Saltar al texto
Génesis 27 · La bendición robada
PDF
Génesis

Génesis 27: La bendición robada

46 versículos · 23 notas · 6 min de lecturaPara profundizar · Pausa

Un padre ciego, una madre que trama, un hijo que miente y otro que llora: pocas páginas de la Biblia retratan con tanto realismo una familia rota. El relato está construido como un drama en escenas de dos personajes: Isaac y Esaú, Rebeca y Jacob, Jacob e Isaac, Isaac y Esaú, y de nuevo Rebeca y Jacob. Todo gira en torno a los sentidos de un anciano que ya no ve. Jacob obtiene la bendición con engaño, y el resto de su historia mostrará el precio. Dios cumple lo que anunció (25,23), pero no aprueba los medios.

Isaac quiere bendecir a Esaú

1Siendo ya viejo Isaac, se le debilitó la vista1, de modo que llegó a faltarle. Llamó, pues, a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: ¡Hijo mío! El cual respondió: Aquí estoy. 2A quien el padre: Ya ves, dijo, cómo yo estoy ya viejo, y no sé el día de mi muerte. 3Toma tus armas, la aljaba y el arco, y sal al campo; y cazando algo, 4guísame de ello un plato según sabes que gusto, y tráemelo para que le coma, y te bendiga mi alma2 antes que yo muera.

5Lo que oído por Rebeca, luego que partió aquél al campo para cumplir el mandato de su padre, 6dijo a su hijo Jacob3: Acabo de oír a tu padre, que hablando con tu hermano Esaú, le decía: 7Tráeme de tu caza, y guísame un plato que le comeré, y te echaré mi bendición en presencia del Señor antes que me muera. 8Ahora bien, hijo mío, toma mi consejo, 9y yendo al ganado, tráeme dos de los mejores cabritos, para que yo guise de ellos a tu padre aquellos platos de que come con gusto4: 10Y sirviéndoselos tú, después que hubiere comido, te dé la bendición antes de morir.

11A lo cual respondió Jacob: Tú sabes que mi hermano Esaú es hombre velloso, y yo lampiño5; 12si mi padre me palpa con sus manos, y llega a conocerme, temo que piense que yo he querido burlarle, y acarrearé sobre mí su maldición6 en lugar de la bendición. 13Al cual la madre: Sobre mí, dijo, caiga esa maldición7, hijo mío; tú haz solamente lo que yo te aconsejo, y date prisa en traer lo que te tengo dicho.

14Fue Jacob y lo trajo, y lo dio a la madre, la cual le guisó los manjares, según que sabía ser del gusto de su padre. 15Y vistió después a Jacob con los más ricos vestidos de Esaú8, que tenía guardados en casa. 16Y le envolvió las manos con las delicadas pieles de los cabritos9, cubriendo también con ellas la parte desnuda del cuello. 17Le dio después el guisado, y los panes que había cocido.

Jacob engaña a su padre

18Todo lo cual llevándolo él adentro, dijo: ¡Padre mío! A lo que respondió él: Oigo. ¿Quién eres tú, hijo mío? 19Dijo Jacob: Yo soy tu primogénito Esaú10; he hecho lo que me mandaste; levántate, incorpórate, y come de mi caza, para que me des la bendición. 20Le replicó Isaac a su hijo: ¿Cómo, dijo, has podido encontrarla tan presto, hijo mío? El cual respondió: Dios dispuso11 que luego se me pusiese delante lo que deseaba. 21Dijo todavía Isaac: Acércate, hijo mío, para que yo te toque, y reconozca si tú eres o no el hijo mío Esaú. 22Se acercó al padre, y habiéndole palpado, dijo Isaac: Cierto que la voz es voz de Jacob; pero las manos son manos de Esaú12. 23Y no le conoció13, porque las manos vellosas representaban al vivo la semejanza del mayor. Queriendo, pues, bendecirle, 24dijo: ¿Eres tú el hijo mío Esaú? Respondió: Yo soy. 25Pues tráeme acá, hijo mío, el plato de tu caza, para que te bendiga mi alma. Y habiéndoselo presentado, después que comió de él le sirvió también vino; bebido el cual,

26dijo: Llégate a mí, y dame un beso, hijo mío. 27Llegó, y le besó. Y al instante que sintió la fragancia de sus vestidos, bendiciéndole, le dijo: Bien se ve que el olor que sale de mi hijo es como el olor de un campo florido14, al cual bendijo el Señor. 28Te dé Dios, por medio del rocío del cielo15, y de la fertilidad de la tierra, abundancia de trigo y vino. 29Te sirvan los pueblos, y adórente las tribus16: sé señor de tus hermanos, e inclínense profundamente delante de ti los hijos de tu madre. Quien te maldijere, sea él maldito, y el que te bendijere, de bendiciones sea colmado.

El llanto de Esaú

30Apenas Isaac había acabado de decir estas palabras, y salido Jacob afuera, cuando llegó Esaú. 31Y presentando a su padre las viandas de la caza, que había guisado, le dijo: Levántate, padre mío, y come de la caza de tu hijo, para que me bendiga tu alma. 32Le dijo Isaac: Pues, ¿quién eres tú? El cual respondió: Yo soy tu hijo primogénito Esaú. 33Quedó atónito Isaac, y como estático17; y sobre toda ponderación pasmado, dijo: ¿Quién es, pues, aquél que hace poco me ha traído de la caza que cogió, y he comido de todo antes que tú vinieses? El caso es que yo le bendije, y bendito será.

34Oídas las palabras del padre, arrojó Esaú un grito furioso18; y consternado, dijo: Dame también a mí tu bendición, ¡oh padre mío! 35El cual le respondió: Vino tu hermano astutamente, y se ha llevado tu bendición. 36A lo que replicó Esaú: Con razón se le puso el nombre de Jacob: porque ya es ésta la segunda vez que me ha suplantado19; antes ya se alzó con mi primogenitura, y ahora de nuevo me ha robado la bendición mía. Y vuelto a su padre: ¿Pues qué, le dijo, no has reservado bendición para mí? 37Le respondió Isaac: Yo le he constituido señor tuyo, y he sometido todos sus hermanos a su servicio: le aseguré las cosechas de granos y de vino: después de esto, ¿qué puedo yo ahora hacer por ti, hijo mío? 38Al cual replicó Esaú: ¿Por ventura no tienes, padre mío, sino una sola bendición? Te ruego que también me bendigas a mí. Y como llorase con grandes alaridos, 39Isaac conmovido, le dijo estas palabras: En la grosura de la tierra, y en el rocío que cae del cielo, 40será tu bendición. Vivirás de tu espada, y servirás a tu hermano20; pero llegará tiempo en que sacudirás su yugo, y librarás de él tu cerviz.

41Esaú, pues, mantenía siempre vivo su odio a Jacob, con motivo de la bendición que le había dado el padre, y dijo en su corazón: Vendrán los días de luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob21. 42Tuvo de esto noticia Rebeca, la cual enviando a llamar a su hijo Jacob, le dijo: Mira que tu hermano Esaú amenaza que te ha de matar. 43Ahora, pues, hijo mío, créeme a mí, y sin perder tiempo huye a casa de mi hermano Labán en la ciudad de Harán. 44Y estarás allí con él algunos días, hasta que se amanse el furor de tu hermano, 45se pase su cólera, y se olvide de lo que has hecho contra él: después enviaré por ti, y te traeré acá. ¿Por qué he de perder a mis dos hijos en un día?22

46Dijo después Rebeca a Isaac: Fastidiada estoy de vivir23, a causa de estas hijas de Het: si Jacob llega a tomar mujer de este país, no quiero vivir más.

Para profundizar3 min

Elegidos sin mérito: Jacob, Esaú y la gracia

El lector del Génesis se encuentra aquí con un escándalo: el plan de Dios avanza a través de un mentiroso. Jacob engaña a su padre ciego, con la complicidad de su madre, y se queda con la bendición. Y, sin embargo, Dios lo había anunciado antes de que los gemelos nacieran: «el mayor ha de servir al menor» (25,23). ¿Premia Dios el engaño? ¿Elige a unos y rechaza a otros sin motivo?

San Pablo retomó la pregunta en la Carta a los Romanos. Para mostrar que la promesa no depende de la carne ni de los méritos, cita el oráculo de Rebeca y una frase del profeta Malaquías: «amé a Jacob y odié a Esaú» (Rom 9,10-13; Mal 1,2-3). Y subraya el detalle decisivo: Dios habló «antes de que nacieran y de que hubieran hecho ni bien ni mal», para que quedara claro que la elección viene «no de las obras, sino del que llama». La conclusión es una de las grandes frases de la Biblia sobre la gracia: «no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia» (Rom 9,16).

Dos precisiones evitan malentendidos. La primera: en hebreo, «odiar» puede significar «amar menos» o «no elegir» (ver nota a 29,31); Malaquías habla de dos pueblos, Israel y Edom, y Pablo trata del papel de Israel en la historia de la salvación, no del destino eterno de cada persona. La segunda: en la Biblia, ser elegido no es un privilegio para disfrutarlo, sino una misión para los demás. Abrahán fue elegido para que en él fueran benditas todas las familias de la tierra (12,3), y la elección de Jacob está al servicio de esa bendición universal. Por eso Pablo termina su reflexión diciendo que Dios encerró a todos en la desobediencia para tener misericordia de todos (Rom 11,32).

La Iglesia ha rechazado siempre la idea de que Dios destine a algunos a la condenación. El concilio de Orange (529) y el de Trento (1547) lo enseñaron expresamente, y el Catecismo lo resume: «Dios no predestina a nadie a ir al infierno»; para eso hace falta rechazarlo libremente y persistir en ese rechazo hasta el final (n. 1037). Dios, para quien todo está presente, cuenta en su designio con la respuesta libre de cada persona (n. 600). Esaú no es un réprobo: también él será padre de un pueblo con jefes y reyes (cap. 36), y la Ley mandará a Israel no aborrecer al edomita, «porque es tu hermano» (Dt 23,8).

¿Y el engaño? Que Dios saque adelante su plan no lo convierte en bueno. San Agustín, convencido de que nunca es lícito mentir, prefirió leer la escena como figura y llegó a decir que en ella «no hay mentira, sino misterio» (Contra la mentira, 10), y santo Tomás aceptó esa lectura. Hoy se tiende a leer el relato de otra manera: el narrador no aprueba a Jacob, sino que cuenta con realismo lo que pasó y deja que la historia lo juzgue. Jacob tendrá que huir, será engañado por Labán con la misma moneda (29,25), y sus hijos le mentirán con un cabrito y un vestido (37,31). La gracia no borra las consecuencias del pecado; las atraviesa y las transforma.

Por eso esta página es tan consoladora. Todos estamos más cerca de Jacob que de un héroe sin mancha: no somos elegidos por ser mejores, sino amados antes de merecerlo. Y la historia de Esaú advierte del peligro contrario: despreciar los dones de Dios por lo inmediato, como recuerda la Carta a los Hebreos (Heb 12,16). Entre la gratuidad de la elección y la responsabilidad de cada uno se mueve toda la vida cristiana.

Pausa

Dos o tres preguntas, una oración breve y espacio para escribir.

  1. ¿Hay en tu familia preferencias o rivalidades que dividen, como entre Isaac, Rebeca y sus hijos?
  2. Rebeca quiso «ayudar» a Dios con un engaño. ¿Has querido forzar alguna vez lo que esperabas de Dios?
  3. Jacob fue elegido sin merecerlo. ¿Qué don de Dios en tu vida no podrías explicar por tus méritos?
Para orarSeñor, sana las heridas de mi familia y enséñame a esperar tus caminos sin torcerlos.
Lo que escribes se guarda solo en este dispositivo. Guardado.Ver todo lo que escribí
Las 23 notas del capítulo
  1. 1ContextoGn 27,1

    «se le debilitó la vista»

    La ceguera de Isaac es el centro del relato: todo se jugará con el tacto, el gusto, el olfato y el oído. Según las cifras del Génesis, tendría unos 137 años, y vivirá todavía más de cuarenta (35,28): el miedo a morir pronto lo empuja a bendecir antes de tiempo.

  2. 2PalabraGn 27,4

    «te bendiga mi alma»

    «Mi alma» (néfesh) quiere decir «yo mismo, con toda mi vida». Para los antiguos, la bendición de un padre antes de morir no era un simple deseo: era una palabra eficaz, que transmitía la vida y la promesa, y que una vez dicha no se podía retirar (v. 33).

  3. 3ContextoGn 27,6

    «dijo a su hijo Jacob»

    Rebeca conoce el oráculo que recibió antes del parto: «el mayor ha de servir al menor» (25,23). Pero en lugar de confiar en que Dios lo cumpla, decide forzarlo con un engaño. Las preferencias de cada padre (25,28) han dividido a la familia en dos bandos.

  4. 4PalabraGn 27,9

    «aquellos platos de que come con gusto»

    La palabra hebrea mat'ammim, «manjares sabrosos», aparece seis veces en el capítulo (vv. 4, 7, 9, 14, 17 y 31). El narrador insiste: la bendición de Isaac está atada a su apetito, como la primogenitura de Esaú lo estuvo a un plato de lentejas (25,30-34). Rebeca, que conoce el gusto de su marido, sabe que dos cabritos bien guisados pueden pasar por caza.

  5. 5PalabraGn 27,11

    «es hombre velloso, y yo lampiño»

    «Velloso» (sa'ir) evoca Seír, la tierra de Esaú (25,25). «Lampiño» traduce jalaq, «liso», una palabra que también se dice de los labios y la lengua aduladores: el Salmo 12,3-4 habla de «labios lisos», es decir, lisonjeros. Jacob es el «liso» en los dos sentidos: sin pelo y de palabra resbaladiza.

  6. 6FeGn 27,12

    «acarrearé sobre mí su maldición»

    La objeción de Jacob no es moral, sino práctica: no dice «eso está mal», sino «me pueden descubrir». Teme las consecuencias, no el pecado. La Biblia retrata sin adornos al antepasado del pueblo elegido; su conversión será lenta, y pasará por el destierro, el engaño sufrido y la lucha del Jaboc.

  7. 7ContextoGn 27,13

    «Sobre mí, dijo, caiga esa maldición»

    Rebeca asume el riesgo, y lo pagará: despide a Jacob «por algunos días» (v. 44) y no volverá a verlo nunca. El Génesis ni siquiera cuenta su muerte; solo la de su nodriza Débora (35,8). Sabemos únicamente que fue enterrada en Macpelá (49,31).

  8. 8ContextoGn 27,15

    «los más ricos vestidos de Esaú»

    El hebreo dice «los vestidos de Esaú, los mejores, los deseables», guardados en casa. Algunos comentaristas judíos antiguos los entendieron como las ropas de gala del primogénito, que este vestía para servir a su padre o para el culto familiar. Sea como sea, Jacob se pone literalmente en el lugar de su hermano.

  9. 9FeGn 27,16

    «le envolvió las manos con las delicadas pieles de los…»

    Fíjate en estos detalles: un cabrito y un vestido. Años después, los hijos de Jacob lo engañarán a él con la túnica de José teñida en sangre de cabrito (37,31). La Biblia no moraliza, pero deja ver que el engaño vuelve sobre quien lo practica (ver el cuadro «El engañador engañado», después del capítulo 29).

  10. 10ConexiónGn 27,19

    «Yo soy tu primogénito Esaú»

    Isaac ha preguntado: «¿Quién eres tú?» (v. 18), y Jacob responde con una mentira sobre su propia identidad. Veinte años después, junto al Jaboc, el misterioso luchador le hará la misma pregunta: «¿Cómo te llamas?», y Jacob tendrá que decir la verdad: «Jacob», el suplantador. Solo entonces recibirá un nombre nuevo (ver nota a 32,27).

  11. 11FeGn 27,20

    «Dios dispuso»

    Jacob mete a Dios en su mentira. San Agustín, que enseñó que nunca es lícito mentir, interpretó el episodio en sentido figurado y llegó a decir que aquí «no hay mentira, sino misterio» (Contra la mentira, 10), y santo Tomás lo sigue (Suma teológica II-II, q. 110, a. 3). Muchos lectores son más directos: el texto cuenta un pecado, y la elección de Dios no depende de los méritos de Jacob (Rom 9,11-13). Ver «Para profundizar» al final del capítulo.

  12. 12ContextoGn 27,22

    «la voz es voz de Jacob; pero las manos son manos de Esaú»

    Isaac duda, pero se fía más de las manos que del oído. La frase quedó como proverbio para describir a quien habla de una manera y obra de otra. La tradición judía la aplicó a Israel, que vence con la voz de la oración, y a sus enemigos, que vencen con la fuerza de las manos.

  13. 13PalabraGn 27,23

    «Y no le conoció»

    El verbo hebreo es nakar, «reconocer», y recorre toda la historia de la familia como un hilo: Isaac no reconoce a Jacob; Jacob «reconoce» la túnica ensangrentada de José (37,33); Judá reconoce las prendas que dejó a Tamar (38,26), y José reconoce a sus hermanos, que no lo reconocen a él (42,7-8). El engaño consiste siempre en no dejarse reconocer.

  14. 14ConexiónGn 27,27

    «el olor que sale de mi hijo es como el olor de un campo…»

    Lo que termina de convencer a Isaac es el olor de los vestidos de Esaú. San Pablo dirá que los cristianos son «el buen olor de Cristo» (2 Cor 2,15). Algunos Padres vieron en Jacob, revestido con las ropas del hermano mayor para recibir la bendición, una imagen de Cristo revestido de nuestra carne.

  15. 15ContextoGn 27,28

    «por medio del rocío del cielo»

    En Canaán casi no llueve en verano, y el rocío de las noches es vital para las cosechas. «Trigo y vino» son los dos frutos principales de la tierra. La liturgia de Adviento pide al cielo un rocío que es el Salvador: «Rorate caeli», «destilad, cielos, el rocío» (Is 45,8).

  16. 16PalabraGn 27,29

    «adórente las tribus»

    En la Biblia, «adorar» traduce muchas veces un verbo que significa «postrarse», un gesto de respeto ante un rey o un superior, como el de Abrahán ante los hititas (23,7). La adoración en sentido estricto se debe solo a Dios (Catecismo, n. 2096). Lo mismo vale para las postraciones ante José en los capítulos 42 a 50.

  17. 17PalabraGn 27,33

    «Quedó atónito Isaac, y como estático»

    El hebreo dice que Isaac «se estremeció con un temblor grandísimo». Es la misma raíz con que se describe al pueblo temblando ante Dios en el Sinaí (Éx 19,16). Más que miedo, es el estremecimiento de quien comprende de golpe que la historia se le ha ido de las manos, y quizá que en ella ha intervenido Dios: por eso añade «y bendito será».

  18. 18ConexiónGn 27,34

    «arrojó Esaú un grito furioso»

    El hebreo dice «un grito grande y amargo». La Carta a los Hebreos recuerda que Esaú, después de vender su primogenitura, quiso heredar la bendición y fue rechazado, aunque la buscó con lágrimas (Heb 12,16-17): hay decisiones cuyas consecuencias no se deshacen llorando.

  19. 19PalabraGn 27,36

    «ya es ésta la segunda vez que me ha suplantado»

    Esaú juega con el nombre de Jacob (aqab, «suplantar»; ver nota a 25,25) y con dos palabras hebreas casi iguales: bekorá, «primogenitura», y berajá, «bendición», que tienen las mismas consonantes en otro orden. Jacob se ha llevado las dos.

  20. 20PalabraGn 27,40

    «Vivirás de tu espada, y servirás a tu hermano»

    Torres Amat, con la Vulgata, hace de la respuesta de Isaac una bendición menor: «en la grosura de la tierra... será tu bendición» (v. 39). El hebreo puede leerse al revés: «lejos de la grosura de la tierra estará tu morada», es decir, en las montañas secas de Edom. El yugo sacudido se cumplió cuando Edom se independizó de Judá (2 Re 8,20-22).

  21. 21ConexiónGn 27,41

    «yo mataré a mi hermano Jacob»

    El odio entre hermanos vuelve a desembocar en un proyecto de asesinato, como en Caín (4,8). Esaú solo espera a que muera su padre, por respeto o por cálculo. San Juan escribirá: «el que odia a su hermano es un homicida» (1 Jn 3,15), y pondrá a Caín como ejemplo de lo que no hay que ser (1 Jn 3,12).

  22. 22ContextoGn 27,45

    «¿Por qué he de perder a mis dos hijos en un día?»

    Si Esaú matara a Jacob, la venganza de sangre caería también sobre él (ver 9,6), y Rebeca perdería a los dos. La mujer sabia de Técoa usará un argumento parecido ante el rey David (2 Sam 14,6-7).

  23. 23ContextoGn 27,46

    «Fastidiada estoy de vivir»

    Rebeca no dice a Isaac la verdadera razón, la amenaza de Esaú, sino un pretexto que él aceptará: las esposas hititas de su hijo mayor (26,34-35). Son las últimas palabras de Rebeca en la Biblia. La mujer decidida que dijo «iré» (24,58) termina hablando de cansancio de vivir, y despidiendo para siempre a su hijo preferido.