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Génesis 24 · Rebeca, esposa de Isaac
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Génesis

Génesis 24: Rebeca, esposa de Isaac

67 versículos · 28 notas · 9 min de lectura1 cuadro · Para profundizar · Pausa

El capítulo más largo del Génesis es una historia de amor guiada por la providencia. Tiene cinco escenas: el encargo de Abrahán a su criado, la oración junto al pozo, el encuentro con Rebeca, la negociación en casa de Labán, donde el criado vuelve a contar todo, y el encuentro con Isaac al atardecer. Hay un criado fiel que no busca su gloria, una oración sencilla, una joven generosa que da de beber a diez camellos, un «iré» valiente y un hijo que encuentra consuelo en su esposa. Dios no habla en todo el capítulo: actúa por medio de las personas.

La misión del criado

1Viéndose Abrahán ya viejo, y de edad muy avanzada, y que el Señor le había bendecido en todas las cosas, 2dijo al criado más antiguo de su casa1, y mayordomo de cuanto tenía: Pon tu mano debajo de mi muslo2, 3para tomarte juramento por el Señor Dios del cielo y de la tierra, que no casarás a mi hijo con mujer de las hijas de los cananeos3, entre los cuales habito; 4sino que irás a mi tierra y a la parentela mía4, y de allí traerás mujer para mi hijo Isaac. 5Respondió el criado: Y si la mujer no quisiese venir conmigo a este país, ¿debo por ventura llevar a tu hijo al lugar de donde tú saliste? 6Guárdate bien, dijo Abrahán, de conducir jamás allá a mi hijo5. 7El Señor Dios del cielo, que me sacó de la casa de mi padre, y de la tierra de mi nacimiento, el cual me habló, y me juró diciendo: A tu descendencia daré esta tierra: él mismo enviará su ángel delante de ti6, y hará que traigas de aquel país mujer para mi hijo: 8Que si la mujer no quisiere seguirte, quedarás desobligado del juramento; pero en ningún caso lleves allá jamás a mi hijo. 9Con esto el criado puso la mano debajo del muslo de Abrahán su señor, y le juró hacer todo lo dicho. 10Tomó luego diez camellos7 del ganado de su amo, y partió, llevando consigo de lo mejor de todos los bienes de Abrahán, y puesto en camino, llegó a Mesopotamia8, a la ciudad de Nacor. 11Allí, habiendo hecho descansar los camellos fuera de la ciudad junto a un pozo de agua al caer la tarde, al tiempo que suelen salir las mujeres a sacar agua9, dijo a Dios: 12Señor Dios de mi amo Abrahán, asísteme10, te ruego, en este día, y sé propicio a Abrahán mi amo. 13He aquí que yo estoy cerca de esta fuente, y las hijas de los moradores de esta ciudad vendrán a sacar agua. 14La doncella, pues, a quien yo dijere: Baja tu cántaro para que yo beba, y ella respondiere: Bebe, y aun a tus camellos daré también de beber: ésa es la que tú tienes preparada para tu siervo Isaac: y en eso conoceré que has sido propicio a mi amo.

15No bien había acabado de decir dentro de sí estas palabras11, cuando he aquí Rebeca, hija de Batuel, hijo de Melca, mujer de Nacor, hermano de Abrahán, que salía con su cántaro al hombro; 16joven en extremo agraciada, doncella hermosísima y todavía virgen12: había bajado ya a la fuente, y, llenado el cántaro, se volvía. 17Fue, pues, a su encuentro el criado de Abrahán, y le dijo: Dame a beber un poquito de agua de tu cántaro. 18La cual respondió: Bebe, señor mío; y diciendo y haciendo, bajó el cántaro sobre su brazo y le dio de beber. 19Y acabando de darle de beber, añadió: Voy también a sacar agua para tus camellos13, hasta que beban todos. 20Y vaciando el cántaro en los canales o bebederos, fue otra vez corriendo al pozo a sacar agua, que dio en seguida a todos los camellos. 21Entretanto la estaba él contemplando en silencio, ansioso de saber si Dios había prosperado o no su viaje.

22Abrevados ya los camellos, le presentó el hombre unos pendientes de oro, que pesaban dos siclos14, y dos brazaletes que pesaban diez. 23Y la preguntó: Dime, ¿de quién eres hija?; ¿hay en casa de tu padre lugar para alojarme esta noche? 24Yo soy, respondió ella, hija de Batuel, hijo de Melca, y de Nacor su esposo. 25Y añadió: De paja y forraje hay en casa provisión abundante, y mucha capacidad para hospedaje. 26El hombre entonces se inclinó profundamente, y adoró al Señor15, 27diciendo: Bendito sea el Señor Dios de mi amo Abrahán, que tan propicio se ha mostrado con él según la verdad de sus promesas16, guiándome vía recta a la casa del hermano de mi amo.

En casa de Labán

28La muchacha se fue corriendo a casa de su madre17, y contó todo cuanto había oído. 29Tenía Rebeca un hermano llamado Labán, el cual salió a toda prisa en busca del hombre, al lugar en que estaba la fuente. 30Y como había visto ya los pendientes y los brazaletes18 en las manos de su hermana, la cual le había contado también todo cuanto le había dicho aquel hombre, vino a encontrarle cuando estaba aún cerca de la fuente con sus camellos, 31y le dijo: Entra, bendito del Señor: ¿qué haces ahí fuera? Preparado he para ti hospedaje, y lugar también para tus camellos. 32Con eso le introdujo en el alojamiento, y descargó los camellos, y les dio paja y heno, y trajo agua para lavar los pies así a él como a los mozos que le acompañaban. 33Y le pusieron delante la comida. Mas él dijo: No comeré hasta que os haya expuesto mi comisión19. Di, pues, le contestó Labán.

34Entonces les habló él de esta manera: Yo soy criado de Abrahán. 35El Señor ha colmado de bendiciones a mi amo, y le ha engrandecido sobremanera; le ha dado ovejas y bueyes, plata y oro, esclavos y esclavas, camellos y asnos. 36Sara, mujer de mi amo, le parió en su vejez un hijo, a quien ha dado todos sus bienes. 37Y mi amo me ha juramentado, diciendo: No tomarás para mi hijo mujer de las hijas de los cananeos, en cuya tierra habito; 38sino que irás a la casa de mi padre, y traerás de mi linaje una mujer para mi hijo. 39Y replicándole yo: Quizá la mujer no querrá seguirme, 40me respondió: El Señor, en cuya presencia ando, enviará su ángel contigo, y dirigirá tus pasos; y tú tomarás para mi hijo mujer de mi parentela y de la casa de mi padre. 41Mas si yendo a mis parientes no quisieran dártela, exento quedarás de mi maldición o libre del juramento.

42Llegué, pues, hoy a la fuente, y dije a Dios: Señor Dios de mi amo Abrahán, si es que has enderezado este mi camino que traigo, 43he aquí que estoy junto a esta fuente: haz, pues, que la doncella que salga a sacar agua20, a quien yo diga: Dame a beber un poco de agua de tu cántaro, 44y me responda: Bebe tú, que después la sacaré también para tus camellos, sea ésa la mujer que el Señor Dios tiene destinada para el hijo de mi amo. 45Y cuando estaba yo rumiando en silencio estas cosas dentro de mí, ha comparecido Rebeca, que venía con su cántaro a cuestas, y ha bajado a la fuente, y sacado agua. Y le he dicho yo: dame un poco de beber. 46Al momento ha bajado ella el cántaro del hombro, y me ha dicho: Bebe tú, y voy también a dar de beber a tus camellos. Bebí, pues, y ella ha abrevado mis camellos. 47En seguida le he preguntado, y dicho: ¿De quién eres hija? Soy hija de Batuel, hijo de Nacor, y de Melca, ha respondido ella. Luego le he puesto unos pendientes para adorno de su rostro, y unos brazaletes en sus manos. 48Y al instante postrándome he adorado al Señor, bendiciendo al Señor Dios de mi amo Abrahán, que me ha conducido por camino recto a desposar una hija del hermano de mi amo con su hijo. 49Por lo cual, si queréis ser benéficos y leales con mi amo, declarádmelo; pero si pensáis de otro modo, decídmelo igualmente, para que yo siga mi rumbo a la derecha o a la izquierda. 50A esto respondieron Labán y Batuel: Obra es ésta del Señor21; de ningún modo podemos oponernos a lo que es conforme a su voluntad. 51Ahí tienes a Rebeca, tómala, llévala contigo, y sea muy enhorabuena esposa del hijo de tu amo, conforme lo ha manifestado el Señor. 52Así que oyó esto el criado de Abrahán, postrándose en tierra, adoró al Señor. 53Y sacando alhajas de oro, y plata, y vestidos preciosos22, se los regaló a Rebeca, y ofreció también ricos presentes a sus hermanos, y a la madre.

La partida de Rebeca

54Comenzaron después el convite, y permanecieron juntos comiendo y bebiendo. A la mañana, levantándose el criado, dijo: Despachadme, a fin de que me pueda volver a mi amo. 55A lo que respondieron los hermanos y la madre: Estese la chica con nosotros diez días siquiera, y después partirá. 56No queráis detenerme, dijo él, ya que Dios ha prosperado mi camino; dejadme volver a mi amo. 57Ellos replicaron: Llamemos a la chica, y veamos lo que dice. 58Llamada, pues, vino, y le preguntaron: ¿Quieres ir con este hombre? Iré, respondió ella23.

59Con eso la dejaron ir, acompañada de su ama de leche, con el criado de Abrahán, y sus compañeros, 60deseando toda suerte de felicidad a su hermana, y diciendo: Hermana nuestra eres, ¡oh! crezcas en mil y mil generaciones24, y apodérese tu posteridad de las ciudades de sus enemigos. 61Con esto Rebeca y sus doncellas, montando en los camellos, siguieron al hombre, el cual se volvía presuroso a casa de su amo.

Isaac y Rebeca

62Al mismo tiempo Isaac se estaba paseando por el camino que va al pozo llamado Pozo del Dios Viviente y que Mira25, porque moraba en la tierra meridional no lejos de él. 63Y había salido al campo a meditar26, caído ya el día; y habiendo alzado los ojos, vio venir a los camellos a lo lejos. 64Rebeca también, cuando alcanzó a ver a Isaac, se bajó del camello, 65y preguntó al criado: ¿Quién es aquel hombre que viene por el campo a nuestro encuentro? Y le respondió: Aquel es mi amo. Y ella cogiendo prontamente el manto, se tapó27. 66Isaac, después de haberle contado el criado cuanto había hecho, 67la hizo entrar en el pabellón de Sara, su madre, y la tomó por mujer; y la amó28 en tanto grado, que se le templó el dolor que la muerte de Sara su madre le había causado.

Cuadro

La familia de Abrahán

Rama de Abrahánla línea de la promesaRama de Nacorse queda en HaránRama de Aránmuere en Ur antes que su padre
Taré, padre de los tres hermanos (11,26-27)
Abrahán ∞ Sara, su media hermana (20,12); también Agar y CeturaNacor ∞ Milca, su sobrina, hija de Arán (11,29)Arán (11,28)
Isaac, de Sara · Ismael, de Agar · Madián y otros cinco, de Cetura (25,1-2)Batuel y siete hermanos más; Roma, la concubina, le da otros cuatro (22,20-24)Lot · Milca, esposa de Nacor · Jescá (11,27-29)
Esaú y Jacob, gemelos de Isaac ∞ Rebeca (25,24-26)Rebeca ∞ Isaac · Labán (24,15.29)Moab y Amón, hijos de Lot (19,36-38)
Los doce hijos y la hija de Jacob (29 – 30; 35,23-26)Lía y Raquel, hijas de Labán, ∞ Jacob (29)Los moabitas y los amonitas

Cada fila es una generación; ∞ indica matrimonio. La familia se casa dentro del clan para conservar la fe y no mezclarse con los cananeos: Nacor con su sobrina, Isaac con Rebeca, hija de su primo Batuel, y Jacob con sus dos primas, Lía y Raquel. La Ley prohibirá después casarse con una media hermana (Lv 18,9) o con dos hermanas a la vez (Lv 18,18).

Para profundizar3 min

El matrimonio en tiempo de los patriarcas

En el mundo de los patriarcas, el matrimonio no era un asunto solo de dos personas, sino una alianza entre familias. Los padres lo arreglaban: Abrahán encarga a su criado buscar esposa para Isaac, Agar elige una egipcia para Ismael (21,21), Siquem pide a su padre que le consiga a Dina (34,4), Judá casa a su hijo con Tamar (38,6). Era normal casarse dentro del propio clan, incluso entre primos: Nacor se casa con su sobrina Milca, Isaac con Rebeca, que es hija de su primo, y Jacob con sus primas Lía y Raquel. Para el Génesis, esta preferencia no nace del orgullo de familia sino de la fe: casarse con cananeos significaba adoptar sus dioses (24,3; 27,46 – 28,1), y la Ley lo prohibirá por ese motivo (Dt 7,3-4).

El matrimonio implicaba también bienes. El novio o su familia entregaban a la familia de la novia un pago, el mohar (34,12; Éx 22,15-16), que compensaba la pérdida de una hija y sellaba el compromiso; Jacob, que llegó sin nada, lo pagó con siete años de trabajo (29,18). Había además regalos para la novia y su familia, como las joyas y vestidos de este capítulo (v. 53). Por su parte, el padre de la novia le daba una dote, que a veces incluía esclavas: Labán da a Lía y a Raquel a Zelfa y a Bala (29,24.29), y Rebeca parte con su nodriza (v. 59). Las leyes de la época, como el Código de Hammurabi, regulan con detalle estos pagos. No era exactamente comprar una esposa, pero sí un contrato en el que la mujer tenía poca voz.

Por eso llama la atención la pregunta de la familia: «¿Quieres ir con este hombre?», y la respuesta de Rebeca: «Iré» (vv. 57-58). Algunos piensan que solo le preguntan si quiere partir ya o esperar diez días (v. 55); pero la tradición judía, con Rashi, vio aquí el principio de que una mujer no puede ser casada sin su consentimiento. La Iglesia ha desarrollado esa intuición hasta el final: el intercambio del consentimiento entre los esposos es lo que «hace el matrimonio» (Catecismo, n. 1626), y debe ser un acto libre de la voluntad de cada uno, sin violencia ni temor grave (n. 1628). Para que ese «sí» sea libre y responsable, el Catecismo pide una buena preparación (n. 1632). El «iré» de Rebeca, dicho sin haber visto nunca al novio, es un acto de libertad y de fe en el Dios que ha guiado al criado.

El capítulo termina con una frase sobria y hermosa: Isaac «la tomó por mujer y la amó» (v. 67). El amor no precede al matrimonio, lo sigue y crece en él, y consuela del dolor por la madre muerta. La Biblia no idealiza esa historia: años después, Isaac y Rebeca tendrán cada uno su hijo preferido (25,28), y su familia se dividirá. Tampoco calla la poligamia de los patriarcas, con sus celos y rivalidades (caps. 16 y 29-30); el Catecismo explica que la conciencia de la unidad del matrimonio maduró poco a poco bajo la pedagogía de la Ley (n. 1610), hasta que Jesús lo devolvió a su verdad original (Mt 19,4-8).

La lección más profunda es que Dios interviene en los encuentros humanos. El criado reza, observa y agradece; la familia de Rebeca reconoce que «es obra del Señor» (v. 50). El libro de Tobías, escrito siglos después, contará otra historia parecida: un ángel guía a Tobías hasta su esposa, y los recién casados rezan en su noche de bodas con las palabras del Génesis (Tob 8,4-8). Para la fe cristiana, el matrimonio es un sacramento, signo del amor de Cristo por su Iglesia: un «gran misterio», dice san Pablo (Ef 5,32).

Pausa

Dos o tres preguntas, una oración breve y espacio para escribir.

  1. El criado pidió a Dios un signo de generosidad, no de belleza ni de riqueza. ¿Qué buscas tú en las personas que eliges como compañeros de camino?
  2. Rebeca dijo «Iré» sin conocer a Isaac. ¿A qué te está pidiendo Dios que digas «iré»?
  3. El criado agradeció a Dios en voz alta en cuanto vio su mano. ¿Qué gracia reciente no has agradecido todavía?
Para orarSeñor, guíame como guiaste al siervo de Abrahán, y dame ojos para reconocer tus signos.
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Las 28 notas del capítulo
  1. 1ContextoGn 24,2

    «al criado más antiguo de su casa»

    El texto nunca dice su nombre; la tradición lo identifica con Eliezer de Damasco (15,2). Es el modelo del servidor fiel que no busca su propia gloria, sino la de su señor: no come hasta cumplir su misión (v. 33) y vuelve en cuanto la termina (v. 56).

  2. 2ContextoGn 24,2

    «Pon tu mano debajo de mi muslo»

    Un juramento muy solemne: tocar cerca de los órganos de la generación, fuente de la vida, comprometía también a los descendientes. Jacob pedirá el mismo gesto a José (47,29).

  3. 3ContextoGn 24,3

    «no casarás a mi hijo con mujer de las hijas de los cananeos»

    Abrahán quiere que la fe se transmita en la familia; casarse con cananeos significaba adoptar sus dioses. Tobías recibirá de su padre el mismo consejo, «toma mujer de la descendencia de tus padres», recordando a Noé, Abrahán, Isaac y Jacob (Tob 4,12).

  4. 4PalabraGn 24,4

    «irás a mi tierra y a la parentela mía»

    Son las mismas palabras de la llamada: «sal de tu tierra y de tu parentela» (12,1). El criado debe recorrer en sentido inverso el camino de Abrahán, pero solo él: el heredero no debe volver atrás.

  5. 5ConexiónGn 24,6

    «Guárdate bien, dijo Abrahán, de conducir jamás allá a mi…»

    Isaac no debe volver a Mesopotamia: la promesa está ligada a la nueva tierra. La Carta a los Hebreos dice de los patriarcas: «si hubieran pensado en la patria de donde salieron, habrían tenido ocasión de volver a ella; pero aspiraban a una mejor» (Heb 11,15-16).

  6. 6FeGn 24,7

    «él mismo enviará su ángel delante de ti»

    Las últimas palabras de Abrahán que recoge la Biblia (vv. 7-8) son una profesión de confianza: Dios guiará el camino. El libro de Tobías desarrollará esta idea: el ángel Rafael acompaña a Tobías en su viaje y lo conduce hasta Sara, su futura esposa (Tob 5–7). Dios guía también los encuentros humanos.

  7. 7ContextoGn 24,10

    «diez camellos»

    Los camellos eran un lujo que muestra la riqueza de Abrahán. Los estudiosos discuten si en tiempos de los patriarcas ya estaban domesticados en Canaán: los restos más antiguos claramente domésticos, hallados en las minas de cobre de Timna, son del siglo X a. C. Quizá el autor describe las caravanas de su propia época.

  8. 8PalabraGn 24,10

    «Mesopotamia»

    Palabra griega que significa «entre ríos»: la tierra entre el Tigris y el Éufrates. El hebreo dice Aram Naharáyim, «Aram de los dos ríos». La «ciudad de Nacor» estaba en la región de Harán (11,31); unas tablillas de Mari, en el Éufrates, mencionan una ciudad llamada Nahur en esa zona.

  9. 9ContextoGn 24,11

    «al tiempo que suelen salir las mujeres a sacar agua»

    Sacar agua era trabajo diario de las mujeres, al fresco de la mañana o de la tarde (1 Sam 9,11). Por eso llama la atención que la samaritana vaya al pozo de Jacob a mediodía, sola (Jn 4,6-7): quizá evitaba a las demás.

  10. 10FeGn 24,12

    «Señor Dios de mi amo Abrahán, asísteme»

    Es la primera oración de la Biblia en que alguien pide a Dios que lo guíe en una decisión concreta. El criado pide a Dios que «haga jésed», que muestre su amor fiel, a su amo: la palabra se repite en los vv. 12, 14, 27 y 49. No pide un milagro, sino un signo de carácter: una joven generosa que ofrezca más de lo que se le pide.

  11. 11FeGn 24,15

    «No bien había acabado de decir dentro de sí estas palabras»

    La respuesta llega antes de que termine la oración, como promete Isaías: «antes que me llamen, yo responderé; aún estarán hablando, y ya los habré escuchado» (Is 65,24). Rebeca ya estaba en camino: Dios había preparado la respuesta antes de la pregunta.

  12. 12FeGn 24,16

    «joven en extremo agraciada, doncella hermosísima y…»

    Orígenes, en sus Homilías sobre el Génesis (homilía X), se fija en que Rebeca iba cada día al pozo, y la propone como imagen del alma que acude cada día a las Escrituras para sacar agua viva. Los Padres vieron también en Rebeca, que sale al encuentro del esposo, una figura de la Iglesia que va hacia Cristo.

  13. 13ContextoGn 24,19

    «Voy también a sacar agua para tus camellos»

    Un camello sediento después de una larga travesía puede beber muchas decenas de litros. Diez camellos suponen muchos viajes al pozo con el cántaro: Rebeca se ofrece a un trabajo enorme por un desconocido, y lo hace «corriendo» (v. 20), como Abrahán con sus huéspedes (18,2-7). Su generosidad es el signo pedido.

  14. 14PalabraGn 24,22

    «unos pendientes de oro, que pesaban dos siclos»

    Según el v. 47, era un adorno para el rostro: probablemente un anillo para la nariz, como se usa todavía en Oriente. El hebreo dice que pesaba «medio siclo» (beqa'), unos seis gramos; la Vulgata, a la que sigue Torres Amat, dice «dos siclos». Los brazaletes pesaban diez siclos: más de cien gramos de oro.

  15. 15FeGn 24,26

    «adoró al Señor»

    Antes de comer o de negociar, el criado se postra y da gracias. Eso es la providencia: Dios guía los pasos de quien se los confía. El criado lo reconoce y lo agradece en voz alta, delante de una desconocida.

  16. 16ConexiónGn 24,27

    «según la verdad de sus promesas»

    El hebreo dice: «que no ha retirado su jésed y su emet de mi amo», su amor fiel y su fidelidad. Es la pareja de palabras con que Dios se define a sí mismo ante Moisés, «rico en amor y fidelidad» (Éx 34,6), y con la que san Juan describe al Verbo hecho carne, «lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14).

  17. 17ContextoGn 24,28

    «a casa de su madre»

    Rebeca corre a «la casa de su madre», expresión que aparece también en Rut (Rt 1,8) y en el Cantar (Cant 3,4), ligada a los asuntos del matrimonio. El padre, Batuel, casi no aparece: solo en el v. 50, y quien lleva la negociación es el hermano. Algunos comentaristas judíos supusieron que Batuel había muerto.

  18. 18ContextoGn 24,30

    «Y como había visto ya los pendientes y los brazaletes»

    Labán sale corriendo a recibir al visitante después de ver el oro. El detalle anticipa el carácter interesado que mostrará más tarde con Jacob (caps. 29-31). Llama al criado «bendito del Señor» (v. 31): sabe usar el nombre de Dios cuando le conviene.

  19. 19ContextoGn 24,33

    «No comeré hasta que os haya expuesto mi comisión»

    El criado vuelve a contar toda la historia (vv. 34-49). Estas repeticiones son propias de la narración oral y subrayan lo esencial: todo ha sido obra de Dios. Pero cambia detalles con diplomacia: no menciona que Abrahán prohibió llevar a Isaac a Mesopotamia, y dice que puso los adornos a Rebeca después de preguntarle por su familia (v. 47).

  20. 20PalabraGn 24,43

    «la doncella que salga a sacar agua»

    Al repetir su oración, el criado llama a la joven almá, «muchacha en edad de casarse», la misma palabra de la profecía de Isaías: «la almá concebirá y dará a luz un hijo» (Is 7,14). La traducción griega usó en los dos pasajes la palabra parthenos, «virgen», y la Vulgata, virgo; san Mateo cita Isaías en esa forma (Mt 1,23).

  21. 21FeGn 24,50

    «Obra es ésta del Señor»

    Incluso Labán y Batuel reconocen la mano de Dios en lo sucedido. El libro de los Proverbios dirá: «casa y riquezas se heredan de los padres, pero la mujer prudente es don del Señor» (Prov 19,14). Cuando Dios guía, también los demás pueden verlo.

  22. 22ContextoGn 24,53

    «sacando alhajas de oro, y plata, y vestidos preciosos»

    Los regalos a la novia y a su familia formaban parte del contrato matrimonial. Las leyes del antiguo Oriente, como el Código de Hammurabi, distinguen el pago que el novio entregaba a la familia de la novia y la dote que el padre daba a su hija. Jacob, sin dinero, pagará con su trabajo (29,18). Ver «Para profundizar» al final del capítulo.

  23. 23FeGn 24,58

    «Iré, respondió ella»

    En hebreo es una sola palabra: «Iré». La familia pregunta a Rebeca, y ella decide libremente dejar su casa, como Abrahán (12,1). Rashi dedujo de este versículo que no se puede casar a una mujer sin su consentimiento. Su sí, rápido y valiente, anuncia el de María en la anunciación.

  24. 24ContextoGn 24,60

    «crezcas en mil y mil generaciones»

    La bendición de la familia repite casi a la letra la promesa que Dios hizo a Abrahán en el monte Moria: la descendencia «poseerá las puertas de sus enemigos» (22,17). Hasta hoy, en las bodas judías se recita esta bendición sobre la novia cuando el novio le cubre el rostro con el velo.

  25. 25PalabraGn 24,62

    «Pozo del Dios Viviente y que Mira»

    Torres Amat traduce el nombre hebreo Beer-lajai-roí, el pozo donde Dios vio a Agar en el desierto (ver nota a 16,14). Isaac vive junto al pozo de la esclava expulsada; una tradición judía imaginó incluso que había ido a buscarla para devolverla a su padre. Allí vivirá también después de la muerte de Abrahán (25,11).

  26. 26ContextoGn 24,63

    «había salido al campo a meditar»

    La palabra hebrea, lasúaj, es rara y se discute: puede significar «meditar», «pasear» o «lamentarse»; la Vulgata entendió «meditar». Una tradición judía dice que Isaac instituyó la oración de la tarde, como Abrahán la de la mañana y Jacob la de la noche (Talmud, Berajot 26b). Isaac está orando cuando le llega su esposa.

  27. 27ContextoGn 24,65

    «se tapó»

    Rebeca se cubre con el velo al ver al novio. La costumbre de que la novia vaya velada es muy antigua, y el velo nupcial de nuestras bodas tiene raíces parecidas. Antes, al ver a Isaac, Rebeca «se dejó caer» del camello (v. 64): un gesto de respeto, o de emoción.

  28. 28FeGn 24,67

    «la amó»

    Es la primera vez que la Biblia dice que un hombre ama a su esposa. El orden es significativo: primero la toma por esposa, después la ama. Un matrimonio concertado por otros se convierte en amor verdadero, y ese amor consuela a Isaac del duelo por su madre. San Pablo pedirá a los maridos que amen a sus esposas «como Cristo amó a la Iglesia» (Ef 5,25).