Génesis 41: José, gobernador de Egipto
El capítulo más largo de la historia de José narra el giro decisivo. Dos años después, el faraón tiene dos sueños que nadie sabe explicar, y el copero por fin se acuerda del joven hebreo de la cárcel. José interpreta los sueños (vv. 1-36), es nombrado gobernador de Egipto (vv. 37-46) y administra los años de abundancia y de hambre (vv. 47-57). En un solo día, el esclavo olvidado pasa a ser el segundo hombre del país. Pero José no se atribuye nada: «no seré yo, sino Dios». El capítulo está lleno de detalles egipcios (ver el cuadro al final).
Los sueños del faraón
1Dos años después1 tuvo el faraón un sueño: Le parecía estar en la ribera del río Nilo2, 2del cual subían siete vacas gallardas y por extremo gordas3, y se ponían a pacer en aquellos lugares lagunosos. 3Salían también del río otras siete, feas y consumidas de flaqueza, que pacían en la orilla misma del río en donde estaba la hierba, 4y se tragaron a aquellas siete cuya hermosura y lozanía de cuerpos era maravillosa. Despierto el faraón, 5volvió a dormirse y tuvo otro sueño: Siete espigas brotaban de una misma caña, llenas y hermosas. 6Otras tantas nacían también de otra, menudas y quemadas del viento abrasador4, 7las cuales devoraban la lozanía de las primeras. Despertando el faraón después de haber descansado, 8siendo ya de día, despavorido, mandó llamar a todos los adivinos de Egipto5, y a los sabios todos; y estando juntos, les contó el sueño, y no había quien le interpretase.
9Entonces, por fin, acordándose de José el copero mayor, dijo al rey: Confieso mi pecado6: 10Enojado el rey contra sus siervos, mandó echarnos a mí y al panadero mayor en la cárcel del comandante de las tropas, 11donde en una misma noche tuvimos cada uno de nosotros un sueño, presagio de lo que nos había de suceder. 12Hallábase allí un joven hebreo, criado del mismo comandante de las tropas, y habiéndole contado los sueños, 13oímos de él todo lo que después confirmó el suceso; porque yo fui restituido a mi empleo, y el otro colgado en una cruz.
14Al punto por orden del rey, sacando a José de la cárcel, le cortaron el pelo7, y habiéndole mudado el vestido, se lo presentaron. 15Le dijo Faraón: He tenido unos sueños, y no hay quien acierte a explicarlos: he oído de ti que tienes gran luz para interpretarlos. 16Contestó José: No seré yo, sino Dios8, quien responderá favorablemente al faraón.
17Refirió, pues, el faraón, lo que había visto: Parecíame, dijo, que estaba sobre la ribera del río, 18y que subían de la orilla de él siete vacas hermosísimas y en extremo gordas, las cuales en los pastos de la laguna despuntaban la hierba verde; 19cuando he aquí que salían tras ellas otras siete tan feas y en tanto grado macilentas, que nunca las vi tales en tierra de Egipto, 20las cuales, después de haber devorado y consumido a las primeras, 21ningún indicio dieron de la hartura9, sino que al contrario se paraban yertas con la misma flaqueza de antes. Desperté después, pero vencido otra vez del sueño, 22vi en sueños también cómo brotaban de una sola caña siete espigas llenas y hermosísimas; 23al mismo tiempo nacían de otra caña otras siete delgadas y requemadas del viento abrasador, 24las cuales se tragaron a las primeras con toda su lozanía. He referido a los adivinos el sueño, y no hay quien me lo declare.
José interpreta los sueños
25Respondió José: Los dos sueños del rey significan una misma cosa: lo que Dios ha de hacer lo ha mostrado al faraón10. 26Las siete vacas hermosas, y las siete espigas llenas, siete años son de abundancia; y contienen una misma significación del sueño. 27También las siete vacas flacas y extenuadas que salieron en pos de aquéllas, y las siete espigas delgadas quemadas del viento abrasador, son siete años de hambre que han de venir. 28Los que se cumplirán con este orden. 29Vendrán primero siete años de gran fertilidad en toda la tierra de Egipto, 30a los cuales sucederán otros siete años de tanta esterilidad, que hará olvidar toda la anterior abundancia; por cuanto el hambre ha de asolar toda la tierra, 31y la extrema carestía absorberá la extraordinaria abundancia. 32En orden al segundo sueño que has tenido de la misma significación, denota la certidumbre de que la palabra de Dios tendrá efecto, y se cumplirá cuanto antes.
33Ahora, pues, elija el rey un varón sabio y activo11, y dele autoridad en toda la tierra de Egipto; 34el cual establezca intendentes en todas las provincias, y haga recoger en los graneros la quinta parte de los frutos12 durante los siete años de fertilidad, 35que ya van a comenzar; y enciérrese todo el grano a disposición del faraón, y guárdese en las ciudades, 36y esté preparado para el hambre venidera de siete años que ha de afligir a Egipto, y con eso no se asolará el país por la carestía.
José, gobernador de Egipto
37Pareció bien el consejo al faraón, y a todos sus ministros, 38y les dijo: ¿Por ventura podremos hallar un varón como éste, tan lleno del espíritu de Dios13? 39Dijo, pues, a José: Ya que Dios te ha manifestado todas las cosas que acabas de decir, ¿podré yo acaso encontrar otro más sabio o igual a ti? 40Tú tendrás el gobierno de mi casa, y al imperio de tu voz, obedecerá el pueblo todo; no tendré yo sobre ti más precedencia que la del solio real14. 41Añadió el faraón a José: Mira que te hago virrey de toda la tierra de Egipto.
42Y luego se quitó el anillo del dedo y se lo puso a José15, y le vistió de una ropa talar de lino finísimo, y le puso alrededor del cuello un collar de oro. 43Y lo hizo subir en su segunda carroza, gritando un heraldo16 o rey de armas, que todos hincasen delante de él la rodilla, y supiesen que estaba constituido gobernador de toda la tierra de Egipto. 44Dijo aún más el rey a José: Yo soy faraón; sin tu orden ninguno ha de mover pie ni mano en toda la tierra de Egipto. 45Le mudó también el nombre, llamándole en lengua egipcia Salvador del mundo17. Y le dio por mujer a Asenet, hija de Putifare, sacerdote de Heliópoli18. Después de esto salió José a visitar la tierra de Egipto, 46(treinta años tenía19 cuando fue presentado a Faraón), y dio la vuelta por todas las provincias de Egipto.
Los años de abundancia y de hambre
47Vino, pues, la fertilidad de los siete años; y reducidas las mieses a gavillas, fueron recogidas en los graneros de Egipto. 48Y en cada ciudad fue depositada la gran abundancia de grano de sus contornos; 49y fue tanta la cosecha que hubo de trigo, que igualaba a las arenas del mar20 y excedía a toda medida.
50Antes que viniese la carestía, le nacieron a José dos hijos, que le parió Asenet hija de Putifare, sacerdote de Heliópoli. 51Y al primogénito puso por nombre Manasés21, diciendo: Dios me ha hecho olvidar de todos mis trabajos, y de la casa de mi padre. 52Al segundo puso por nombre Efraín, diciendo: Dios me ha prosperado en la tierra donde entré pobre y esclavo22.
53Pasados en fin los siete años que hubo de abundancia en Egipto, 54comenzaron a venir los siete años de carestía que había profetizado José, y el hambre afligió a todo el mundo23; mas en toda la tierra de Egipto había pan. 55Pero cuando los egipcios sintieron el hambre, clamó el pueblo al faraón pidiendo víveres. Al cual él respondió: Acudid a José, y haced cuanto él os dijere24. 56Creciendo, pues, el hambre cada día en toda la tierra, abrió José todos los graneros y empezó a vender los granos a los egipcios; porque también a ellos les había ya alcanzado el hambre. 57Y venían a Egipto todas las provincias vecinas25, para comprar víveres y aliviar la pena de la carestía.
Egipto en la historia de José
| En el relato | En las fuentes egipcias |
|---|---|
| Putifar, alto funcionario (37,36) | Nombre egipcio, Padipare, «el que ha dado Ra», documentado sobre todo en el primer milenio a. C. |
| Copero y panadero mayores (40,1) | Cargos de confianza; los coperos reales actúan a veces como consejeros y jueces. |
| Sueños y «adivinos» (40 – 41) | Libros de sueños (papiro Chester Beatty III, siglo XIII a. C.); sacerdotes lectores. |
| «Solo el trono será mayor» (41,40) | El visir, segundo del rey (tumba de Rejmiré, siglo XV a. C.). |
| Anillo, lino, collar de oro (41,42) | El «oro del honor» en los relieves de El Amarna (siglo XIV a. C.). |
| La segunda carroza (41,43) | El carro llega a Egipto con los hicsos (siglos XVII-XVI a. C.). |
| Zafnat-Panéaj, Asenet (41,45) | Nombres de un tipo frecuente en el primer milenio; auge de la diosa Neit en los siglos VII-VI a. C. |
| Pastores en Gesén (47,4) | Papiro de hacia 1210 a. C.: pastores de Edom pasan a los estanques del delta «para mantenerlos con vida». |
| Tierras de los sacerdotes (47,22) | Grandes dominios de los templos (papiro Harris I, siglo XII a. C.). |
| Ciento diez años (50,22) | La vida ideal en los textos egipcios (Instrucción de Ptahhotep). |
Unos detalles encajan con el segundo milenio a. C., y otros, como la forma de los nombres, con el primero: muchos estudiosos piensan que la historia conserva recuerdos antiguos contados con el colorido de épocas posteriores.
Dos o tres preguntas, una oración breve y espacio para escribir.
- José no se atribuyó el mérito: «no seré yo, sino Dios». ¿Qué éxito tuyo necesitas reconocer como don de Dios?
- José preparó en la abundancia lo que haría falta en la escasez. ¿Cómo estás usando tus «años de abundancia»?
- José llamó a Egipto «la tierra de mi aflicción», pero allí fue fecundo. ¿Qué lugar difícil de tu vida podría ser fecundo?
Las 25 notas del capítulo
- 1ContextoGn 41,1
«Dos años después»
El hebreo dice «al cabo de dos años de días»: dos años enteros de espera en la cárcel, después de la promesa del copero. Aquí empieza la lectura sinagogal llamada Miqets, «al cabo», que llega hasta 44,17. La paciencia de José no es pasividad: es fidelidad en lo pequeño mientras llega el tiempo de Dios.
- 2PalabraGn 41,1
«el río Nilo»
El hebreo dice simplemente ye'or, «el río», una palabra tomada del egipcio. Para Egipto, el Nilo lo era todo: sus crecidas anuales fertilizaban los campos, y si no llegaban, venía el hambre. Los egipcios medían el nivel del agua en los «nilómetros», escaleras graduadas junto al río, para calcular la cosecha y los impuestos. Por eso los sueños del faraón empiezan en la orilla del río.
- 3ContextoGn 41,2
«siete vacas gallardas y por extremo gordas»
Las vacas eran símbolo de fertilidad, y la diosa Hathor se representaba como una vaca. Salen del Nilo para pacer en los juncales de la orilla, como se ve en muchas pinturas de tumbas; la palabra hebrea para esos juncales, ajú, que Torres Amat traduce «lugares lagunosos», es también un préstamo del egipcio.
- 4ContextoGn 41,6
«quemadas del viento abrasador»
El hebreo dice «el viento del este»: el viento cálido y seco del desierto, que todavía hoy sopla en primavera, el jamsín, y quema los cultivos en pocos días. El mismo viento del este traerá las langostas sobre Egipto y secará el mar ante Israel (Éx 10,13; 14,21).
- 5PalabraGn 41,8
«todos los adivinos de Egipto»
La palabra hebrea, jartummim, viene probablemente del egipcio y designa a los sacerdotes expertos en escritos sagrados y en magia. Los mismos «magos» se enfrentarán a Moisés (Éx 7,11), y otros parecidos aparecen en la corte de Babilonia (Dn 2,2).
- 6ContextoGn 41,9
«Confieso mi pecado»
El copero se acuerda de José en el momento oportuno, y no antes. Lo que parecía un olvido injusto se convierte en el momento justo: si José hubiera salido dos años antes, quizá no habría estado allí cuando el faraón lo necesitaba.
- 7ContextoGn 41,14
«le cortaron el pelo»
Los hebreos llevaban barba, pero los egipcios iban afeitados, y los sacerdotes se rapaban todo el cuerpo (Heródoto, Historias II,36-37). Para presentarse ante el faraón, José tiene que adoptar la apariencia de un egipcio.
- 8FeGn 41,16
«No seré yo, sino Dios»
La primera palabra de José ante el hombre más poderoso del mundo es una confesión de humildad. San Pablo dirá que no somos capaces de nada por nosotros mismos, sino que nuestra capacidad viene de Dios (2 Cor 3,5).
- 9ContextoGn 41,21
«ningún indicio dieron de la hartura»
Al contar sus sueños, el faraón añade detalles que el narrador no había dicho: nunca vio vacas tan feas en Egipto (v. 19), y después de tragarse a las gordas seguían igual de flacas. La repetición con variaciones, típica de la narración oral, deja ver su angustia: los sueños le han tocado lo más hondo, la seguridad de su reino.
- 10FeGn 41,25
«lo que Dios ha de hacer lo ha mostrado al faraón»
El Dios de Israel no es solo el Dios de una familia: actúa en la historia de los grandes imperios, y revela su plan incluso a un rey pagano. Es una de las ideas centrales de la historia de José. Un sueño repetido, como este, era señal de una decisión firme e inminente (v. 32).
- 11ContextoGn 41,33
«elija el rey un varón sabio y activo»
José no se limita a interpretar: aconseja. En hebreo pide un hombre «inteligente y sabio» (navón vejajam), el mismo par de palabras con que Dios describirá el corazón que concede a Salomón (1 Re 3,12). José, que habla sin pedir nada para sí, se revela él mismo como ese hombre.
- 12ContextoGn 41,34
«la quinta parte de los frutos»
Un impuesto del veinte por ciento durante los años buenos, almacenado en graneros reales. Los egipcios construían grandes silos de barro, de los que se conservan restos y maquetas en las tumbas. José propone una política de previsión que hoy llamaríamos reservas estratégicas.
- 13FeGn 41,38
«tan lleno del espíritu de Dios»
Es la primera vez que la Biblia dice de una persona concreta que tiene el espíritu de Dios (6,3 habla del hombre en general), y lo dice un pagano. Lo mismo se dirá de Besalel, el artista del santuario (Éx 31,3), y de Daniel (Dn 5,11). La Iglesia cuenta la sabiduría y el consejo entre los dones del Espíritu Santo (Catecismo, n. 1831).
- 14ContextoGn 41,40
«no tendré yo sobre ti más precedencia que la del solio real»
José recibe un cargo parecido al de visir, el primer ministro del faraón. Un texto grabado en la tumba del visir Rejmiré, en Tebas (siglo XV a. C.), describe sus funciones: recibir cada mañana el informe de los graneros y del tesoro, juzgar, nombrar funcionarios, vigilar el nivel del Nilo. Es exactamente lo que hará José.
- 15ContextoGn 41,42
«se quitó el anillo del dedo y se lo puso a José»
El anillo con el sello real permitía firmar decretos en nombre del rey (Est 8,2). El vestido de lino finísimo y el collar de oro eran honores típicos de la corte egipcia: en las tumbas se ve al faraón premiando a sus funcionarios con el «oro del honor», collares de oro puestos al cuello.
- 16PalabraGn 41,43
«gritando un heraldo»
El hebreo dice que gritaban ante José abrek, una palabra misteriosa, probablemente egipcia, que quizá significa «¡atención!» o «¡de rodillas!»; la Vulgata la explica: que todos doblaran la rodilla. Los carros, por cierto, llegaron a Egipto con los hicsos, gobernantes de origen asiático que dominaron el delta en los siglos XVII y XVI a. C.
- 17PalabraGn 41,45
«Salvador del mundo»
El nombre egipcio, Zafnat-Panéaj, se discute: quizá «Dios habla y él vive» o «el que sustenta la vida». San Jerónimo lo tradujo «Salvador del mundo», y los Padres vieron en ello un claro anuncio de Cristo. Asenet significa probablemente «la que pertenece a la diosa Neit».
- 18ContextoGn 41,45
«sacerdote de Heliópoli»
Heliópolis, «ciudad del sol» (en hebreo, On), era el gran centro del culto al dios sol Ra, al noreste de la actual El Cairo; todavía se alza allí un obelisco de hace casi cuatro mil años. José se casa con la hija de un sacerdote pagano; una novela antigua, probablemente judía, José y Asenet, imaginará la conversión de ella.
- 19ConexiónGn 41,46
«treinta años tenía»
Han pasado trece años desde que fue vendido, con la cifra hebrea, o catorce con la de la Vulgata (37,2). Jesús comenzará su vida pública hacia los treinta años (Lc 3,23), y David empezará a reinar a esa misma edad (2 Sam 5,4).
- 20ConexiónGn 41,49
«que igualaba a las arenas del mar»
La imagen de la arena del mar es la de la promesa hecha a Abrahán y repetida a Jacob: una descendencia incontable (22,17; 32,12). Aquí la abundancia prometida a la familia de Abrahán desborda sobre Egipto: la bendición se convierte en pan para otros pueblos.
- 21PalabraGn 41,51
«Manasés»
Manasés suena a «hacer olvidar» (nasháh): «Dios me ha hecho olvidar mis trabajos». Efraín (v. 52) suena a «fructificar» (paráh), en forma doble: «doble fecundidad». José no ha olvidado a su familia, como se verá, pero Dios ha curado su herida.
- 22PalabraGn 41,52
«en la tierra donde entré pobre y esclavo»
El hebreo dice «en la tierra de mi aflicción» (onyí); Torres Amat lo explica con una paráfrasis. Es la misma palabra con que Lía puso nombre a Rubén: «el Señor ha mirado mi aflicción» (29,32). José no niega su sufrimiento: lo nombra, y reconoce que precisamente allí Dios lo ha hecho fecundo.
- 23ContextoGn 41,54
«el hambre afligió a todo el mundo»
Las hambrunas eran frecuentes en el antiguo Oriente, y Egipto, gracias al Nilo, era el último recurso. Una inscripción del faraón Merneptah en Karnak (siglo XIII a. C.) dice que envió grano en barcos «para mantener con vida» al país de los hititas, azotado por el hambre. «Todo el mundo» es una manera de decir toda la región conocida.
- 24FeGn 41,55
«Acudid a José, y haced cuanto él os dijere»
En latín, Ite ad Ioseph. La Iglesia ha aplicado estas palabras a san José, esposo de María: el beato Pío IX, al proclamarlo patrono de la Iglesia universal en 1870, lo comparó con este José que guardó el trigo para el pueblo. Y resuenan en las palabras de María en Caná: «haced lo que él os diga» (Jn 2,5).
- 25ConexiónGn 41,57
«venían a Egipto todas las provincias vecinas»
Egipto fue durante siglos el granero del Mediterráneo. En tiempos del Nuevo Testamento, grandes barcos llevaban el trigo de Alejandría a Roma; en uno de ellos naufragó san Pablo camino de su juicio, y los marineros tuvieron que echar el trigo al mar (Hch 27,6.38).