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Génesis 39 · José y la mujer de Putifar
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Génesis

Génesis 39: José y la mujer de Putifar

23 versículos · 18 notas · 3 min de lecturaPausa

Vendido como esclavo, José prospera en casa de un alto funcionario egipcio, porque «el Señor estaba con él»: la frase abre y cierra el capítulo como un marco (vv. 2-3 y 21-23). En medio, la prueba: la mujer de su amo lo acosa día tras día, José resiste, huye dejando su capa en sus manos y termina en la cárcel por una calumnia. El capítulo enseña que la fidelidad a Dios no garantiza el éxito inmediato; pero también que, incluso en la cárcel, Dios sigue con el justo y prepara, sin que él lo sepa, el camino de su exaltación.

José en casa de Putifar

1José, pues, como queda dicho, fue conducido a Egipto, y le compró Putifar, egipcio1, eunuco del faraón y general de sus tropas, de mano de los ismaelitas que le habían llevado. 2Y el Señor le asistió2; y era hombre a quien todo cuanto hacía le salía felizmente; y habitaba en la casa de su amo, 3el cual conocía muy bien que el Señor estaba con José, y que le favorecía y bendecía en todas sus acciones. 4Así José halló gracia en los ojos de su amo, al cual servía con esmero; y puesto por él al frente de todo3, gobernaba la casa confiada a su cuidado, y todos los bienes que se le habían entregado. 5Y el Señor derramó la bendición sobre la casa del egipcio por amor de José4, y multiplicó toda su hacienda tanto en la ciudad como en la campiña; 6de suerte que el amo no tenía otro cuidado que el de ponerse a la mesa para comer5. A más de esto José era de rostro hermoso, y de gallarda presencia;

La tentación

7por lo que al cabo de muchos días puso su señora los ojos en él6, y le dijo: Duerme conmigo. 8El cual, no queriendo de ninguna manera consentir en tal maldad, le contestó: Tú ves que mi señor, habiéndome confiado todas las cosas, no sabe lo que tiene en su casa7. 9No hay cosa chica ni grande que no esté a mi disposición, o que no me haya entregado, a excepción de ti que eres su mujer; pues, ¿cómo puedo yo cometer esa maldad y pecar contra mi Dios?8 10Todos los días continuaba la mujer9 molestando del mismo modo al joven, rehusando siempre éste el adulterio.

11Pero aconteció que un día, entrando José en casa, se puso a despachar cierto negocio a solas; 12y ella, habiéndole asido de la orla de su capa, le dijo también: Duerme conmigo. Entonces José, dejándole la capa en las manos10, huyó y se salió fuera de casa11. 13Viéndose la mujer con la capa en las manos, y que había sido despreciada, 14llamó a sus domésticos, y les dijo: Ved lo que ha hecho mi marido: nos ha metido en casa este mozo hebreo, para insultarnos12; ha entrado donde yo estaba para deshonrarme; mas habiendo yo levantado el grito, 15y oído él mismo voces, ha dejado la capa de que yo le así, y escapado fuera.

16En prueba, pues, de su fidelidad, cuando el marido volvió a casa, le mostró la capa con que se había quedado, 17y le dijo: Ese siervo hebreo que tú trajiste13, entró en donde yo estaba con el fin de forzarme; 18mas como me oyó gritar, soltó la capa que yo tenía asida, y huyó afuera.

José en la cárcel

19El amo, oídas tales cosas, y demasiado crédulo a las palabras de su mujer14, se enojó sobremanera, 20y mandó meter a José en la cárcel, en que se guardaban los reos de delitos contra el rey15, y allí estaba encerrado. 21Pero el Señor asistió a José, y compadecido de él16, le hizo grato a los ojos del alcaide de la cárcel. 22El cual entregó a su cuidado todos los presos17 que estaban allí encerrados; y no se hacía cosa que no fuese por su orden. 23Ni el alcaide tenía cuenta de nada, fiándose de José en todo; porque el Señor le asistía y dirigía todas sus acciones18.

Pausa

Dos o tres preguntas, una oración breve y espacio para escribir.

  1. José huyó de la tentación. ¿Qué ocasiones de pecado necesitas evitar, en lugar de confiar en tus propias fuerzas?
  2. «El Señor estaba con José», también en la cárcel. ¿Dónde necesitas descubrir hoy que Dios está contigo?
Para orarSeñor, que estuviste con José en la esclavitud y en la cárcel, no me dejes caer en la tentación.
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Las 18 notas del capítulo
  1. 1ContextoGn 39,1

    «le compró Putifar, egipcio»

    Con «como queda dicho», Torres Amat recoge el hilo de 37,36, interrumpido por la historia de Judá. El narrador subraya que Putifar es «un egipcio»: José, con unos diecisiete años, está solo en un mundo extraño, con otra lengua, otros dioses y otras costumbres. Es la situación de muchos emigrantes y desplazados de todos los tiempos.

  2. 2FeGn 39,2

    «el Señor le asistió»

    El hebreo dice «el Señor estaba con José», y lo repite al principio y al final del capítulo (vv. 2, 3, 21 y 23). Dios no le evita la esclavitud ni la cárcel, pero está con él en ellas. San Esteban lo resumirá: Dios estaba con José y lo libró de todas sus tribulaciones (Hch 7,9-10).

  3. 3PalabraGn 39,4

    «puesto por él al frente de todo»

    El hebreo dice que Putifar lo nombró «sobre su casa», es decir, mayordomo. Es un título conocido en Egipto: el «jefe de la casa» administraba las tierras, los graneros, los siervos y las cuentas de un gran señor. José, el pastor, aprende allí el oficio de administrador que le servirá para gobernar Egipto.

  4. 4ConexiónGn 39,5

    «por amor de José»

    La bendición llega a la casa de un egipcio gracias a José. Se cumple lo prometido a Abrahán: «en ti serán benditas todas las familias de la tierra» (12,3). El creyente es una bendición para los que le rodean, aunque sea un esclavo extranjero.

  5. 5PalabraGn 39,6

    «el de ponerse a la mesa para comer»

    El hebreo dice que Putifar no se ocupaba de nada «sino del pan que comía»; quizá significa que José lo administraba todo, menos la comida de su amo, que un egipcio no compartía con un hebreo (43,32). En hebreo, las palabras siguientes, «de rostro hermoso y de gallarda presencia», son las mismas que describían a su madre Raquel (29,17).

  6. 6ContextoGn 39,7

    «puso su señora los ojos en él»

    Un relato egipcio, el Cuento de los dos hermanos (papiro d'Orbiney, hacia 1200 a. C., hoy en el Museo Británico), cuenta algo parecido: la esposa del hermano mayor intenta seducir al menor y, rechazada, lo acusa falsamente. El Génesis usa un motivo conocido, pero lo convierte en una historia de fidelidad a Dios.

  7. 7FeGn 39,8

    «no sabe lo que tiene en su casa»

    José responde con razones, no solo con un no. Primero, la lealtad: su amo le ha confiado todo. Después, el respeto al matrimonio: ella es la mujer de otro (v. 9). Y por encima de todo, Dios: sería «pecar contra mi Dios». La moral de José no es miedo a ser descubierto, sino fidelidad a una relación.

  8. 8FeGn 39,9

    «¿cómo puedo yo cometer esa maldad y pecar contra mi Dios?»

    José no se niega solo por lealtad a su amo, sino porque el adulterio es un pecado contra Dios. El Catecismo define el pecado como «una ofensa a Dios» (n. 1850). José, esclavo y lejos de su tierra, sin nadie que lo vea, sigue viviendo delante de Dios.

  9. 9FeGn 39,10

    «Todos los días continuaba la mujer»

    La tentación no es un momento aislado: vuelve «todos los días». José no se fía de sus fuerzas: evita estar con ella y, cuando no puede evitarlo, huye. San Pablo dirá: «huid de la fornicación» (1 Cor 6,18). Huir de la ocasión no es cobardía, sino sabiduría.

  10. 10ContextoGn 39,12

    «dejándole la capa en las manos»

    Por segunda vez, José pierde una prenda y otros la usan para mentir sobre él: la túnica manchada de sangre (37,31) y ahora la capa. Pero esta vez no pierde nada que importe de verdad: conserva su inocencia.

  11. 11FeGn 39,12

    «huyó y se salió fuera de casa»

    San Ambrosio, en su tratado Sobre José, presenta al patriarca ante todo como «espejo de castidad», un modelo para los jóvenes. José prefiere perder la capa, el puesto y la libertad antes que la integridad. La Iglesia ve en la castidad no una represión, sino el dominio de sí que permite amar de verdad (Catecismo, n. 2339).

  12. 12PalabraGn 39,14

    «este mozo hebreo, para insultarnos»

    La mujer habla a los criados de un «hebreo», un extranjero, para ponerlos de su parte (ver nota a 14,13). El verbo que se traduce por «insultarnos» es letsajeq, «burlarse», el mismo que da nombre a Isaac (ver nota a 26,8).

  13. 13ContextoGn 39,17

    «Ese siervo hebreo que tú trajiste»

    Ante su marido, la mujer cambia el relato con habilidad: el culpable es «ese siervo hebreo», y de paso culpa al propio Putifar, que «lo trajo» a casa. Ya a los criados les había dicho que su marido «nos ha metido en casa» a este extranjero (v. 14). La calumnia juega con el desprecio al forastero.

  14. 14ContextoGn 39,19

    «demasiado crédulo a las palabras de su mujer»

    La Vulgata, y con ella Torres Amat, añade un juicio que no está en el hebreo. Curiosamente, Putifar no manda matar a José, como habría correspondido a un esclavo acusado de intentar violar a la esposa de su amo, sino que lo encierra en la cárcel de los presos del rey. Quizá no creía del todo a su mujer.

  15. 15PalabraGn 39,20

    «la cárcel, en que se guardaban los reos de delitos…»

    El hebreo la llama bet ha-sóhar, «la casa redonda», quizá una fortaleza. Allí estarán también el copero y el panadero del faraón (40,3): en el lugar más bajo, José está, sin saberlo, al comienzo del camino que lo llevará al palacio.

  16. 16PalabraGn 39,21

    «compadecido de él»

    El hebreo dice que el Señor «le mostró su jésed», una palabra clave de la Biblia: amor fiel, lealtad, misericordia. Es el amor que no abandona, que el Salmo 136 repite como estribillo: «porque es eterna su misericordia».

  17. 17ContextoGn 39,22

    «entregó a su cuidado todos los presos»

    La escena se repite por segunda vez: en casa de Putifar y ahora en la cárcel, José llega a administrarlo todo. Pronto ocurrirá una tercera, en todo Egipto (41,40). Cada caída es más honda, y cada vez Dios lo levanta más alto. El justo puede ser despojado de todo menos de lo que es.

  18. 18ConexiónGn 39,23

    «porque el Señor le asistía y dirigía todas sus acciones»

    El Salmo 105 resume así esta etapa: Dios envió delante de su pueblo a un hombre, José, vendido como esclavo; le pusieron grillos en los pies y un hierro al cuello, hasta que se cumplió su palabra y la palabra del Señor lo acreditó (Sal 105,17-19). La cárcel fue para José una escuela.