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Génesis 11 · La torre de Babel
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Génesis

Génesis 11: La torre de Babel

32 versículos · 20 notas · 4 min de lectura1 cuadro · Para profundizar · Pausa

El último relato de los orígenes tiene forma de espejo: primero hablan los hombres («venid, hagamos ladrillos»), luego responde Dios («ea, pues, descendamos»), y la ciudad que debía mantener unidos a todos termina dispersándolos. Es la conclusión de la historia de los orígenes: el pecado que empezó en una pareja ha llegado a toda una civilización. Después, una genealogía de diez generaciones estrecha la mirada, de toda la humanidad a una sola familia, la de Abram. Ahí empieza la historia de la salvación, que no se construye desde abajo, sino que nace de una llamada.

La torre de Babel

1No tenía entonces la tierra más que un solo lenguaje1 y unos mismos vocablos. 2Mas partiéndose de oriente2 estos pueblos, hallaron una vega en tierra de Sennaar, donde hicieron asiento. 3Y se dijeron unos a otros: Venid, hagamos ladrillos y cozámoslos al fuego. Y se sirvieron de ladrillos en lugar de piedras, y de mezcla en vez de argamasa3; 4y dijeron: Vamos a edificar una ciudad y una torre, cuya cumbre llegue hasta el cielo4, y hagamos célebre nuestro nombre5 antes de esparcirnos por toda la faz de la tierra.

5Y descendió el Señor a ver la ciudad y la torre6, que edificaban los hijos de Adán, 6y dijo: He aquí, el pueblo es uno solo, y todos tienen un mismo lenguaje; y han empezado esta fábrica, no desistirán de sus ideas, hasta llevarlas a cabo7. 7Ea, pues, descendamos, y confundamos allí mismo su lengua8, de manera que el uno no entienda el habla del otro. 8Y de esta suerte los esparció el Señor desde aquel lugar por todas las tierras, y cesaron de edificar la ciudad. 9De donde se le dio a ésta el nombre de Babel o Confusión9, porque allí fue confundido el lenguaje de toda la tierra: y desde allí los esparció el Señor por todas las regiones.

De Sem a Abram

10Esta es la descendencia de Sem10: Sem era ya de cien años cuando engendró a Arfaxad, dos años después del diluvio. 11Y vivió Sem después que engendró a Arfaxad, quinientos años, y tuvo o engendró hijos e hijas. 12Y Arfaxad a los treinta y cinco años de su vida engendró a Sale11. 13Después de lo cual vivió Arfaxad trescientos tres años12, y tuvo hijos e hijas. 14Y Sale a los treinta años de su vida engendró a Heber. 15Y vivió Sale después de engendrado Heber cuatrocientos y tres años, y tuvo hijos e hijas. 16Mas Heber a los treinta y cuatro años de su vida engendró a Faleg. 17Después de lo cual vivió Heber cuatrocientos treinta años, y tuvo hijos e hijas.

18Faleg asimismo a los treinta años de su edad engendró a Reu. 19Y vivió Faleg después que engendró a Reu, doscientos nueve años, y tuvo hijos e hijas. 20Reu vivió treinta y dos años, y engendró a Sarug. 21Después de lo cual vivió Reu doscientos siete años, y tuvo hijos e hijas. 22También Sarug a los treinta años de su vida engendró a Nacor. 23Y vivió Sarug después que engendró a Nacor doscientos años, y tuvo hijos e hijas. 24Nacor vivió veintinueve años, y engendró a Tare. 25Y vivió Nacor, después de engendrado Tare, ciento diecinueve años, y tuvo hijos e hijas. 26Tare, cumplidos setenta años de su vida, engendró a Abram13, y a Nacor y a Arán.

27Y ésta es la descendencia de Tare14: Tare engendró a Abram, a Nacor y a Arán. Y Arán engendró a Lot. 28Y murió Arán antes que su padre Tare, en la tierra de su nacimiento en Ur de los caldeos15. 29Abram y Nacor tomaron a su tiempo mujeres: el nombre de la mujer de Abram, era Sarai; y el de la mujer de Nacor, Melca, hija que fue de Arán16, padre de Melca, y padre también de Jesca. 30Sarai era estéril17, y no tenía hijos.

31Tare, pues, tomó consigo a Abram su hijo, y a su nieto Lot, hijo de Arán, y a Sarai su nuera, esposa de su hijo Abram, y les sacó de Ur de los caldeos, con ánimo de pasar a tierra de Canaán18; y llegaron hasta la ciudad de Harán19, y se establecieron allí. 32Murió Tare en Harán, siendo de edad de doscientos cinco años20.

Cuadro

Las vidas se acortan

Adán930
Matusalén969
Noé950
Sem600
Arfaxad338
Sale433
Heber464
Faleg239
Reu239
Sarug230
Nacor148
Taré205
Abrahán175
Isaac180
Jacob147
José110

Años de vida según las cifras del texto (5; 9,29; 11; 25,7; 35,28; 47,28; 50,26). Después del diluvio las vidas se van acortando hasta medidas cercanas a las nuestras: el texto expresa así que el pecado desgasta la vida humana. Arfaxad tiene 338 años según la Vulgata y 438 según el hebreo.

Para profundizar3 min

Babel y Pentecostés

La torre de Babel tiene un modelo concreto. Las ciudades de Mesopotamia levantaban en su centro un zigurat, una montaña artificial de ladrillo con terrazas escalonadas y un santuario en la cima: era la escalera entre la tierra y el cielo, el lugar por donde el dios bajaba a su ciudad. El de Babilonia, dedicado al dios Marduk, se llamaba Etemenanki, «Casa del fundamento del cielo y de la tierra»; medía unos noventa metros de lado y, probablemente, otros tantos de altura. Lo terminó de reconstruir Nabucodonosor II en el siglo VI a. C., precisamente cuando los judíos estaban deportados en Babilonia, y el historiador griego Heródoto lo describió un siglo después (Historias I,181). Para los israelitas exiliados, aquella torre era el símbolo del poder del imperio que los había vencido.

El relato no condena la técnica ni la vida en las ciudades. Condena un proyecto: «hagamos célebre nuestro nombre» (11,4). Es la tentación de una humanidad que quiere asegurar su unidad y su gloria sin Dios, con un solo lenguaje impuesto a todos y una obra colosal que llegue al cielo. La ironía del narrador es feroz: la torre es tan pequeña que Dios tiene que «bajar» para verla. Y el resultado es el contrario del buscado: los que querían no dispersarse acaban dispersos, y la «puerta del dios» (Bab-ilu) se convierte en «confusión» (balal). Benedicto XVI, en su homilía de Pentecostés de 2012, veía en Babel la imagen de un mundo que, con un enorme poder, cree poder prescindir de Dios y termina incapaz de entenderse.

La dispersión es un castigo, pero también una protección y, en cierto sentido, una bendición. El capítulo 10 ya había presentado la variedad de pueblos y de lenguas como fruto de la bendición dada a Noé: «creced, multiplicaos y poblad la tierra» (9,1). El Catecismo explica que la pluralidad de las naciones estaba destinada a limitar el orgullo de una humanidad caída que, unánime en su perversidad, quería hacer su unidad por sí misma «a la manera de Babel» (n. 57). Dios no quiere una unidad uniforme fabricada por los hombres; quiere reunir a los pueblos de otro modo. Inmediatamente después de Babel, la Biblia cuenta cómo empieza ese camino: con la llamada de un solo hombre, Abrahán, en quien serán bendecidas todas las familias de la tierra (12,3).

El Nuevo Testamento ve en Pentecostés la respuesta a Babel. San Lucas presenta a judíos piadosos «de todas las naciones que hay bajo el cielo», partos, medos, elamitas, habitantes de Mesopotamia y de muchas otras regiones, que oyen a los apóstoles proclamar las maravillas de Dios cada uno en su propia lengua (Hch 2,5-11); la lista recuerda la tabla de las naciones del capítulo 10. En Babel, un solo idioma terminó en división; en Pentecostés, la diversidad de lenguas se convierte en comunión. El Espíritu no impone una lengua única: hace que el mismo Evangelio sea comprendido en todas.

Los Padres comentaron mucho este contraste. San Gregorio Nacianceno, en su discurso sobre Pentecostés, decía que la antigua confusión de lenguas fue digna de alabanza, porque dispersó a quienes se habían unido para el mal, pero que el milagro de Pentecostés es más admirable, porque un mismo Espíritu derramado sobre muchos los lleva a la armonía (Discurso 41,16). La liturgia ha hecho suya esta lectura: el relato de Babel es una de las primeras lecturas que se pueden proclamar en la misa de la vigilia de Pentecostés. Y el Catecismo describe la Iglesia como una sola, pero presente desde el principio con una gran diversidad de pueblos, culturas y lenguas, que no rompe su unidad (n. 814).

La pregunta de Babel sigue abierta: ¿qué clase de unidad buscamos? La unidad de Babel se construye desde abajo, borra las diferencias y acaba en el enfrentamiento; la de Pentecostés se recibe como un don, respeta las lenguas y nace del amor. Cada vez que una comunidad cristiana reúne en una misma fe a personas de orígenes, culturas y lenguas distintas, Babel empieza a deshacerse.

Pausa

Dos o tres preguntas, una oración breve y espacio para escribir.

  1. ¿En qué proyectos tuyos buscas «hacerte un nombre», y en cuáles buscas el nombre de Dios?
  2. Pentecostés deshace Babel. ¿Con quién te cuesta entenderte, y cómo podrías aprender a «hablar su lengua»?
Para orarVen, Espíritu Santo, y une en tu Iglesia lo que el orgullo dividió.
Lo que escribes se guarda solo en este dispositivo. Guardado.Ver todo lo que escribí
Las 20 notas del capítulo
  1. 1ContextoGn 11,1

    «un solo lenguaje»

    El capítulo 10 ya hablaba de pueblos «cada cual según su propia lengua» (10,5): el autor no sigue un orden cronológico estricto, sino que coloca aquí el relato que explica por qué la humanidad está dividida. Hoy se hablan en el mundo unas siete mil lenguas.

  2. 2PalabraGn 11,2

    «partiéndose de oriente»

    El hebreo puede entenderse «emigrando hacia oriente» o «desde oriente». En el Génesis, ir hacia el oriente suele ser alejarse de Dios: al oriente del Edén fueron expulsados Adán y Eva (3,24), al oriente se fue Caín (4,16) y hacia el oriente partirá Lot (13,11). Sennaar es la llanura de Babilonia, en el sur del actual Irak (10,10).

  3. 3ContextoGn 11,3

    «Y se sirvieron de ladrillos en lugar de piedras, y de…»

    En Mesopotamia casi no había piedra: se construía con ladrillos de barro cocido unidos con betún, que es lo que Torres Amat llama «mezcla». El autor, que vivía en una tierra de piedra, describe con cierta ironía estos materiales. El hebreo juega además con los sonidos: «hagamos ladrillos» (nilbená levením) y «cozámoslos» (nisrefá lisrefá).

  4. 4ContextoGn 11,4

    «una torre, cuya cumbre llegue hasta el cielo»

    La torre recuerda los zigurats, templos escalonados de Mesopotamia. El de Babilonia, llamado Etemenanki, «Casa del fundamento del cielo y de la tierra», medía unos 90 metros; el historiador griego Heródoto lo describió en el siglo V a. C. Del zigurat de Ur (hacia el 2100 a. C.) todavía se conserva la base, restaurada.

  5. 5FeGn 11,4

    «hagamos célebre nuestro nombre»

    El pecado de Babel no es construir, sino querer «hacerse un nombre» sin Dios, con una unidad que se impone a todos. En el capítulo siguiente Dios dirá a Abram: «ensalzaré tu nombre» (12,2). El nombre verdadero no se fabrica: se recibe.

  6. 6ContextoGn 11,5

    «Y descendió el Señor a ver la ciudad y la torre»

    Fina ironía: la torre que debía llegar al cielo es tan pequeña que Dios tiene que «bajar» para verla. «Los hijos de Adán» significa simplemente «los hombres», hechos de tierra, que querían subir hasta el cielo.

  7. 7FeGn 11,6

    «no desistirán de sus ideas, hasta llevarlas a cabo»

    El hebreo dice: «nada de lo que planeen les será imposible». Dios no teme a los hombres: ve el peligro de un poder humano sin límites y sin Dios, que acaba volviéndose contra el propio hombre. Benedicto XVI, en la homilía de Pentecostés de 2012, comparó Babel con nuestra época, en la que los hombres, con un gran poder técnico, creen poder prescindir de Dios y terminan sin entenderse unos a otros.

  8. 8FeGn 11,7

    «descendamos, y confundamos allí mismo su lengua»

    Otra vez el plural (ver nota a 1,26). La confusión es castigo y a la vez protección: impide un poder humano sin límites. El Catecismo explica que la división de las naciones quería frenar el orgullo de una humanidad caída que pretendía hacer su unidad por sí misma (n. 56-57).

  9. 9PalabraGn 11,9

    «Babel o Confusión»

    En acadio, Bab-ilu significaba «puerta del dios», un nombre lleno de orgullo. El hebreo lo convierte en un juego de palabras con balal, «confundir». En Pentecostés sucede lo contrario: el Espíritu hace que cada pueblo oiga el Evangelio en su propia lengua (Hch 2,6-11). La unidad que da Dios no borra las lenguas: las reconcilia. Ver «Para profundizar» al final del capítulo.

  10. 10ContextoGn 11,10

    «Esta es la descendencia de Sem»

    Otra genealogía de diez generaciones, como la de Adán a Noé (cap. 5), lleva de Sem a Abram. Las vidas se acortan: de 600 años (Sem) a 205 (Taré). Ver el cuadro al final del capítulo.

  11. 11ConexiónGn 11,12

    «Arfaxad a los treinta y cinco años de su vida engendró a…»

    La traducción griega de los Setenta añade aquí una generación, Cainán, entre Arfaxad y Sale, con cifras propias. San Lucas, que usa esa traducción, incluye a Cainán en la genealogía de Jesús (Lc 3,36). Es una muestra de que el Nuevo Testamento leía muchas veces el Antiguo en griego.

  12. 12PalabraGn 11,13

    «trescientos tres años»

    La Vulgata, que traduce Torres Amat, da aquí 303 años; el texto hebreo, 403. Las cifras de estas genealogías varían bastante entre el hebreo, la traducción griega y el Pentateuco samaritano.

  13. 13PalabraGn 11,26

    «engendró a Abram»

    Abram significa «padre excelso» o «el padre es exaltado»; nombres parecidos, como Abiram, aparecen en el antiguo Oriente y en la propia Biblia (Nm 16,1). Dios le cambiará el nombre por Abrahán (17,5). Taré engendra a tres hijos, como Noé (5,32): con Abram empieza una etapa nueva, como con Noé empezó una humanidad nueva.

  14. 14ContextoGn 11,27

    «Y ésta es la descendencia de Tare»

    Es la fórmula de las «generaciones» (toledot) que estructura todo el Génesis (ver nota a 2,4). Curiosamente, la historia de Abrahán no se titula «generaciones de Abrahán», sino de su padre Taré: el gran protagonista queda insertado en la cadena de una familia, que seguirá con Isaac (25,19) y con Jacob (37,2).

  15. 15ContextoGn 11,28

    «Ur de los caldeos»

    Ur fue una gran ciudad sumeria del sur de Irak, junto al Éufrates. La excavó el arqueólogo Leonard Woolley entre 1922 y 1934 y encontró ricas tumbas reales. Su dios principal era el dios luna, Nanna, venerado también en Harán; Josué recordará que Taré y los suyos «servían a otros dioses» (Jos 24,2). Los caldeos son un pueblo posterior: el autor usa el nombre de su tiempo.

  16. 16ContextoGn 11,29

    «Melca, hija que fue de Arán»

    Nacor se casa con su sobrina Melca, y Abram con su media hermana Sarai (20,12), un matrimonio que la Ley de Moisés prohibirá después (Lv 18,9): las uniones dentro de la familia eran frecuentes entre los clanes. Una tradición judía antigua, recogida en el Talmud y por Rashi, identificó a Jesca, la otra hija de Arán, con la propia Sarai, aunque el texto no lo dice.

  17. 17FeGn 11,30

    «Sarai era estéril»

    Una frase breve que abre toda la historia siguiente: la promesa de un pueblo innumerable empieza con una mujer que no puede tener hijos. Lo mismo pasará con Rebeca, Raquel, Ana, la madre de Samuel, e Isabel, la madre de Juan Bautista. La vida que Dios da no depende de las fuerzas humanas.

  18. 18ConexiónGn 11,31

    «con ánimo de pasar a tierra de Canaán»

    Taré ya quería ir a Canaán, pero se detuvo a mitad de camino, en Harán. San Esteban, en su discurso, dice que Dios llamó a Abrahán cuando aún vivía en Mesopotamia, antes de establecerse en Harán, y que salió de allí después de la muerte de su padre (Hch 7,2-4). La llamada del capítulo 12 completa un camino que la familia había dejado a medias.

  19. 19ContextoGn 11,31

    «llegaron hasta la ciudad de Harán»

    Harán, hoy Harran, en el sureste de Turquía, está a más de mil kilómetros de Ur remontando el Éufrates. Era una ciudad de caravanas, y todavía conserva su nombre y las ruinas de su ciudadela.

  20. 20ContextoGn 11,32

    «siendo de edad de doscientos cinco años»

    Según las cifras del texto, Taré tenía 70 años cuando nacieron sus hijos (v. 26), y Abram salió de Harán a los 75 (12,4): Taré tendría entonces 145 años y viviría todavía 60 más. El Pentateuco samaritano dice precisamente que Taré murió a los 145 años, lo que cuadra con el relato de san Esteban (Hch 7,4). Las cifras de estas genealogías no son una cronología exacta.