Génesis 22: El sacrificio de Isaac
Uno de los relatos más famosos y más difíciles de la Biblia: Dios pide a Abrahán que le ofrezca a Isaac, el hijo de la promesa. Los judíos lo llaman la Aquedá, «la atadura», por el gesto de atar a Isaac sobre la leña. La narración es lenta y silenciosa: tres días de camino, un diálogo de pocas palabras entre padre e hijo, el cuchillo levantado. La tradición cristiana ha visto siempre en ella un anuncio del sacrificio de Cristo, el Padre que entrega a su Hijo único, y la Iglesia la lee en la Vigilia pascual.
La prueba de Abrahán
1Después que pasaron estas cosas, probó Dios a Abrahán1, y le dijo: Abrahán, Abrahán. Y respondió él: Aquí me tenéis Señor2. 2Le dijo: Toma a Isaac, tu hijo único a quien tanto amas3, y ve a la tierra de visión4, y allí me lo ofrecerás en holocausto sobre uno de los montes que yo te mostraré. 3Levantándose, pues, Abrahán antes del alba5, aparejó su asno, llevando consigo dos mozos, y a Isaac su hijo. Y cortada la leña para el holocausto, se encaminó al lugar que Dios le había mandado. 4Al tercer día6 de camino, alzando los ojos divisó el lugar a lo lejos. 5Y dijo a sus mozos: Aguardad aquí con el jumento: que yo y mi hijo subiremos allá arriba con presteza, y acabada nuestra adoración, volveremos luego a vosotros7.
6Tomó también la leña del holocausto, y la cargó sobre su hijo Isaac8, y él llevaba en las manos el fuego y el cuchillo. Caminando así los dos juntos9, 7dijo Isaac a su padre: Padre mío. Y él respondió: ¿Qué quieres, hijo? Veo, dice, el fuego y la leña: ¿dónde está la víctima del holocausto?10 8A lo que respondió Abrahán: Hijo mío, Dios sabrá proveerse de víctima11 para el holocausto. Continuaron, pues, juntos su camino: 9Y finalmente llegaron al lugar que Dios le había mostrado, en donde erigió un altar, y acomodó encima la leña; y habiendo atado a Isaac su hijo12, le puso en el altar sobre el montón de la leña. 10Y extendió la mano, y tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo.
El Señor provee
11Cuando he aquí que de repente el ángel del Señor gritó del cielo13, diciendo: Abrahán, Abrahán. Aquí me tienes, respondió él. 12No extiendas tu mano sobre el muchacho, prosiguió el ángel, ni le hagas daño alguno14: que ahora me doy por satisfecho que temes a Dios, pues no has perdonado a tu hijo único15 por amor de mí o por obedecerme. 13Alzó Abrahán los ojos, y vio detrás de sí un carnero enredado por las astas en un zarzal16, y habiéndole cogido le ofreció en holocausto en vez del hijo. 14Y llamó este lugar Moria, esto es, el Señor ve y provee17. De donde hasta el día de hoy se dice: En el monte el Señor verá y proveerá. 15Llamó el ángel del Señor por segunda vez desde el cielo a Abrahán, diciendo: 16Por mí mismo he jurado18, dice el Señor, que en vista de que has hecho esta acción, y no has perdonado a tu hijo único por amor de mí, 17Yo te llenaré de bendiciones, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo19, y como la arena que está en la orilla del mar; tu posteridad poseerá las ciudades de sus enemigos, 18y en un descendiente tuyo SERÁN BENDITAS todas las naciones20 de la tierra, porque has obedecido a mi voz. 19Se volvió Abrahán a sus criados21, y se fueron juntos a Bersabee, en donde habitó.
La familia de Nacor
20Después de estas cosas, tuvo Abrahán noticia de que Melca también había parido hijos a Nacor su hermano: 21Hus el primogénito, y Buz hermano de éste, y Camuel padre de los siros, 22y Cased, y Azau, Feldas también y Jedlaf, 23y en fin Batuel de quien nació Rebeca22: estos ocho parió Melca a Nacor, hermano de Abrahán. 24Una mujer segunda llamada Roma, le parió también a Tabel, Gaam, Taas y Maaca.
La Aquedá en la tradición judía y cristiana
Los judíos llaman a este capítulo la Aquedá, «la atadura», por el verbo del v. 9: Abrahán «ató» a Isaac como se ataba a un cordero para el sacrificio. Para la tradición judía es uno de los textos centrales de la Torá. Se lee en el segundo día de Rosh Hashaná, el Año Nuevo, y el shofar que se toca ese día está hecho de cuerno de carnero en recuerdo del animal que sustituyó a Isaac. El Talmud pone en boca de Dios una explicación: tocad ante mí el cuerno de carnero para que me acuerde de la atadura de Isaac, y os cuente como si vosotros mismos os hubierais atado ante mí (Rosh Hashaná 16a). Muchas comunidades recitan también el relato cada mañana en la oración.
El texto bíblico no dice qué edad tenía Isaac ni qué pensaba. La tradición judía llenó ese silencio. Flavio Josefo, en el siglo I, escribe que Isaac tenía veinticinco años y que, al conocer el plan, corrió alegre hacia el altar (Antigüedades I,227). Los rabinos calcularon treinta y siete, relacionando la escena con la muerte de Sara (23,1), y las antiguas traducciones arameas cuentan que Isaac pidió a su padre que lo atara bien. Así, la Aquedá se convirtió en el relato de dos personas que se ofrecen: un padre que entrega y un hijo que consiente. Isaac fue visto como modelo de los mártires judíos que, en tiempos de persecución, preferían morir antes que renegar.
Los cristianos encontraron en esta escena un anuncio de la pasión. La Carta a los Hebreos dice que Abrahán ofreció a su hijo pensando que Dios podía resucitarlo, y que lo recuperó «como figura» (Heb 11,17-19). San Pablo describe al Padre con las palabras de este capítulo: «el que no perdonó a su propio Hijo» (Rom 8,32). Desde el siglo II los Padres desarrollaron la comparación. Melitón de Sardes vio en Isaac, que carga con la leña, a Cristo con la cruz, y en el carnero atado, a Cristo inmolado: Isaac fue figura y se salvó; Cristo cumplió la figura y sufrió. San Ireneo dijo que Abrahán, al ofrecer a su hijo, mostraba de antemano la entrega del Padre que daría a su Hijo por nuestra redención (Contra las herejías IV,5,4), y Orígenes dedicó a este capítulo una de sus Homilías sobre el Génesis.
La liturgia conserva esta lectura. El relato se proclama en la Vigilia pascual, entre la creación y el paso del mar Rojo, y el segundo domingo de Cuaresma del ciclo B, junto con la transfiguración. En la Plegaria eucarística I, el Canon romano, el sacerdote pide a Dios que acepte la ofrenda como aceptó los dones de Abel, «el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe», y la oblación de Melquisedec. El Catecismo ve en este sacrificio la cumbre de la fe de Abrahán, que se configura con el Padre (n. 2572).
El relato sigue siendo difícil: ¿cómo puede Dios pedir a un padre que mate a su hijo? Kierkegaard, en Temor y temblor (1843), vio aquí una fe que obedece aun cuando el mandato parece contradecir la moral, una fe que da vértigo. La tradición judía y la cristiana leen el texto de otro modo. El narrador avisa desde el principio que es una prueba (v. 1), y el desenlace muestra lo que Dios quiere de verdad: detiene la mano, rechaza el sacrificio humano y provee él mismo la víctima. Los profetas dirán que matar niños en honor de los dioses es algo que Dios «no mandó ni le pasó por la mente» (Jr 7,31; 19,5). La Aquedá marca el final de esa práctica en Israel: Dios no quiere la muerte del hijo, sino un corazón entregado.
Por eso el relato no enseña a sacrificar a otros, sino a confiar cuando la promesa y la prueba parecen contradecirse. Abrahán no entiende, pero responde «aquí estoy» y dice a su hijo «Dios proveerá». El monte de la Aquedá es, según 2 Cr 3,1, el monte del Templo, y cerca de allí, siglos después, el Padre no se reservó a su Hijo único.
Dos o tres preguntas, una oración breve y espacio para escribir.
- ¿Cuál es tu «Isaac»: lo que más amas y más te cuesta poner en manos de Dios?
- Abrahán dijo «volveremos». ¿En qué situación necesitas hoy esperar contra toda esperanza?
Las 22 notas del capítulo
- 1FeGn 22,1
«probó Dios a Abrahán»
El lector sabe desde el principio que es una prueba; Abrahán no. Dios no tienta a nadie para hacerle caer (Sant 1,13): prueba para purificar y revelar la fe. El Catecismo dice que la fe de Abrahán no se debilita, y que en este sacrificio el patriarca se configura con el Padre, que no perdonará a su propio Hijo (n. 2572).
- 2PalabraGn 22,1
«Aquí me tenéis Señor»
En hebreo, hinnení, «heme aquí»: la respuesta de quien está del todo disponible. La dirán Moisés (Éx 3,4), Samuel (1 Sam 3,4) e Isaías (Is 6,8), y tiene su eco en el «He aquí la esclava del Señor» de María (Lc 1,38). En este capítulo Abrahán la pronuncia tres veces: ante Dios, ante su hijo (v. 7) y ante el ángel (v. 11).
- 3ConexiónGn 22,2
«tu hijo único a quien tanto amas»
Es la primera vez que aparece en la Biblia el verbo «amar». Las palabras se acumulan para mostrar el dolor: tu hijo, tu único, al que amas, Isaac. Resuenan en la voz del Padre sobre Jesús: «Este es mi Hijo amado» (Mc 1,11), y en Jn 3,16: «tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único».
- 4PalabraGn 22,2
«la tierra de visión»
El hebreo dice «el país de Moria», que la Vulgata interpretó como «visión». Según 2 Cr 3,1, Salomón construyó el Templo de Jerusalén «en el monte Moria». La tradición judía sitúa este sacrificio en la roca que hoy cubre la Cúpula de la Roca, en Jerusalén; los samaritanos, en su monte Garizín.
- 5ContextoGn 22,3
«Levantándose, pues, Abrahán antes del alba»
Abrahán no discute, como discutió por Sodoma: obedece en silencio y de madrugada. Es la misma expresión del día en que despidió a Ismael (21,14). Él mismo aparta la leña: el texto se detiene en gestos concretos y calla los sentimientos, y ese silencio es más elocuente que cualquier palabra.
- 6ConexiónGn 22,4
«Al tercer día»
Tres días de camino en silencio. La Carta a los Hebreos dice que Abrahán pensaba que Dios era capaz incluso de resucitar a los muertos, y que por eso recuperó a su hijo «como figura» (Heb 11,17-19). El tercer día es en la Biblia el día en que Dios interviene, y el día de la resurrección de Cristo.
- 7FeGn 22,5
«volveremos luego a vosotros»
Abrahán dice «volveremos», en plural. Los Padres leyeron en esta palabra un acto de fe: Abrahán esperaba, contra toda esperanza, que Dios le devolvería a su hijo. Donde Torres Amat dice «acabada nuestra adoración», el hebreo dice «nos postraremos»: Abrahán llama a lo que va a hacer un acto de culto.
- 8ConexiónGn 22,6
«la cargó sobre su hijo Isaac»
Isaac sube al monte cargando la leña de su propio sacrificio, como Jesús cargará con su cruz (Jn 19,17). Así lo leyeron los Padres desde el siglo II, como Melitón de Sardes y Tertuliano. Si puede cargar la leña, Isaac ya no es un niño: la tradición judía subraya que se dejó atar libremente.
- 9PalabraGn 22,6
«Caminando así los dos juntos»
La expresión hebrea, «los dos juntos» (yajdav), se repite en el v. 8, enmarcando el único diálogo entre padre e hijo. Padre e hijo caminan unidos hacia el sacrificio. Los cristianos han visto aquí al Padre y al Hijo, unidos en la entrega: «no estoy solo, porque el Padre está conmigo» (Jn 16,32).
- 10PalabraGn 22,7
«¿dónde está la víctima del holocausto?»
Isaac pregunta por el seh, el cordero o cabrito, la misma palabra que designará el cordero de la Pascua (Éx 12,3-5). Es la única pregunta de Isaac en todo el relato, y la más difícil de contestar para un padre. Abrahán le había respondido antes con un «hinnení, hijo mío»: «aquí estoy».
- 11ConexiónGn 22,8
«Dios sabrá proveerse de víctima»
Literalmente: «Dios verá el cordero». Juan Bautista señalará a Jesús diciendo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29). Dios provee el cordero que el hombre no puede dar.
- 12PalabraGn 22,9
«habiendo atado a Isaac su hijo»
El verbo hebreo es aqad, «atar las patas» de un animal para sacrificarlo, y es la única vez que aparece en toda la Biblia. De él viene Aquedá, el nombre judío de este relato. Una antigua traducción aramea pone en boca de Isaac la petición de que su padre lo ate bien, para no resistirse y estropear la ofrenda. Ver «Para profundizar» al final del capítulo.
- 13FeGn 22,11
«el ángel del Señor gritó del cielo»
El «ángel del Señor» habla en primera persona como Dios mismo («no has perdonado a tu hijo por amor de mí», v. 12; «por mí mismo he jurado», v. 16), como ya ocurrió con Agar (16,7-13). Muchos Padres vieron en este ángel al Verbo de Dios antes de la encarnación. La doble llamada, «Abrahán, Abrahán», es la de los grandes momentos (ver nota a 46,2).
- 14ContextoGn 22,12
«ni le hagas daño alguno»
En el entorno de Israel existían sacrificios de niños a los dioses: la Biblia cuenta que el rey de Moab sacrificó a su primogénito en la muralla (2 Re 3,27), y los profetas condenarán con horror esa práctica, «que yo no mandé ni me pasó por la mente» (Jr 7,31). Este relato enseña también que el Dios de Israel no quiere sacrificios humanos.
- 15ConexiónGn 22,12
«no has perdonado a tu hijo único»
«No perdonar» es aquí «no reservarse». San Pablo retoma la expresión de la traducción griega, que la Vulgata conserva (non pepercit), para hablar de Dios Padre: «el que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros» (Rom 8,32). Lo que Dios no exigió finalmente a Abrahán, lo hizo Él mismo (Catecismo, n. 2572).
- 16FeGn 22,13
«un carnero enredado por las astas en un zarzal»
Los Padres vieron en el carnero, con la cabeza enredada entre espinas, una figura de Cristo coronado de espinas; Melitón de Sardes escribió que Cristo sufrió y que Isaac no, porque era solo figura. En el Año Nuevo judío se toca el shofar, una trompeta hecha con cuerno de carnero, en recuerdo de este pasaje.
- 17PalabraGn 22,14
«el Señor ve y provee»
En hebreo, YHWH yiré, «el Señor ve» o «el Señor proveerá»; la Vulgata, Dominus videt. Torres Amat dice que Abrahán llamó al lugar «Moria», nombre que no está aquí en el hebreo ni en la Vulgata, para unirlo con el v. 2. En el v. 8 la Vulgata dice Deus providebit, «Dios proveerá»: de ese verbo viene nuestra palabra «providencia». Dios ve de antemano y cuida.
- 18ConexiónGn 22,16
«Por mí mismo he jurado»
Es el único juramento de Dios a Abrahán que recoge el Génesis de forma expresa. La Carta a los Hebreos lo comenta: como no tenía a nadie mayor por quien jurar, Dios juró por sí mismo, para dar a los herederos de la promesa una esperanza firme, «ancla del alma» (Heb 6,13-19).
- 19ConexiónGn 22,17
«multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo»
La promesa se repite con las dos imágenes ya conocidas, las estrellas (15,5) y la arena (13,16), y añade una nueva: la descendencia «poseerá las puertas de sus enemigos», que Torres Amat traduce «ciudades». Zacarías cantará que Dios se ha acordado del «juramento que juró a Abrahán, nuestro padre», para librarnos de nuestros enemigos (Lc 1,73-74).
- 20FeGn 22,18
«SERÁN BENDITAS todas las naciones»
Torres Amat escribe esta promesa en mayúsculas porque la entiende de Cristo, como san Pablo (Gál 3,16); por eso traduce «en tu descendencia» como «en un descendiente tuyo». La obediencia de Abrahán abre la bendición a toda la humanidad.
- 21ContextoGn 22,19
«Se volvió Abrahán a sus criados»
El texto dice que Abrahán volvió, pero no menciona a Isaac. Algunos comentaristas judíos imaginaron que Isaac se quedó estudiando, o incluso que murió y fue resucitado; lo más probable es que el narrador centre todo en Abrahán. Padre e hijo no vuelven a hablar en el resto del Génesis.
- 22ContextoGn 22,23
«Batuel de quien nació Rebeca»
Esta breve genealogía presenta a Rebeca, la futura esposa de Isaac (cap. 24): justo después de que la vida de Isaac se salve, aparece la mujer que le dará descendencia. Nacor tiene doce hijos, ocho de su esposa y cuatro de una concubina, como después Ismael (25,16) y Jacob.