Génesis 15: La alianza con Abram
Uno de los capítulos más densos de la Biblia. Tiene dos escenas paralelas: de noche, bajo las estrellas, Dios promete un hijo y Abram cree (vv. 1-6); al atardecer, Dios promete la tierra y la garantiza con un rito antiguo y solemne (vv. 7-21). En las dos, Abram plantea una pregunta y Dios responde con una promesa y con un signo. En el rito, con animales partidos por la mitad, solo Dios pasa entre las mitades: es Él quien se compromete. Aquí está el versículo que san Pablo pondrá en el centro de su anuncio: «creyó Abram a Dios».
Abram cree a Dios
1Pasadas, pues, que fueron estas cosas, habló el Señor a Abram, en una visión1, diciendo: No temas, Abram2, yo soy tu protector y tu galardón sobremanera grande3. 2A que respondió Abram: ¡Oh Señor Dios!4, y ¿qué es lo que me has de dar? Yo me voy de este mundo sin hijos; y así habrá de heredarme el hijo del mayordomo de mi casa, ese Eliezer de Damasco5. 3Pues por lo que a mí toca, añadió Abram, no habiéndome tú concedido sucesión, he aquí que ha de ser mi heredero este siervo nacido en mi casa.
4Al punto le replicó el Señor, diciendo: No será éste tu heredero, sino un hijo que saldrá de tus entrañas6, ése es el que te ha de heredar. 5Y le sacó afuera y le dijo: Mira al cielo, y cuenta, si puedes, las estrellas7. Pues así, le dijo, será tu descendencia. 6Creyó Abram a Dios8, y su fe se le reputó por justicia9.
El rito de la alianza
7Le dijo después: Yo soy el Señor, que te saqué de Ur de los caldeos10, para darte la posesión de esta tierra. 8Pero Abram repuso: ¡Oh Señor Dios!, ¿por dónde he de conocer que yo debo poseerla?11
9A lo que respondió el Señor, diciendo: Escógeme una vaca, una cabra y un carnero, todos de tres años, con una tórtola y una paloma12. 10Cogiendo, pues, Abram todos estos animales, los partió por medio13, y puso las dos mitades una frente a otra con separación; pero las aves las dejó enteras. 11Y bajaban las aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, y Abram los ojeaba14.
12Pero al poner del sol, un pesado sueño15 sorprendió a Abram, y se apoderó de él un vapor grande y se vio rodeado de tinieblas. 13Entonces le fue dicho: Sepas desde ahora que tus descendientes han de vivir peregrinos en tierra ajena, donde los reducirán a esclavitud, y afligirlos han por espacio de cuatrocientos años16. 14Mas a la nación, a quien han de servir, yo la juzgaré; y después de esto saldrán cargados de riquezas17. 15Entretanto tú irás en paz a juntarte con tus padres, terminando tus días en una dichosa vejez. 16A la cuarta generación es cuando volverán acá; porque al presente no está todavía llena la medida de las maldades de los amorreos18.
17Puesto ya el sol, sobrevino una oscuridad tenebrosa, y apareció un horno humeando, y una llama viva de fuego19 que atravesaba por entre los animales divididos. 18Entonces el Señor firmó alianza con Abram, diciendo: A tu posteridad daré esta tierra desde el río del Egipto o Nilo hasta el grande río Eufrates20. 19Los cineos21, y los cenezeos, y los cedmoneos, 20y los heteos, y los ferezeos, y también los rafaitas, 21y los amorreos, y los cananeos, y los gergeseos y los jebuseos.
Las alianzas de Dios
| Alianza | Con quién | Promesa y señal |
|---|---|---|
| Noé | Toda la humanidad y los seres vivos | No habrá más diluvio. Señal: el arco iris (Gn 9,8-17) |
| Abrahán | Abrahán y su descendencia | Tierra, descendencia y bendición para las naciones. Señal: la circuncisión (Gn 15; 17) |
| Sinaí | Israel, por medio de Moisés | «Seréis mi pueblo», con la Ley. Señales: la sangre de la alianza y el sábado (Éx 19–24; 31,13) |
| David | David y su dinastía | Un reino y un trono para siempre (2 Sam 7,12-16; Sal 89) |
| Nueva (anuncio) | La casa de Israel y de Judá | La ley escrita en el corazón y el perdón de los pecados (Jr 31,31-34; Ez 36,26-27) |
| Nueva (en Cristo) | Todos los pueblos, en Cristo | «Esta copa es la nueva alianza en mi sangre»: la Eucaristía (Lc 22,20; Heb 8–9) |
«Testamento» viene del latín testamentum, con que se tradujo el griego diathéke, «alianza»: de ahí los nombres de Antiguo y Nuevo Testamento (2 Cor 3,14). Cada alianza retoma y amplía la anterior, y todas encuentran en Cristo su cumplimiento (Catecismo, n. 54-64).
La alianza
La palabra hebrea berit, «alianza», aparece en la Biblia hebrea unas 285 veces, y da nombre a las dos partes de la Biblia cristiana: «Antiguo» y «Nuevo Testamento» vienen del latín testamentum, que tradujo el griego diathéke, «alianza» (2 Cor 3,14). Una alianza es un vínculo solemne que une a dos partes con compromisos mutuos, garantizado por un juramento. En la Biblia, la gran sorpresa es que Dios mismo se compromete con los hombres.
En el antiguo Oriente las alianzas eran asunto de reyes. Se conservan tratados hititas de los siglos XIV y XIII a. C. y asirios del siglo VII a. C. entre un gran rey y sus vasallos, con una estructura parecida: presentación del rey, recuerdo de sus beneficios, obligaciones del vasallo, testigos, bendiciones y maldiciones. Muchos estudiosos han visto ecos de esa estructura en el Deuteronomio y en otros textos de alianza de la Biblia, aunque se discute el alcance del parecido. El rito de partir animales también está atestiguado: en un tratado arameo del siglo VIII a. C., hallado en Sefire, en Siria, se dice que, así como se parte un ternero, así sea partido el que rompa el pacto. Jeremías alude a ese rito cuando condena a los que pasaron entre las mitades del becerro y no cumplieron lo jurado (Jr 34,18).
Por eso el capítulo 15 es tan sorprendente. Según la lógica del rito, quien pasa entre los animales partidos se pone bajo la maldición si no cumple. Pero Abram no pasa: duerme. Solo pasa Dios, como fuego y humo. Dios se compromete solo, sin exigir nada a cambio; algunos estudiosos comparan esta alianza con las donaciones que un rey hacía a un servidor fiel, sin condiciones. En el capítulo 17, la misma alianza incluirá una respuesta humana, la circuncisión y el «camina delante de mí»: la iniciativa es siempre de Dios, pero espera una vida coherente.
A lo largo de la Biblia, Dios hace alianza en varias etapas: con Noé y con todos los vivientes (Gn 9), con Abrahán y su descendencia (Gn 15 y 17), con Israel en el Sinaí, por medio de Moisés (Éx 19–24), y con David y su dinastía (2 Sam 7). Cuando Israel rompe la alianza, los profetas anuncian una alianza nueva, escrita en el corazón (Jr 31,31-34; Ez 36,26-27). Jesús, en la Última Cena, toma el cáliz y dice: «Esta copa es la nueva alianza en mi sangre» (Lc 22,20). La Eucaristía es el sacramento de esa alianza definitiva. El Catecismo resume esta historia: Dios eligió a Abrahán e hizo alianza con él y con su descendencia, formó a su pueblo y lo preparó por los profetas para acoger la salvación destinada a toda la humanidad (n. 59-64 y 72). Ver el cuadro «Las alianzas de Dios».
En el centro del capítulo está el versículo «creyó Abram a Dios, y su fe se le reputó por justicia» (15,6). San Pablo lo usa para mostrar que la justicia es un don que se recibe por la fe, no un salario que se gana con las obras de la Ley: Abrahán fue declarado justo antes de ser circuncidado (Rom 4,9-12). Santiago lo cita para mostrar que esa fe se demuestra en las obras, como en el sacrificio de Isaac (Sant 2,21-24). No se contradicen: hablan de momentos distintos de la misma fe. El concilio de Trento enseñó que la fe es «el comienzo de la salvación humana, fundamento y raíz de toda justificación», y que nadie merece la gracia de la justificación (sesión VI, cap. 8); en 1999, católicos y luteranos firmaron una Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación que reconoce un amplio acuerdo en estas verdades fundamentales.
La alianza no es un contrato entre iguales. Es Dios quien se ata primero, por amor, a un hombre que no tenía nada que ofrecer, y le pide solo que crea y camine delante de Él. Por eso los cristianos, que viven de la nueva alianza en la sangre de Cristo, siguen llamando a Abrahán «nuestro padre en la fe».
Dos o tres preguntas, una oración breve y espacio para escribir.
- Dios dice a Abram: «No temas». ¿Qué temor te gustaría poner hoy en sus manos?
- Abram creyó cuando no veía nada, pero también se atrevió a quejarse y a preguntar. ¿Le hablas a Dios con esa sinceridad?
Las 21 notas del capítulo
- 1PalabraGn 15,1
«habló el Señor a Abram, en una visión»
El hebreo dice: «fue la palabra del Señor a Abram en visión». Es la fórmula con que la Biblia introducirá después los mensajes a los profetas («fue la palabra del Señor a Jeremías...»). Abram es presentado aquí como un profeta, y así lo llamará Dios mismo en 20,7.
- 2FeGn 15,1
«No temas, Abram»
«No temas» es una de las frases que Dios más repite en la Biblia; aquí aparece por primera vez. La dirá el ángel a María (Lc 1,30) y Jesús a sus discípulos. San Juan Pablo II empezó su pontificado con ella: «¡No tengáis miedo!» (1978).
- 3PalabraGn 15,1
«tu galardón sobremanera grande»
«Galardón» es «recompensa». Dios no promete solo cosas: se promete a sí mismo. Cuenta una antigua biografía que, cuando Cristo preguntó a santo Tomás de Aquino qué recompensa quería, este respondió: «Ninguna otra sino a ti, Señor».
- 4FeGn 15,2
«¡Oh Señor Dios!»
Son las primeras palabras que Abram dirige a Dios en toda la Biblia, y son una queja: «¿qué me vas a dar, si me voy sin hijos?». Hasta ahora había obedecido en silencio y levantado altares. La fe verdadera no excluye la queja sincera ante Dios: los salmos están llenos de ella, y Dios no reprende a Abram, sino que le responde.
- 5ContextoGn 15,2
«ese Eliezer de Damasco»
Sin hijos, el heredero de Abram sería su mayordomo. Documentos de Mesopotamia del segundo milenio a. C., como las tablillas de Nuzi, muestran costumbres parecidas: un matrimonio sin hijos podía adoptar a un siervo como heredero, que perdía ese derecho si después nacía un hijo.
- 6ConexiónGn 15,4
«un hijo que saldrá de tus entrañas»
La expresión hebrea, «el que saldrá de tus entrañas», se repetirá casi igual en la promesa a David: Dios suscitará un descendiente que saldrá de sus entrañas y afirmará su reino (2 Sam 7,12). Las dos grandes promesas del Antiguo Testamento, la de Abrahán y la de David, se dan la mano; el Evangelio las une en la genealogía de Jesús (Mt 1,1-17).
- 7ContextoGn 15,5
«cuenta, si puedes, las estrellas»
En una noche oscura del desierto se ven a simple vista unas tres mil estrellas a la vez; con telescopios sabemos que solo nuestra galaxia tiene cientos de miles de millones. La promesa sobrepasa toda medida.
- 8PalabraGn 15,6
«Creyó Abram a Dios»
«Creyó» traduce he'emín, de la raíz aman, «ser firme», de donde viene nuestro «amén». Creer es apoyarse en Dios como en una roca firme. Isaías jugará con esta raíz: «si no creéis, no subsistiréis» (Is 7,9). El Catecismo explica que «amén» pertenece a la misma raíz que «creer» y expresa a la vez la fidelidad de Dios y nuestra confianza en Él (n. 1062).
- 9FeGn 15,6
«Creyó Abram a Dios, y su fe se le reputó por justicia»
Uno de los versículos más importantes de la Biblia. San Pablo lo cita para mostrar que el hombre es justificado por la fe y no por cumplir la Ley, porque Abrahán fue declarado justo antes de la circuncisión (Rom 4,3-11; Gál 3,6). Santiago lo cita para mostrar que la fe verdadera se demuestra en las obras (Sant 2,21-24). La Iglesia une ambas cosas: la fe que salva es la que actúa por la caridad (Gál 5,6; Catecismo, n. 146 y 1814-1815).
- 10ConexiónGn 15,7
«Yo soy el Señor, que te saqué de Ur de los caldeos»
La fórmula anticipa el comienzo de los diez mandamientos: «Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto» (Éx 20,2). La salida de Ur es como un primer éxodo: Dios se presenta por lo que ha hecho, y sobre esa historia funda su promesa.
- 11FeGn 15,8
«¿por dónde he de conocer que yo debo poseerla?»
Abram, que acaba de creer, pide una señal. No es incredulidad: Dios no se lo reprocha, sino que responde con un rito. Algo parecido se verá en el Evangelio: Zacarías pide una prueba y queda mudo (Lc 1,18-20), mientras que María pregunta «¿cómo será esto?» y recibe una explicación (Lc 1,34-35). Preguntar a Dios no es lo mismo que desconfiar de Él.
- 12ConexiónGn 15,9
«una vaca, una cabra y un carnero, todos de tres años,…»
Son exactamente los animales que la Ley prescribirá para los sacrificios: ganado mayor, ganado menor y aves (Lv 1). Las tórtolas y las palomas eran la ofrenda de los pobres (Lv 12,8); José y María ofrecieron «un par de tórtolas o dos pichones» en la presentación de Jesús (Lc 2,24).
- 13ContextoGn 15,10
«los partió por medio»
En hebreo, hacer una alianza se dice «cortar una alianza». Los que se comprometían pasaban entre los animales partidos, como diciendo: «que me pase lo mismo si no cumplo» (ver Jr 34,18-20). Aquí sucede algo sorprendente: Abram no pasa; solo pasa Dios, como horno humeante y llama de fuego (v. 17). Dios se compromete solo, sin condiciones. Ver «Para profundizar» al final del capítulo.
- 14PalabraGn 15,11
«Abram los ojeaba»
«Ojear» es espantar a los animales con voces o gestos. Abram defiende la ofrenda de las aves de rapiña. Algunos autores espirituales han visto aquí la vigilancia del creyente, que espanta las distracciones en la oración.
- 15PalabraGn 15,12
«un pesado sueño»
El mismo «sueño profundo» (tardemá) de Adán (2,21): Dios actúa mientras el hombre duerme. Le invade «un terror, una gran oscuridad» (Vulgata: horror magnus et tenebrosus), que Torres Amat traduce «un vapor grande» (quizá errata antigua por «pavor») y «tinieblas»: el temor sagrado ante la presencia de Dios.
- 16ContextoGn 15,13
«cuatrocientos años»
Anuncio de la esclavitud en Egipto; Éx 12,40 hablará de 430 años, y san Pablo contará 430 años desde la promesa hasta la Ley (Gál 3,17). San Esteban cita este versículo en su discurso (Hch 7,6). «Afligirlos han» es una forma antigua de «los afligirán».
- 17ConexiónGn 15,14
«saldrán cargados de riquezas»
Se cumplirá en la salida de Egipto, cuando los israelitas pidan a los egipcios objetos de plata y de oro y vestidos (Éx 12,35-36). Dios no solo anuncia el sufrimiento de su pueblo: anuncia también su liberación y su juicio sobre el opresor.
- 18FeGn 15,16
«no está todavía llena la medida de las maldades de los…»
Dios no castiga antes de tiempo: espera a que la culpa de los pueblos de Canaán llegue a su colmo. El libro de la Sabiduría dirá que Dios juzgaba poco a poco a esos pueblos para darles lugar al arrepentimiento (Sab 12,10). Son textos que hay que leer con cuidado: explican desde la fe la historia posterior, pero no autorizan a nadie a medir en nombre de Dios el pecado de un pueblo.
- 19ConexiónGn 15,17
«un horno humeando, y una llama viva de fuego»
Humo y fuego son signos de la presencia de Dios, como la columna de nube y de fuego del éxodo (Éx 13,21) y el monte Sinaí humeante (Éx 19,18).
- 20ContextoGn 15,18
«desde el río del Egipto o Nilo hasta el grande río Eufrates»
Son los límites ideales de la tierra prometida; solo en tiempos de David y Salomón se acercó Israel a dominar algo así (1 Re 5,1). El «río de Egipto» es discutido: muchos piensan en el wadi el-Arish, el «torrente de Egipto» de la frontera del Sinaí (Nm 34,5); otros, en el brazo oriental del Nilo, como entiende Torres Amat.
- 21ContextoGn 15,19
«Los cineos»
Es la lista más completa de los pueblos de Canaán: diez nombres, como para decir «todos». Algunos son bien conocidos, como los jebuseos de Jerusalén o los heteos; otros, como los cedmoneos, solo aparecen aquí. Los cineos o quenitas serán amigos de Israel: el suegro de Moisés pertenecía a ese pueblo (Jue 1,16).