Génesis 34: La violencia de Siquem
Uno de los capítulos más duros de la Biblia: Dina, la hija de Jacob, es violada por el príncipe de Siquem; sus hermanos fingen un pacto, usan la circuncisión como trampa y pasan a cuchillo a toda la ciudad. El relato avanza en tres pasos: el crimen y la propuesta de matrimonio (vv. 1-12), el engaño de los hermanos y la negociación en la puerta de la ciudad (vv. 13-24), y la matanza con sus consecuencias (vv. 25-31). La Biblia lo cuenta sin adornos y sin aprobarlo, y Jacob lo condenará en su lecho de muerte (49,5-7).
La deshonra de Dina
1Salió un día Dina1, hija de Lía, a ver las mujeres de aquel país. 2A la cual como viese Siquem, hijo de Hemor heveo2, príncipe de aquella tierra, se enamoró de ella, y la robó, y desfloró violentamente a la virgen. 3Quedó su corazón ciego y extremadamente apasionado por esta joven, y viéndola triste procuró ganarla con caricias3. 4Y acudiendo a Hemor su padre: Cásame, dijo, con esta jovencita4.
5Jacob tuvo noticia de esta violencia, mientras sus hijos estaban ausentes y ocupados en apacentar los ganados, y no dijo nada hasta que volvieron5. 6Mas al ir Hemor, padre de Siquem, a hablar a Jacob, 7he aquí que sus hijos venían del campo; y oído lo que había pasado, se irritaron sobremanera por la acción tan fea, y el enorme desafuero cometido contra la casa de Israel6, violando a una hija de Jacob.
8Pero Hemor les habló en estos términos: Siquem, mi hijo, está extremadamente enamorado de vuestra hija; dádsela, pues, por esposa, 9y enlacémonos recíprocamente con matrimonios7: dadnos vuestras hijas, y recibid las nuestras, 10y habitad de asiento con nosotros: la tierra está a vuestra disposición, cultivadla, comerciad, y entrad en posesión de ella. 11Sobre todo, el mismo Siquem dijo al padre y hermanos de Dina: Consiga yo esta gracia de vosotros, y daros he cuanto dispusiereis. 12Aumentad la dote8, y pedid donativos, que yo daré de buena gana lo que pidiereis: sólo con que me deis a esta jovencita por esposa.
La trampa y la matanza
13Respondieron los hijos de Jacob a Siquem y a su padre con dolo9, encolerizados por el estupro de la hermana: 14No podemos hacer lo que pretendéis, ni dar nuestra hermana a un hombre incircunciso, por ser cosa ilícita y abominable10 entre nosotros. 15Mas con esta condición podremos trabar parentesco, si quisiereis haceros semejantes a nosotros, circuncidando entre vosotros a todos los varones. 16Entonces daremos y recibiremos recíprocamente vuestras hijas y las nuestras; y habitaremos en vuestra compañía, y vendremos a ser un solo pueblo. 17Pero si no queréis circuncidaros, tomaremos a nuestra hija, y nos retiraremos. 18Pareció bien a Hemor, y a su hijo Siquem esta oferta, 19y no tardó el joven un momento en ejecutar lo que se le pedía, porque amaba en gran manera a la muchacha. Y era Siquem el más distinguido o principal de toda la familia de su padre.
20Habiendo ido, pues, Hemor y Siquem a la puerta o asamblea pública de la ciudad11, dijeron al pueblo: 21Estos hombres son una gente muy buena12, y quieren habitar con nosotros. Comercien, pues, en la tierra, y cultívenla, ya que siendo tan espaciosa y extendida, necesita de brazos que la trabajen; tomaremos sus hijas por mujeres, y les daremos las nuestras. 22Un solo obstáculo hay que vencer para el logro de un bien tan grande; y es el circuncidar a nuestros varones, imitando el rito de esta gente. 23Entonces su hacienda, y sus ganados, y todos los bienes que poseen serán nuestros; con que nosotros condescendamos únicamente en esto, viviremos juntos, y formaremos un solo pueblo. 24Asintieron todos esta propuesta, y circuncidaron a todos los varones13.
25Y he aquí que al tercer día, cuando el dolor de las heridas es más acerbo14, dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, hermanos de Dina, con espada en mano, entraron audazmente y a su salvo en la ciudad, y pasaron a cuchillo a todos los varones, 26mataron igualmente a Hemor y a Siquem, y se llevaron a Dina, su hermana15, de la casa de Siquem. 27Después que éstos hubieron salido, los otros hijos de Jacob se arrojaron sobre los muertos y saquearon la ciudad16 en venganza del estupro. 28Robaron las ovejas, y las vacadas, y asnos de los habitantes, y todo lo que había en casas y campos. 29Se llevaron también cautivos a niños y mujeres.
30Ejecutadas osadamente todas estas cosas, dijo Jacob a Simeón y a Leví: Me habéis puesto en un conflicto17, y hecho odioso a los cananeos y ferezeos, moradores de esta tierra. Nosotros somos pocos: ellos, reunidos, cargarán sobre mí, y seré exterminado con toda mi familia. 31Respondieron los hijos: Pues qué, ¿debieron ellos abusar de nuestra hermana como de una prostituta?18
Las páginas oscuras de la Biblia
El capítulo 34 no es una excepción. El Génesis cuenta también el incesto de las hijas de Lot (19,30-38) o el engaño de Tamar a Judá (cap. 38); el libro de Josué narra guerras de exterminio; algunos salmos piden a Dios venganza contra los enemigos. Muchos lectores, creyentes o no, se preguntan cómo pueden ser «Palabra de Dios» páginas así. La pregunta es seria, y la Iglesia no la esquiva.
Benedicto XVI le dedicó un número entero de su exhortación sobre la Palabra de Dios, Verbum Domini (2010, n. 42), titulado precisamente «Las páginas oscuras de la Biblia». Reconoce que hay pasajes que resultan oscuros y difíciles por la violencia y la inmoralidad que a veces contienen. Explica que la revelación está profundamente enraizada en la historia, y que el plan de Dios se manifiesta de forma progresiva, por etapas. La Biblia, dice, describe engaños, actos de violencia y matanzas sin denunciarlos explícitamente, lo cual se explica por el contexto histórico, aunque pueda sorprender al lector de hoy. Y recuerda que los profetas combatieron con fuerza toda injusticia y violencia, preparando al pueblo para el Evangelio. Por eso pide leer estos textos con competencia y a la luz del misterio pascual de Cristo.
La primera clave es que narrar no es aprobar. El narrador bíblico es sobrio: casi nunca comenta, y deja que los hechos hablen. En este capítulo, el juicio llega tarde, pero llega, y es inequívoco: en su testamento, Jacob maldice el furor de Simeón y Leví (49,5-7). Y el propio relato está lleno de señales para el lector atento: el silencio de Dina, la profanación del signo sagrado, la cobardía calculadora del padre, la desproporción de la venganza. La Biblia no esconde el mal; lo expone para que el lector lo reconozca y lo juzgue.
La segunda clave es la pedagogía de Dios. Dios se revela gradualmente y prepara a su pueblo por etapas (Catecismo, n. 53). Por eso el Concilio Vaticano II afirma que los libros del Antiguo Testamento, aunque contienen también, en palabras del Catecismo, «cosas imperfectas y pasajeras», dan testimonio de la verdadera pedagogía del amor de Dios (Dei Verbum, n. 15; Catecismo, n. 122). Dios toma a un pueblo donde está, con su mentalidad de honor y de venganza, y lo va educando: primero pone un límite a la venganza con la ley del talión (Éx 21,23-25), después lo corrige por medio de los profetas, y al final Jesús dirá: «habéis oído que se dijo... pero yo os digo: amad a vuestros enemigos» (Mt 5,38-44).
La tercera clave es leer cada página en la unidad de toda la Escritura y a la luz de Cristo (Catecismo, n. 112). San Agustín dio una regla célebre: lo que en la Escritura, tomado al pie de la letra, no se pueda referir a la honestidad de las costumbres o a la verdad de la fe, debe entenderse en sentido figurado (La doctrina cristiana III,10). Los Padres, sobre todo Orígenes, leyeron así las guerras de Josué como imágenes del combate espiritual contra el pecado. Hoy se añade la lectura histórica, atenta a los géneros literarios y al contexto (Dei Verbum, n. 12), sin renunciar a la espiritual.
La última clave es dejarse interpelar. Las páginas oscuras son también un espejo: la violencia contra las mujeres, la venganza por honor, el uso de lo religioso como arma, todo eso sigue existiendo. El silencio de Dina invita a escuchar a las víctimas que nadie escucha. Y el Dios que aparece en estas páginas no es el que ordena la matanza, sino el que mantiene su promesa a pesar de ella y conduce la historia hacia la cruz, donde la lógica de la venganza se rompe para siempre: Jesús muere perdonando a los que lo matan (Lc 23,34). La Biblia no esconde nuestras oscuridades porque es la historia de la fidelidad de Dios en medio de ellas. Una Biblia sin páginas oscuras sería una Biblia sin nosotros.
Dos o tres preguntas, una oración breve y espacio para escribir.
- La Biblia cuenta este episodio sin esconder nada. ¿Por qué crees que la Palabra de Dios no oculta la violencia humana?
- ¿Has visto cómo una ofensa se convierte en una venganza mayor? ¿Cómo se rompe esa cadena?
- Dina no dice una palabra en todo el capítulo. ¿A quién no estás escuchando a tu alrededor?
Las 18 notas del capítulo
- 1ContextoGn 34,1
«Salió un día Dina»
Dina es la única hija de Jacob cuya historia se cuenta, y en todo el capítulo no dice ni una palabra: hablan de ella su agresor, el padre de este, su propio padre y sus hermanos. Muchos lectores de hoy se fijan en ese silencio de la víctima.
- 2ContextoGn 34,2
«heveo»
Los heveos eran uno de los pueblos de Canaán (10,17), quizá emparentados con los hurritas del norte de Mesopotamia. Siquem es a la vez el nombre del príncipe y el de la ciudad, que estaba junto a la actual Nablus, en Cisjordania.
- 3PalabraGn 34,3
«procuró ganarla con caricias»
El hebreo dice «habló al corazón de la joven», la misma expresión que usará Oseas para el amor de Dios que reconquista a su pueblo (Os 2,16). Aquí suena amarga: después de la violencia, Siquem quiere a Dina, pero la sigue reteniendo en su casa (v. 26).
- 4PalabraGn 34,4
«Cásame, dijo, con esta jovencita»
El hebreo dice «tómame a esta niña» (yaldá), una palabra que indica una muchacha muy joven. Siquem habla de ella como de algo que se adquiere, y se dirige a su padre, no a ella ni a su familia. Es el lenguaje del poderoso, que convierte en trato lo que fue un crimen.
- 5ConexiónGn 34,5
«no dijo nada hasta que volvieron»
El silencio de Jacob sorprende: no hay lamento, ni protesta, ni gesto de duelo, cuando por José rasgará sus vestidos (37,34). La Biblia contará una historia parecida en la familia de David: Amnón viola a su media hermana Tamar, David «se irritó mucho» pero no hizo nada, y fue otro hermano, Absalón, quien la vengó con sangre (2 Sam 13,21-29). El silencio de los padres deja el campo libre a la venganza.
- 6PalabraGn 34,7
«el enorme desafuero cometido contra la casa de Israel»
El hebreo dice que Siquem cometió «una infamia en Israel» (nebalá), expresión que se usará para los crímenes más graves contra el pueblo (2 Sam 13,12). El narrador ya llama Israel a la familia de Jacob.
- 7ContextoGn 34,9
«enlacémonos recíprocamente con matrimonios»
Hemor propone fundir los dos pueblos en uno, con tierra y comercio libres. Para Israel, mezclarse así con los cananeos significaba perder su identidad y su fe, y la Ley prohibirá esos matrimonios (Dt 7,3-4); el problema volverá a plantearse después del destierro (Esd 9 – 10). La oferta, generosa en apariencia, encubre además el crimen.
- 8ContextoGn 34,12
«Aumentad la dote»
Siquem ofrece pagar lo que le pidan, como si el problema fuera solo de dinero. La Ley de Moisés obligará más tarde a quien deshonrara a una joven no prometida a pagar la dote y a casarse con ella si el padre consentía (Éx 22,15-16) y, según el Deuteronomio, sin poder repudiarla nunca (Dt 22,28-29).
- 9FeGn 34,13
«con dolo»
Los hijos de Jacob han heredado el arte del engaño de su padre. Y lo más grave: usan como trampa la circuncisión, la señal sagrada de la alianza con Dios (17,10-11). Convertir lo santo en instrumento de venganza es una forma de profanación.
- 10PalabraGn 34,14
«por ser cosa ilícita y abominable»
Donde Torres Amat dice «abominable», el hebreo dice jerpá, «oprobio», «deshonra»: la misma palabra que usó Raquel al nacer José, «quitó Dios mi oprobio» (30,23). Los hermanos invocan la deshonra de casar a su hermana con un incircunciso, cuando la verdadera deshonra ya se ha cometido contra ella.
- 11PalabraGn 34,20
«a la puerta o asamblea pública de la ciudad»
«O asamblea pública» es una glosa de Torres Amat para explicar «puerta». En las ciudades antiguas, la plaza junto a la puerta era el lugar donde se reunían los hombres libres para decidir, juzgar y negociar (ver nota a 23,10). Allí Hemor y Siquem presentan el trato a su pueblo, callando, claro está, lo que ha pasado.
- 12ContextoGn 34,21
«Estos hombres son una gente muy buena»
Hemor y Siquem convencen a su pueblo con el interés: las riquezas de Jacob terminarán siendo suyas (v. 23). Cada parte engaña a la otra; el narrador muestra un mundo en el que nadie es inocente, salvo la víctima.
- 13ContextoGn 34,24
«circuncidaron a todos los varones»
La circuncisión no era exclusiva de Israel: la practicaban los egipcios y otros pueblos vecinos (Jr 9,24-25). Pero no los heveos de Siquem, ni más tarde los filisteos, a quienes la Biblia llama «los incircuncisos». Para Israel no era una costumbre higiénica ni tribal, sino la señal de una alianza con Dios (17,11), y eso es precisamente lo que los hermanos profanan.
- 14ContextoGn 34,25
«al tercer día, cuando el dolor de las heridas es más acerbo»
La circuncisión de un adulto causa fiebre y dolor durante varios días, y el tercero suele ser el peor: los hombres no pueden defenderse. Simeón y Leví son hermanos de Dina de padre y madre, hijos de Lía.
- 15ContextoGn 34,26
«se llevaron a Dina, su hermana»
Es la última vez que Dina aparece en una escena; después solo se la nombra en una lista (46,15). Su silencio continúa hasta el final. Algunas tradiciones judías posteriores, como el Targum llamado del Pseudo-Jonatán, le dieron un destino: la hicieron madre de Asenet, la esposa egipcia de José (41,45).
- 16ContextoGn 34,27
«saquearon la ciudad»
La venganza se multiplica: por el crimen de uno, mueren todos los varones de la ciudad, y las mujeres y los niños son llevados cautivos (v. 29). Es la venganza desmedida de Lamec (4,23-24), que la ley del talión intentará frenar (Éx 21,23-25).
- 17ContextoGn 34,30
«Me habéis puesto en un conflicto»
Jacob reacciona por miedo a las represalias, no por la injusticia cometida. Solo al final de su vida juzgará el hecho moralmente: «maldito su furor, porque es pertinaz» (49,7). Su reproche es el de un jefe que calcula riesgos, no el de un padre herido.
- 18FeGn 34,31
«¿debieron ellos abusar de nuestra hermana como de una…»
El capítulo termina con una pregunta sin respuesta. La Biblia no esconde que la violencia sexual es un crimen gravísimo, pero tampoco justifica la matanza. El libro de Judit alabará el celo de Simeón (Jdt 9,2-4); Jacob, en cambio, lo condena. El lector queda invitado a pensar: la justicia no es lo mismo que la venganza. Ver «Para profundizar» al final del capítulo.