador no se deja dominar: bendice, pero guarda su misterio. Lo mismo responderá el ángel a Manoaj, el padre de Sansón (Jue 13,18).

  20. 20ConexiónGn 32,30

    «Yo he visto a Dios cara a cara, y mi vida ha quedado a salvo»

    Fanuel o Penuel significa «rostro de Dios». La Biblia dice que nadie puede ver a Dios y seguir con vida (Éx 33,20), y Jacob se asombra de haber sobrevivido. San Juan dirá que a Dios nadie lo ha visto nunca, y que el Hijo nos lo ha dado a conocer (Jn 1,18).

  21. 21FeGn 32,31

    «le salió el sol; mas él iba cojeando de un pie»

    Cuando Jacob huyó de su tierra, se puso el sol (28,11); ahora, al volver, sale el sol. Avanza cojeando hacia su hermano, más débil y más bendecido que nunca. Ya no es el hombre que corría con astucia: es un hombre que camina apoyado en Dios.

  22. 22ContextoGn 32,32

    «no comen del nervio de los animales»

    Todavía hoy, en la cocina judía tradicional, se extrae el nervio ciático de las patas traseras de las reses antes de considerarlas aptas para el consumo, en recuerdo de este pasaje.