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Génesis 12 · La vocación de Abram
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Génesis

Génesis 12: La vocación de Abram

20 versículos · 20 notas · 3 min de lecturaPara profundizar · Pausa

Con Abram empieza propiamente la historia de la salvación. Después de once capítulos sobre toda la humanidad, la Biblia se fija en un solo hombre: Dios lo llama a dejarlo todo, sin más garantía que una promesa de tierra, de descendencia y de bendición para todas las naciones, y Abram se pone en camino. El capítulo tiene dos partes que se contrastan: la obediencia del creyente, que recorre el país levantando altares (vv. 1-9), y el miedo del mismo hombre en Egipto, que lo lleva a mentir (vv. 10-20). La Biblia no presenta a un héroe perfecto, sino a un creyente en camino.

Dios llama a Abram

1Y dijo el Señor a Abram: Sal de tu tierra, y de tu parentela, y de la casa de tu padre1, y ven a la tierra que te mostraré2. 2Y yo te haré cabeza de una nación grande, y bendecirte he3, y ensalzaré tu nombre, y tú serás bendito o serás una bendición4. 3Bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré a los que te maldigan, y EN TI (en uno de tus descendientes)5 serán benditas todas las naciones de la tierra.

4Salió, pues, Abram, como se lo había ordenado el Señor, y partió con él Lot; de setenta y cinco años era Abram6 cuando salió de la ciudad de Harán. 5Y llevó consigo a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, con cuanta hacienda y familia habían adquirido en Harán7, y partieron para la tierra de Canaán. Venidos a ella, 6atravesó Abram el país hasta el lugar de Siquem, hasta el famoso valle8; el cananeo habitaba entonces aquella tierra9. 7Y apareció el Señor a Abram10, y le dijo: Esta tierra la daré a tu descendencia11. Y él edificó allí mismo un altar al Señor, que se le había aparecido. 8Y pasando de allí a un monte que miraba al oriente de Betel12, aquí tendió su pabellón, teniendo a Betel al occidente, y Hai al oriente; donde también erigió al Señor un altar, e invocó su santo nombre. 9Prosiguió Abram su viaje, caminando y avanzando adelante hacia el mediodía13.

Abram en Egipto

10Pero sobrevino hambre en aquella tierra; y Abram tuvo que bajar a Egipto14, para estarse allí como pasajero, a causa de que el hambre en el país era grandísima. 11Estando ya para entrar en Egipto, dijo a Sarai su esposa: Conozco que tú eres una mujer bien parecida, 12y que cuando los egipcios te hayan visto, han de decir: Es la mujer de éste; con lo que a mí me quitarán la vida, y a ti te reservarán para sí. 13Di, pues, te ruego, que eres hermana mía15, para que yo sea bien recibido por amor tuyo, y salve mi vida por tu respeto.

14Entrando, pues, Abram en Egipto, vieron los egipcios que la mujer era en extremo hermosa. 15Y los principales o cortesanos dieron noticia de ella al faraón16, alabándosela, y fue luego llevada al palacio del faraón. 16Y por respeto a ella trataron bien a Abram, el cual adquirió ovejas, y bueyes, y asnos, y esclavos, y esclavas, y asnas y camellos17. 17Pero Dios castigó al faraón18 y a su corte con plagas grandísimas, por causa de Sarai, mujer de Abram.

18Por lo cual el faraón hizo llamar a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo?19 ¿Cómo no me declaraste que era tu mujer? 19¿Por qué motivo dijiste ser hermana tuya, poniéndome en ocasión de casarme con ella? Ahora, pues, ahí tienes a tu mujer, tómala, y anda enhorabuena. 20En consecuencia el faraón encargó a sus gentes el cuidado de Abram; las cuales le acompañaron a él y a su esposa con todo lo que tenía hasta fuera de Egipto20.

Para profundizar3 min

Los patriarcas y la historia

¿Existió Abrahán? La pregunta es legítima, y la respuesta honesta empieza por un dato: fuera de la Biblia no hay ninguna mención de Abrahán, de Isaac ni de Jacob. No es extraño: eran jefes de clanes de pastores que no construyeron ciudades ni dejaron inscripciones, y los grandes archivos del antiguo Oriente hablan de reyes y de imperios, no de familias seminómadas. El silencio de las fuentes no demuestra que no existieran, pero obliga a reconocer que la historia de los patriarcas no se puede comprobar como la de un rey de Asiria.

Durante buena parte del siglo XX, muchos estudiosos, con el arqueólogo estadounidense William F. Albright a la cabeza, pensaron que los descubrimientos confirmaban el marco histórico de los patriarcas. Los archivos de Mari, junto al Éufrates (siglo XVIII a. C.), hablaban de tribus seminómadas que se movían entre la región de Harán y Siria, y mencionaban una localidad llamada Najur, como Nacor; textos asirios posteriores citan, cerca de Harán, lugares llamados Sarugi y Til-Turaji, que recuerdan a Sarug y a Taré. Las tablillas de Nuzi (siglo XV a. C.) mostraban costumbres parecidas a las del Génesis, como la adopción de un siervo como heredero o la esclava que da hijos a la esposa estéril. Todo parecía situar a los patriarcas en la primera mitad del segundo milenio antes de Cristo.

En los años setenta, Thomas L. Thompson y John Van Seters cuestionaron esa síntesis. Mostraron que muchas de esas costumbres no eran exclusivas del segundo milenio, sino que aparecen también en documentos de siglos posteriores, y que el Génesis contiene detalles que pertenecen claramente al primer milenio: camellos domesticados (12,16), filisteos en Gerara (21,34; 26,1) o «Ur de los caldeos» (11,28), un pueblo que solo aparece en la historia a partir del siglo IX a. C. Otros anuncios espectaculares, como los supuestos nombres bíblicos de las tablillas de Ebla, resultaron exagerados. Hoy la mayoría de los estudiosos piensa que los relatos de los patriarcas recibieron su forma escrita mucho después de los hechos que cuentan, aunque discuten cuánto recuerdo antiguo conservan.

¿Qué significa esto para un católico? La Iglesia enseña que los libros de la Escritura enseñan con firmeza, fielmente y sin error la verdad que Dios quiso consignar en ellos para nuestra salvación (Dei Verbum, n. 11), y que, para descubrir esa verdad, hay que atender a los géneros literarios y a las formas de narrar de cada época (n. 12). Los relatos de los patriarcas no son crónicas de archivo, pero tampoco leyendas inventadas: son memorias de familia contadas, releídas y escritas por un pueblo creyente que reconocía en ellas el origen de su fe. La Pontificia Comisión Bíblica, en el documento «La interpretación de la Biblia en la Iglesia» (1993), pide usar con rigor los métodos históricos, advierte de los límites de un método puramente histórico y rechaza la lectura fundamentalista, que confunde la verdad de la Escritura con la exactitud material de cada detalle.

Lo que la Biblia quiere transmitir de Abrahán no depende de que podamos fechar sus viajes. Es el hombre que escuchó una llamada y se puso en camino «sin saber adónde iba» (Heb 11,8), que creyó cuando todo parecía imposible y que intercedió por otros. Por eso el Catecismo lo propone como modelo de la obediencia de la fe (n. 144-146) y como maestro de oración (n. 2570-2572), y la liturgia lo llama «nuestro padre en la fe». Judíos, cristianos y musulmanes lo reconocen, de maneras distintas, como padre.

La fe cristiana, que se apoya en hechos históricos como la muerte y la resurrección de Cristo, no teme las preguntas de la historia. Pero tampoco reduce la verdad de la Biblia a lo que la arqueología puede comprobar: en estas páginas, un pueblo cuenta quién es su Dios contando quiénes fueron sus padres.

Pausa

Dos o tres preguntas, una oración breve y espacio para escribir.

  1. ¿Qué «tierra, parentela o casa» te pide Dios dejar hoy para seguirle?
  2. Abram tuvo miedo y mintió. ¿En qué situaciones el miedo te hace faltar a la verdad?
Para orarSeñor, que como Abrahán me ponga en camino sin saberlo todo, fiado solo de tu palabra.
Lo que escribes se guarda solo en este dispositivo. Guardado.Ver todo lo que escribí
Las 20 notas del capítulo
  1. 1FeGn 12,1

    «Sal de tu tierra, y de tu parentela, y de la casa de tu…»

    Dios le pide dejar tres cosas, cada una más íntima: el país, el clan y la casa paterna, sin decirle adónde va. La Carta a los Hebreos lo resume: «por la fe, Abrahán obedeció y salió sin saber adónde iba» (Heb 11,8). Por eso la Iglesia lo llama «nuestro padre en la fe» (Plegaria Eucarística I; Catecismo, n. 145-146).

  2. 2PalabraGn 12,1

    «ven a la tierra que te mostraré»

    La orden hebrea empieza con dos palabras, lej lejá, «vete», con un refuerzo difícil de traducir: «vete tú», o incluso «vete hacia ti mismo», como leyeron algunos maestros judíos. La misma expresión solo vuelve a aparecer en 22,2, cuando Dios pide a Abrahán que vaya a la tierra de Moria a ofrecer a Isaac: la vida de Abrahán con Dios está enmarcada por dos salidas a ciegas.

  3. 3PalabraGn 12,2

    «bendecirte he»

    Forma antigua de «te bendeciré». En los vv. 2-3 la bendición se repite cinco veces, como respuesta a las maldiciones de los capítulos 3 a 11. Bendecir es comunicar la vida de Dios.

  4. 4PalabraGn 12,2

    «tú serás bendito o serás una bendición»

    Torres Amat da dos traducciones unidas con «o», según su costumbre. El hebreo dice literalmente «sé bendición», en imperativo: Abram no solo será bendecido, sino que será un cauce de la bendición de Dios para otros. Es la vocación de su descendencia, y luego de la Iglesia: ser bendición para el mundo (Catecismo, n. 59-60).

  5. 5PalabraGn 12,3

    «EN TI (en uno de tus descendientes)»

    Torres Amat escribe en mayúsculas las palabras que entiende como anuncio del Mesías, y añade entre paréntesis su interpretación. Es la lectura de san Pablo: la bendición llega a todas las naciones por Cristo, descendiente de Abrahán (Gál 3,8.16).

  6. 6FeGn 12,4

    «de setenta y cinco años era Abram»

    La llamada no llega en la juventud, sino a los 75 años, cuando lo razonable habría sido quedarse. Para Dios nunca es tarde para empezar una misión. Y Abram obedece sin discutir: el texto no pone en su boca ni una palabra, solo dice que «salió, como se lo había ordenado el Señor».

  7. 7ContextoGn 12,5

    «con cuanta hacienda y familia habían adquirido en Harán»

    El hebreo dice literalmente «las almas que habían hecho en Harán», es decir, los siervos y siervas adquiridos. La tradición judía, recogida por Rashi, lo leyó de otro modo: las personas que Abrahán y Sara habían ganado para la fe en el Dios único. Para esa tradición, Abrahán fue el primer misionero.

  8. 8PalabraGn 12,6

    «hasta el famoso valle»

    El hebreo dice «hasta la encina de Moré», «la encina del que enseña»: quizá un árbol sagrado donde se consultaba a los dioses. San Jerónimo tradujo «valle ilustre». Siquem estaba junto a la actual Nablus, en Cisjordania; cerca está el pozo de Jacob, donde Jesús habló con la samaritana (Jn 4,5-6).

  9. 9ContextoGn 12,6

    «el cananeo habitaba entonces aquella tierra»

    La frase da a entender que, cuando se escribió, los cananeos ya no estaban en la tierra. El sabio judío Abrahán ibn Ezra, en el siglo XII, lo notó y escribió con discreción que aquí había «un secreto» que el sabio entendería. Es uno de los primeros indicios que se señalaron de que el Pentateuco recibió su forma final después de Moisés (ver «Antes de empezar»).

  10. 10FeGn 12,7

    «apareció el Señor a Abram»

    Es la primera vez que la Biblia dice que el Señor «se apareció» (en hebreo, wayyerá) a alguien. Antes había hablado; ahora se deja ver de algún modo. Abram no describe lo que vio: responde con un altar. En el Génesis, las apariciones de Dios van siempre unidas a una palabra; la fe bíblica es, ante todo, escucha.

  11. 11FeGn 12,7

    «Esta tierra la daré a tu descendencia»

    Primera promesa de la tierra, que atravesará toda la Biblia. Abram responde con un altar: va marcando el país prometido no con fortalezas, sino con lugares de oración. Ver el cuadro «Las promesas a los patriarcas» al final del capítulo 17.

  12. 12PalabraGn 12,8

    «oriente de Betel»

    Betel significa «casa de Dios». Será un santuario importante de Israel; allí tendrá Jacob el sueño de la escalera (28,19). Hai significa «la ruina». Abram «invoca el nombre del Señor», como en los días de Enós (4,26): la expresión designa el culto público, y san Pablo la recordará al decir que todo el que invoque el nombre del Señor se salvará (Rom 10,13).

  13. 13PalabraGn 12,9

    «hacia el mediodía»

    «Mediodía» es el sur; el hebreo dice «hacia el Néguev», la región seca del sur de Canaán, cuyo nombre significa precisamente «tierra seca». Abram recorre el país de norte a sur, de Siquem al Néguev, como quien toma posesión de él con sus pasos (ver nota a 13,17).

  14. 14ContextoGn 12,10

    «Abram tuvo que bajar a Egipto»

    En años de sequía, los pastores de Canaán bajaban a Egipto, donde el Nilo aseguraba las cosechas. Una pintura de una tumba egipcia de Beni Hasán, de hacia 1890 a. C., muestra una caravana de semitas con sus familias y animales llegando a Egipto. El viaje anticipa el éxodo: hambre, bajada a Egipto, plagas y salida con riquezas.

  15. 15ContextoGn 12,13

    «Di, pues, te ruego, que eres hermana mía»

    El padre de la fe tiene miedo, miente y pone en peligro a la esposa por quien debe venir la descendencia prometida. La escena se repetirá en el cap. 20 y, con Isaac, en el 26. San Agustín defendió a Abrahán diciendo que calló una parte de la verdad sin decir nada falso, pues Sarai era su media hermana (La ciudad de Dios XVI,19; ver 20,12); en todo caso, el texto deja ver que aquí es el faraón quien actúa con más rectitud.

  16. 16PalabraGn 12,15

    «al faraón»

    «Faraón» no es un nombre propio, sino un título: en egipcio per-aa, «la casa grande», es decir, el palacio. El Génesis nunca da el nombre de los faraones.

  17. 17ContextoGn 12,16

    «asnas y camellos»

    La lista de regalos incluye camellos. Los estudios arqueológicos indican que el camello no se usó como animal doméstico en Canaán hasta finales del segundo milenio o comienzos del primero antes de Cristo: en las minas de cobre del valle de la Arabá se han hallado huesos de camellos domésticos del siglo X a. C. El narrador describe la riqueza con los animales de su propia época. Hay además una ironía incómoda: Abram se enriquece gracias a su mentira.

  18. 18FeGn 12,17

    «Dios castigó al faraón»

    Aunque Abram falla, Dios protege la promesa protegiendo a Sarai: la esposa, puesta en peligro por el miedo de su marido, es la protegida de Dios. Las «plagas» (negaím) sobre el faraón anticipan las de Egipto en tiempos de Moisés, nombradas con la misma palabra (Éx 11,1). La fidelidad de Dios es más grande que la debilidad de sus elegidos.

  19. 19ConexiónGn 12,18

    «¿Qué es esto que has hecho conmigo?»

    Es casi la misma pregunta que Dios hizo a Eva después del pecado (3,13). Ahora la hace un rey pagano al patriarca elegido: el faraón resulta más recto que Abram. La Biblia no tiene miedo de mostrar que los de fuera pueden dar lecciones a los creyentes.

  20. 20PalabraGn 12,20

    «le acompañaron a él y a su esposa con todo lo que tenía…»

    El verbo hebreo (shillaj) significa «despedir», «dejar ir»: es el mismo que Moisés repetirá ante otro faraón: «deja ir a mi pueblo» (Éx 5,1). Abram sale de Egipto como saldrá su descendencia: escoltado y con riquezas (ver nota a 12,10).