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Génesis 38 · Judá y Tamar
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Génesis 38: Judá y Tamar

30 versículos · 20 notas · 4 min de lecturaPara profundizar · Pausa

La historia de José se interrumpe para contar la de su hermano Judá, el que propuso venderlo. El corte es deliberado: Judá, que acaba de engañar a su padre con una túnica y un cabrito, será desenmascarado por sus propias prendas, y el contraste con la castidad de José en el capítulo siguiente es evidente. Es una historia escabrosa: un hijo que muere, otro que se niega a dar descendencia a su hermano, una viuda burlada que se disfraza para reclamar su derecho. Al final, Judá reconoce: «ella es más justa que yo». De este episodio nacerá la línea de David y de Jesús.

Los hijos de Judá

1Por este mismo tiempo Judá, separándose de sus hermanos1, se hospedó en casa de un vecino de Odollam, llamado Hiras. 2Y vio allí a la hija de un cananeo llamado Sué, y se casó con ella. 3La cual concibió y parió un hijo a quien su padre llamó Her. 4Segunda vez concibió, y al hijo que tuvo le llamó ella Onán. 5Parió después al tercero, al cual ella llamó Sela; y después de nacido éste, no parió más2.

6Judá a su tiempo casó a su primogénito Her con una mujer llamada Tamar. 7Pero Her, primogénito de Judá, fue un malvado a los ojos del Señor3, que por eso le quitó la vida.

8Dijo entonces Judá a Onán, hijo suyo: Cásate con tu cuñada, a fin de dar sucesión a tu hermano4. 9Pero Onán, sabiendo que la sucesión no había de ser suya, aunque se acostaba con ella, impedía el que concibiese5, para que no nacieran hijos con el nombre del hermano. 10Por lo cual el Señor lo hirió de muerte, en castigo de acción tan detestable. 11Visto esto, dijo Judá a su nuera Tamar: Mantente viuda en casa de tu padre, hasta que haya crecido mi hijo Sela; y era que temía no muriera también éste6, como sus hermanos. Se fue ella, y vivió en la casa de su padre.

El engaño de Tamar

12Pasados ya muchos días, murió la hija de Sué, mujer de Judá; el cual después de los funerales, concluido el duelo, iba un día con Hiras el odollamita, mayoral del ganado, al esquileo de sus ovejas a Tamnas7. 13Y avisaron a Tamar que su suegro iba a Tamnas, al esquileo de las ovejas. 14La cual, depuesto el traje de viuda8, tomó un manto o mantilla grande, y mudando de traje, se sentó en la encrucijada del camino9 que va a Tamnas; porque veía que Sela había ya crecido, y no se lo habían dado por marido. 15Judá, luego que la vio, sospechó que era una mujer pública; porque se había cubierto el rostro para no ser reconocida. 16Y acercándose a ella, dijo: Déjame que cohabite contigo, no sabiendo que fuese su nuera. La cual le respondió: ¿Qué me darás por hacer tu gusto? 17Te enviaré, dijo Judá, un cabrito de mi ganado10. A lo que contestó Tamar: Permitiré lo que tú quieres, con tal que me des una prenda, hasta enviar lo que prometes. 18A lo cual dijo Judá: ¿Qué prenda quieres? Ese anillo o sello tuyo11, respondió, y el brazalete, y el bastón que tienes en la mano. Quedó, pues, entonces mismo, embarazada la mujer, 19y levantándose se retiró, y dejado el traje que había tomado, se vistió otra vez de viuda.

20Judá después envió el cabrito por mano de su pastor, el odollamita, para recobrar las prendas que había dado a la mujer; el cual, como no la hallase, 21preguntó a las gentes vecinas: ¿Dónde está la mujer que solía ponerse en la encrucijada? Le respondieron todos: Aquí no ha habido ramera alguna12. 22Volvió, pues, a Judá, y le dijo: No la he hallado, y aun toda la gente de aquel lugar me ha asegurado que jamás habían visto allí mujer pública. 23Dijo Judá: Quédese en hora buena con lo que tiene13, a lo menos no podrá acusarnos de mentira; yo he remitido el cabrito que prometí, y tú no la has hallado.

Tamar, más justa que Judá

24Pero he aquí que al cabo de tres meses avisaron a Judá, diciendo: Tu nuera Tamar ha pecado, pues se va observando que está embarazada; y dijo Judá: Sacadla fuera, para que sea públicamente quemada14. 25La cual, mientras era conducida al suplicio, envió un recado a su suegro, diciendo: Del varón de quien son estas prendas, he yo concebido; mira bien cuyo es ese anillo15, y ese brazalete, y ese bastón. 26Judá, reconocidas las prendas, dijo: Menos culpa tiene ella que yo16, puesto que yo no la entregué por esposa a Sela, hijo mío. Pero nunca más tuvo Judá trato carnal con ella17.

Fares y Zara

27Sobreviniendo después el parto, se vio que llevaba gemelos en el vientre18; y en el acto mismo de salir a luz los niños, uno de ellos sacó la mano, en la cual la partera ató un hilo encarnado diciendo: 28Este saldrá el primero19. 29Mas como él retirase la mano, salió el otro; y dijo entonces la mujer: ¿Cómo es que se ha roto por tu causa la piel o membrana? Y por este motivo llamó su nombre Fares20. 30Después salió su hermano, en cuya mano estaba el hilo encarnado, al cual llamó Zara.

Para profundizar3 min

Las mujeres de la genealogía de Jesús

El Evangelio según san Mateo empieza con una genealogía: «Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán» (Mt 1,1). Es una lista de varones, como era costumbre, pero el evangelista rompe la costumbre cuatro veces y nombra a cuatro mujeres antes de María: Tamar (1,3), Rajab (1,5), Rut (1,5) y «la que fue mujer de Urías», Betsabé (1,6). No nombra a Sara, a Rebeca ni a Raquel, las grandes matriarcas, sino a estas cuatro. ¿Por qué?

Las cuatro tienen historias irregulares. Tamar se hizo pasar por prostituta para obtener de su suegro la descendencia que se le negaba (Gn 38). Rajab era una prostituta de Jericó que escondió a los espías de Israel y se unió a su pueblo (Jos 2; 6,25). Rut, la moabita, se acercó de noche a Booz en la era para pedirle que la tomara bajo su protección (Rt 3). Betsabé fue la mujer con la que David cometió adulterio, antes de hacer matar a su marido (2 Sam 11). Además, las cuatro estaban ligadas a pueblos extranjeros: Tamar y Rajab eran probablemente cananeas, Rut era moabita y Betsabé era la esposa de un hitita, Urías.

Los Padres de la Iglesia dieron varias explicaciones. San Jerónimo, en su comentario al Evangelio de Mateo, observó que en la genealogía del Salvador no aparece ninguna de las mujeres santas, sino mujeres a las que la Escritura reprocha algo, para que se entendiera que quien venía por los pecadores quiso nacer de pecadores y así borrar los pecados de todos. San Juan Crisóstomo, en sus homilías sobre san Mateo, subrayó además su condición de extranjeras: Cristo no se avergüenza de su linaje, porque vino a sanar a todos, judíos y paganos.

Muchos intérpretes modernos añaden otra clave: las cuatro son mujeres por las que la historia de la salvación siguió adelante de manera inesperada, a menudo gracias a su iniciativa y su valentía. Tamar defiende la descendencia de Judá, que el propio Judá ponía en peligro. Rajab arriesga su vida y entra en el pueblo de Dios. Rut elige al Dios de Noemí: «tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios» (Rt 1,16). Betsabé, a pesar del pecado de David, es la madre de Salomón y asegura su sucesión (1 Re 1). En todas, Dios escribe la historia del Mesías con líneas que los hombres considerarían torcidas.

Así preparan a la quinta mujer, María, con quien la genealogía cambia de forma: ya no dice «engendró», sino «José, el esposo de María, de la cual nació Jesús» (Mt 1,16). También su maternidad será inesperada y estará envuelta en sospecha, hasta que el ángel la explique a José (Mt 1,18-25). Pero ella no es pecadora: es la llena de gracia (Lc 1,28), preservada de todo pecado desde su concepción (Catecismo, nn. 490-493). En ella culmina lo que las otras anunciaban: Dios realiza sus promesas por caminos imprevisibles, y no se avergüenza de entrar en una historia humana real, con sus heridas.

Para nosotros es una buena noticia. La genealogía de Jesús no es un árbol de familia sin manchas, sino una historia de gracia. Nadie queda excluido del plan de Dios por su origen o por su pasado. Lo que Dios pide es lo que mostraron Tamar, Rajab y Rut: fidelidad, valentía y fe.

Pausa

Dos o tres preguntas, una oración breve y espacio para escribir.

  1. Judá cambió cuando dejó de culpar a otros y dijo «ella es más justa que yo». ¿Qué te cuesta reconocer?
  2. Tamar no humilló a Judá en público, aunque tenía razón. ¿Cómo corriges tú a quien se ha equivocado contigo?
  3. Dios escribió la genealogía de Jesús con historias como esta. ¿Qué te dice eso sobre tu propia historia?
Para orarSeñor, dame la humildad de Judá para reconocer mis faltas, y la valentía de Tamar para defender lo justo.
Lo que escribes se guarda solo en este dispositivo. Guardado.Ver todo lo que escribí
Las 20 notas del capítulo
  1. 1ContextoGn 38,1

    «separándose de sus hermanos»

    Judá se aparta de su familia y se instala en Odolam, en las colinas al suroeste de Belén, donde siglos después se esconderá David (1 Sam 22,1). Se casa con una cananea, lo que Abrahán e Isaac habían querido evitar (24,3; 28,1). El libro de las Crónicas la llama Bat-Súa, «la hija de Súa», al presentar la genealogía de Judá (1 Cr 2,3).

  2. 2PalabraGn 38,5

    «después de nacido éste, no parió más»

    El hebreo dice otra cosa: «estaba en Quezib cuando lo dio a luz». Quezib suena como el verbo kazab, «fallar, engañar». Algunos ven aquí un guiño del narrador: Sela será el hijo de la promesa incumplida, el que Judá retendrá para no dárselo a Tamar (v. 14). La Vulgata, y con ella Torres Amat, entendió que la madre dejó de tener hijos.

  3. 3ContextoGn 38,7

    «fue un malvado a los ojos del Señor»

    El texto no dice qué hizo Her. Su nombre hebreo, Er, tiene las mismas letras que ra, «malo», en orden inverso. Su muerte deja a Tamar viuda y sin hijos, y pone en marcha toda la historia.

  4. 4PalabraGn 38,8

    «a fin de dar sucesión a tu hermano»

    Es la costumbre que se llamará «ley del levirato», del latín levir, «cuñado»: si un hombre moría sin hijos, su hermano debía casarse con la viuda, y el primer hijo llevaría el nombre del difunto y heredaría sus bienes (Dt 25,5-10). Es la base del libro de Rut y de la pregunta de los saduceos a Jesús (Mt 22,24).

  5. 5FeGn 38,9

    «impedía el que concibiese»

    Onán acepta el matrimonio, pero frustra su fin para no dar a su hermano una descendencia que reduciría su propia herencia: usa a Tamar y le niega lo que le debe. Muchos exegetas subrayan sobre todo esa falta contra el deber familiar. La tradición moral católica ha citado también este pasaje al hablar de la unión conyugal abierta a la vida, como Pío XI en la encíclica Casti connubii (1930).

  6. 6ContextoGn 38,11

    «temía no muriera también éste»

    Judá culpa a Tamar de la muerte de sus hijos, como si trajera mala suerte, y la manda a casa de su padre con una promesa que no piensa cumplir. Ella queda en una situación imposible: viuda, sin hijos, sin poder casarse con otro y obligada a esperar a un cuñado que no llega.

  7. 7ContextoGn 38,12

    «al esquileo de sus ovejas a Tamnas»

    El esquileo era una fiesta de pastores, con banquete y vino abundante, como se ve en la historia de Nabal (1 Sam 25,2-11) o en la de Absalón, que aprovechó un esquileo para vengarse de su hermano (2 Sam 13,23-29). Tamar elige bien el momento: Judá, que acaba de terminar el luto por su esposa, va a una fiesta. Tamnas era una aldea de las colinas de Judá.

  8. 8ContextoGn 38,14

    «depuesto el traje de viuda»

    Las viudas llevaban ropas propias que las distinguían, como Judit, que se las quitará solo para salvar a su pueblo (Jdt 10,3). Tamar se quita el vestido de viuda, que la condenaba a esperar, y se cubre con un velo. Es una decisión audaz para reclamar lo que la ley le reconocía.

  9. 9PalabraGn 38,14

    «se sentó en la encrucijada del camino»

    El hebreo dice «a la entrada de Enáyim», un lugar cuyo nombre significa «los dos manantiales» o «los ojos». La Vulgata lo entendió como un cruce de caminos. Hay ironía: Judá no tendrá ojos para reconocer a su nuera.

  10. 10FeGn 38,17

    «un cabrito de mi ganado»

    Otra vez un cabrito. Con la sangre de un cabrito Judá y sus hermanos engañaron a su padre (37,31), como Jacob había engañado a Isaac con cabritos (27,9.16). Ahora el cabrito que Judá promete es el precio de su propia humillación. El narrador no comenta, pero las piezas encajan: el engañador termina engañado.

  11. 11ContextoGn 38,18

    «Ese anillo o sello tuyo»

    El hebreo dice «tu sello, tu cordón y tu bastón». El sello era un pequeño cilindro de piedra grabado que se colgaba al cuello con un cordón y servía de firma; el bastón llevaba también marcas personales. Era como dejar en prenda el documento de identidad: Tamar se asegura la prueba.

  12. 12PalabraGn 38,21

    «Aquí no ha habido ramera alguna»

    El amigo de Judá usa una palabra distinta de la del v. 15: qedeshá, «consagrada», que suele traducirse como prostituta de un santuario pagano. Hoy se discute que esa práctica existiera; quizá el amigo usa un término más respetable para no escandalizar.

  13. 13ContextoGn 38,23

    «Quédese en hora buena con lo que tiene»

    Judá prefiere perder su sello y su bastón antes que exponerse a las burlas buscando a una prostituta. Le importa más su reputación que su palabra empeñada. La misma preocupación por la imagen le hará reaccionar con dureza cuando sepa que Tamar está embarazada.

  14. 14ConexiónGn 38,24

    «para que sea públicamente quemada»

    Judá, que se acostó con la que creía una prostituta, condena sin vacilar a su nuera a una muerte atroz. Es la doble medida que Jesús desenmascarará ante la mujer sorprendida en adulterio: «el que de vosotros esté sin pecado, tire la primera piedra» (Jn 8,7).

  15. 15ContextoGn 38,25

    «mira bien cuyo es ese anillo»

    Tamar no acusa en público: deja que Judá reconozca sus prendas, y le da la ocasión de confesar. El Talmud admira este gesto y saca de él una enseñanza: más vale dejarse arrojar a un horno ardiente que avergonzar a otro en público. En hebreo, «mira bien» es la misma expresión (haker-na, «reconoce») que usaron los hermanos al enseñar a Jacob la túnica de José (37,32). El que hizo «reconocer» a su padre tiene ahora que reconocer.

  16. 16FeGn 38,26

    «Menos culpa tiene ella que yo»

    El hebreo dice: «ella es más justa que yo». Es el momento en que Judá empieza a cambiar: reconoce públicamente su pecado. El que vendió a su hermano llegará a ofrecerse como esclavo por Benjamín (44,33). La conversión empieza por llamar a las cosas por su nombre.

  17. 17ContextoGn 38,26

    «nunca más tuvo Judá trato carnal con ella»

    Judá no toma a Tamar como esposa, pero ella ya no queda humillada: será madre de dos hijos que llevarán adelante la descendencia de Judá. El levirato, que Onán y el propio Judá negaron, se cumple por un camino imprevisto.

  18. 18ConexiónGn 38,27

    «se vio que llevaba gemelos en el vientre»

    En hebreo la frase es casi idéntica a la del nacimiento de Esaú y Jacob (25,24). El narrador invita a comparar: otra vez dos gemelos que se disputan el primer lugar desde el seno materno, y otra vez el que parecía el primero queda segundo.

  19. 19ConexiónGn 38,28

    «Este saldrá el primero»

    El hilo encarnado recuerda el cordón rojo que salvará a Rajab en Jericó (Jos 2,18); Tamar y Rajab son dos de las cuatro mujeres que san Mateo nombra en la genealogía de Jesús (Mt 1,3.5; ver «Para profundizar» al final del capítulo).

  20. 20PalabraGn 38,29

    «llamó su nombre Fares»

    Fares (Pérets) significa «brecha»: el niño se abre paso. Torres Amat sigue la Vulgata, que habla de una «pared» rota, y la explica como la «membrana». Zara (Zéraj, v. 30) significa «resplandor» o «aurora». De Fares descienden Booz y David (Rt 4,18-22), y por ellos Jesús.