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Génesis 50 · La muerte de José
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Génesis

Génesis 50: La muerte de José

26 versículos · 19 notas · 4 min de lectura1 cuadro · Para profundizar · Pausa

El Génesis termina con dos funerales. Jacob es embalsamado como un príncipe egipcio y llevado a Canaán por un cortejo inmenso, para ser enterrado en la cueva de Macpelá. De vuelta en Egipto, los hermanos, temiendo una venganza tardía, piden perdón, y José responde con la frase que resume toda su historia: «vosotros pensasteis hacerme un mal; pero Dios lo convirtió en bien». Al morir, José pide que sus huesos vuelvan algún día a la tierra prometida. El libro de los comienzos se cierra con una promesa abierta: «os visitará Dios».

El entierro de Jacob

1Lo cual, mirando José, se arrojó sobre el rostro de su padre1, bañándole en lágrimas y besándole. 2Y mandó después a los médicos que tenía a su servicio, embalsamar el cuerpo2; 3los cuales en ejecución de lo mandado, gastaron cuarenta días, que tal era la costumbre en embalsamar los cadáveres; y le lloró Egipto setenta días3.

4Terminado el tiempo de luto, habló José así a la familia principal del faraón4: Si he hallado gracia delante de vosotros, insinuad al faraón, 5que mi padre al morir me juramentó diciendo: Yo me muero; en la sepultura que abrí para mí en la tierra de Canaán, allí enterrarás mi cuerpo. Iré, pues, a sepultar a mi padre, y volveré luego. 6A lo que dijo el faraón: Anda enhorabuena y sepulta a tu padre como se lo prometiste con juramento.

7El cual emprendió su viaje, acompañado de todos los ancianos o primeros señores del palacio del faraón, y todos los principales de la tierra de Egipto, 8y de su propia familia y de sus hermanos, menos los niños y los ganados mayores y menores, que dejaron en la tierra de Gesén. 9Fueron asimismo en la comitiva carros y gente de a caballo; y se juntó un gran acompañamiento. 10De esta suerte llegaron a la Era de Atad, situada en la otra parte del Jordán5, donde emplearon siete días en celebrar las exequias6 con gran y acerbo llanto. 11Lo que habiendo visto los habitantes de la tierra de Canaán, dijeron: Gran duelo es éste para los egipcios; y a consecuencia de esto se llamó aquel sitio, Llanto de Egipto.

12Hicieron, pues, los hijos de Jacob, lo que éste les dejó encomendado; 13y transportándolo a la tierra de Canaán, lo sepultaron en la cueva doble7 que había comprado Abrahán junto con el campo de Efrón el heteo, enfrente de Mambre, para sepultura suya. 14Se volvió después José a Egipto, con sus hermanos y todo el acompañamiento, luego que hubo sepultado a su padre.

José perdona a sus hermanos

15Y como después de su muerte anduviesen temerosos los hermanos8 y diciéndose unos a otros: ¿Quién sabe si se acordará José de la injuria que padeció, y nos retornará todo el mal que le hicimos? 16Le enviaron a decir: Tu padre antes de morir nos encargó9, 17que te dijésemos estas palabras en su nombre: Te ruego que te olvides de la maldad de tus hermanos, y del pecado, y de la malicia que contra ti usaron. Nosotros también te suplicamos que perdones esta maldad a los siervos del Dios de tu padre. Oyendo José estas razones, prorrumpió en llanto. 18Y vinieron a él sus hermanos, y adorándole postrados en tierra, le dijeron: Esclavos tuyos somos10; aquí nos tienes.

19A los cuales él respondió: No tenéis que temer; ¿podemos acaso nosotros resistir a la voluntad de Dios?11 20Vosotros pensasteis hacerme un mal; pero Dios lo convirtió en bien12 para ensalzarme, como al presente lo estáis viendo; y para salvar a muchos pueblos13. 21No temáis, pues; yo os mantendré a vosotros y a vuestros hijos. Y los consoló y habló con expresiones blandas y amorosas14.

La muerte de José

22Y habitó José en Egipto, con toda la familia de su padre; y vivió ciento diez años15, 23y vio a los hijos de Efraín hasta la tercera generación. Tuvo también y acarició sobre sus rodillas16 a los hijos de Maquir, hijo de Manasés. 24Pasadas todas estas cosas, habló José a sus hermanos en estos términos: Después de mi muerte os visitará Dios17, y os sacará de esta tierra para la tierra que tiene prometida con juramento a Abrahán, a Isaac y a Jacob. 25Y habiéndolos juramentado y dicho: Cuando Dios os visitará, transportad de este lugar mis huesos con vosotros18. 26Vino a morir, cumplidos ciento diez años de su vida. Y embalsamado, fue depositado en Egipto dentro de una caja19.

Cuadro

José, figura de Cristo

JoséJesús
Hijo amado de su padre (37,3)«Este es mi Hijo amado» (Mt 3,17)
Enviado por su padre a sus hermanos, que traman matarlo (37,13-20)Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron (Jn 1,11)
Despojado de su túnica (37,23)Los soldados echan a suertes su túnica (Jn 19,23-24)
Vendido por veinte siclos de plata, por consejo de Judá (37,28)Vendido por treinta monedas de plata por Judas (Mt 26,15)
Tentado, no consiente en el pecado (39,9)Probado en todo, menos en el pecado (Heb 4,15)
Inocente, entre dos condenados: uno vive y otro muere (40)Crucificado entre dos malhechores (Lc 23,39-43)
Comienza su misión a los treinta años (41,46)Comienza su vida pública hacia los treinta (Lc 3,23)
«Acudid a José, y haced cuanto él os dijere» (41,55)«Haced lo que él os diga» (Jn 2,5)
Da pan a un mundo hambriento (41,57)«Yo soy el pan de la vida» (Jn 6,35)
Perdona y llama «hermanos» a los que lo vendieron (45,4)Resucitado, llama «hermanos» a sus discípulos (Jn 20,17)
Dios convierte el mal en bien para salvar a muchos (50,20)Por la cruz, Dios trae la salvación (Hch 2,23-24)

Los Padres de la Iglesia vieron en José una de las figuras más claras de Cristo; san Ambrosio le dedicó un libro entero, Sobre José (hacia el año 388). La figura no borra la historia: José es un hombre real, con sus límites, en quien Dios dejó entrever lo que haría en su Hijo.

Para profundizar3 min

La providencia: Dios escribe derecho con renglones torcidos

«Vosotros pensasteis hacerme un mal; pero Dios lo convirtió en bien» (50,20). Con esta frase José resume toda su vida, y el Génesis nos entrega una de sus grandes enseñanzas: Dios guía la historia, también a través de las decisiones libres, e incluso de los pecados, de los hombres. La Iglesia llama a esto providencia.

El Catecismo explica que la creación no salió de las manos de Dios plenamente acabada, y llama providencia a las disposiciones por las que Dios la conduce hacia su perfección última (n. 302). Dios no creó el mundo para abandonarlo: lo sostiene y lo guía con un cuidado concreto, que llega hasta lo más pequeño (n. 303; Mt 6,26-30; 10,29-31). Y lo hace de un modo que respeta la libertad: Dios concede a sus criaturas la dignidad de ser causas, de colaborar con Él en su plan (nn. 306-308). José no es una marioneta, ni lo son sus hermanos. Ellos eligieron vender a su hermano, y son responsables; José eligió ser fiel; y Dios tejió con todo eso la salvación de muchos.

Entonces, ¿por qué el mal? El Catecismo reconoce con humildad que a esta pregunta no se puede dar una respuesta simple: solo el conjunto de la fe cristiana la responde (n. 309). Pero afirma dos cosas. Dios no es nunca causa del mal moral; lo permite, respetando la libertad de su criatura, y sabe sacar de él el bien. Y cita a san Agustín: Dios, por ser sumamente bueno, no permitiría ningún mal en sus obras si no fuera tan poderoso y tan bueno que pudiera hacer surgir el bien del mismo mal (n. 311; Enquiridion 3,11). Inmediatamente después pone el ejemplo de José, y el caso supremo: del mayor mal moral jamás cometido, el rechazo y la muerte del Hijo de Dios, Dios sacó el mayor de los bienes, la glorificación de Cristo y nuestra redención; y aun así, añade, el mal no se convierte por eso en un bien (n. 312).

Muchas veces solo lo vemos después. José tardó más de veinte años en comprender. El Catecismo recoge el testimonio de santos que vivieron esta confianza en medio de la prueba: santa Catalina de Siena, que enseñaba que todo procede del amor y todo está ordenado a la salvación del hombre; santo Tomás Moro, que poco antes de su martirio consolaba a su hija en la Torre de Londres diciéndole que nada podía sucederle que Dios no quisiera; y la mística inglesa Juliana de Norwich, que oyó en la oración que todo acabaría bien (n. 313). Y concluye que solo al final, cuando termine nuestro conocimiento parcial, veremos plenamente los caminos por los que Dios ha conducido la historia (n. 314).

San Pablo lo dijo con una frase que muchos han tenido por lema: «sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas les sirven para el bien» (Rom 8,28). Y la sabiduría popular de España y Portugal acuñó un refrán que expresa lo mismo: «Dios escribe derecho con renglones torcidos». No es un versículo de la Biblia, sino un proverbio; el escritor francés Paul Claudel lo puso como epígrafe de su drama El zapato de raso (1929), citándolo como proverbio portugués. La historia de José es quizá su mejor comentario bíblico.

Creer en la providencia no es fatalismo, como si «todo estuviera escrito», ni pasividad. José actuó con inteligencia y trabajó sin descanso: almacenó trigo, organizó, decidió. Confiar en Dios no lo eximió de actuar; le dio libertad para hacerlo sin angustia y para perdonar sin rencor. Es la actitud que Jesús enseña: buscar primero el Reino de Dios y no agobiarse por el mañana (Mt 6,33-34). El Génesis termina así, con una familia reconciliada y un ataúd que espera en Egipto: no todo está resuelto, pero todo está en buenas manos.

Pausa

Dos o tres preguntas, una oración breve y espacio para escribir.

  1. José dijo: «vosotros pensasteis hacerme un mal; pero Dios lo convirtió en bien». ¿Qué mal de tu vida ves hoy, o esperas ver, transformado por Dios?
  2. Los hermanos seguían temiendo años después del perdón. ¿Crees de verdad que Dios te ha perdonado?
Para orarSeñor, que conviertes el mal en bien, enséñame a perdonar como José y a esperar tu visita como él.
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Las 19 notas del capítulo
  1. 1ContextoGn 50,1

    «se arrojó sobre el rostro de su padre»

    José llora sobre su padre y lo besa. Es el último gesto de ternura de un hijo que vivió más de veinte años lejos de él y los últimos diecisiete a su lado.

  2. 2ContextoGn 50,2

    «embalsamar el cuerpo»

    Jacob y José son los únicos personajes de la Biblia embalsamados al modo egipcio (v. 26). Heródoto describe cómo los embalsamadores extraían las vísceras y dejaban el cuerpo en natrón durante setenta días (Historias II,86). Aquí el embalsamamiento dura cuarenta días y el luto, setenta: honores casi de rey.

  3. 3ContextoGn 50,3

    «le lloró Egipto setenta días»

    Diodoro de Sicilia cuenta que, a la muerte de un rey, todo Egipto guardaba luto durante setenta y dos días (Biblioteca histórica I,72). Los setenta días por Jacob son un luto casi real: el viejo pastor extranjero, despreciado por su oficio, es llorado como un príncipe por amor a su hijo.

  4. 4ContextoGn 50,4

    «habló José así a la familia principal del faraón»

    José no va en persona ante el faraón, quizá porque estaba de luto, sin afeitar, lo que era impropio ante el rey (ver nota a 41,14). Pide permiso con toda la cortesía de la corte, y promete volver: la familia de Jacob sigue siendo, en cierto modo, rehén de Egipto.

  5. 5ContextoGn 50,10

    «situada en la otra parte del Jordán»

    El lugar se identificaba en la Antigüedad con Bet-Hoglá, entre Jericó y el Jordán. El mapa de mosaico de Madaba (Jordania, siglo VI), el mapa más antiguo de Tierra Santa, lo señala con la leyenda «Alon Atad, hoy Betagla». La expresión «al otro lado del Jordán» depende del punto de vista de quien escribe.

  6. 6ContextoGn 50,10

    «emplearon siete días en celebrar las exequias»

    Siete días de duelo, que todavía hoy guardan las familias judías: es la shivá. El lugar se llamó Abel-Mesráyim; Torres Amat traduce «Llanto de Egipto» (v. 11), por el parecido con ébel, «luto», aunque abel significa también «prado».

  7. 7FeGn 50,13

    «lo sepultaron en la cueva doble»

    Jacob descansa con Abrahán, Sara, Isaac, Rebeca y Lía (49,31). La tumba comprada por Abrahán (cap. 23) fue la primera porción de la tierra prometida que poseyó la familia, antes del campo de Siquem (33,19), y en ella esperan los patriarcas el cumplimiento de la promesa.

  8. 8FeGn 50,15

    «anduviesen temerosos los hermanos»

    Diecisiete años después del perdón, los hermanos todavía temen que José solo esperara la muerte del padre para vengarse, como pensó hacer Esaú (27,41). A veces cuesta más creer en el perdón recibido que perdonar.

  9. 9ContextoGn 50,16

    «Tu padre antes de morir nos encargó»

    El Génesis no cuenta en ningún lugar que Jacob supiera lo que hicieron con José, ni que les diera este encargo. Muchos comentaristas, también judíos, piensan que los hermanos lo inventaron por miedo. José llora al oírlo: le duele que todavía desconfíen de él.

  10. 10ConexiónGn 50,18

    «Esclavos tuyos somos»

    Por última vez los hermanos se postran ante José, como en el sueño de las gavillas (37,7). Ellos lo vendieron como esclavo; ahora se ofrecen como esclavos suyos. Pero José no quiere siervos, sino hermanos.

  11. 11PalabraGn 50,19

    «¿podemos acaso nosotros resistir a la voluntad de Dios?»

    El hebreo dice: «¿acaso estoy yo en lugar de Dios?», las mismas palabras de Jacob a Raquel (30,2); Torres Amat sigue la Vulgata. José se niega a ocupar el puesto de juez que solo corresponde a Dios. «No os toméis la justicia por vuestra mano», dirá san Pablo (Rom 12,19).

  12. 12FeGn 50,20

    «pero Dios lo convirtió en bien»

    La frase que resume la historia de José, y una de las grandes enseñanzas de la Biblia sobre la providencia (Catecismo, n. 312). El mal sigue siendo mal, y los hermanos son responsables, pero Dios es capaz de tejer con él un bien mayor. San Pablo dirá que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien (Rom 8,28). El ejemplo supremo es la cruz de Cristo (ver «Para profundizar» al final del capítulo).

  13. 13PalabraGn 50,20

    «para salvar a muchos pueblos»

    El hebreo dice «para mantener con vida a un pueblo numeroso», con el verbo que José ya usó en 45,7 y que el pueblo de Egipto empleó para darle las gracias (47,25). Torres Amat, con la Vulgata, añade «para ensalzarme»: un matiz que el hebreo no tiene, y que José, en realidad, nunca buscó.

  14. 14PalabraGn 50,21

    «habló con expresiones blandas y amorosas»

    El hebreo dice «les habló al corazón», la misma expresión de Isaías: «consolad a mi pueblo... hablad al corazón de Jerusalén» (Is 40,1-2). El perdón de José no es frío: consuela.

  15. 15ContextoGn 50,22

    «vivió ciento diez años»

    Ciento diez años era, para los egipcios, la duración ideal de una vida plena: el sabio Ptahhotep, en sus famosas Instrucciones, dice haber alcanzado esa edad. Josué morirá también con ciento diez años (Jos 24,29).

  16. 16ContextoGn 50,23

    «acarició sobre sus rodillas»

    El hebreo dice que los hijos de Maquir «nacieron sobre las rodillas de José»: otro gesto de adopción (ver notas a 30,3 y 48,12). Ver a la tercera generación era signo de bendición (Sal 128,6).

  17. 17PalabraGn 50,24

    «os visitará Dios»

    El verbo es paqad, «visitar», es decir, intervenir para salvar (ver nota a 21,1). Es la palabra que Dios dirá a Moisés en la zarza: «os he visitado» (Éx 3,16). Las últimas palabras de José anuncian el éxodo.

  18. 18ConexiónGn 50,25

    «transportad de este lugar mis huesos con vosotros»

    José no quiere quedarse para siempre en Egipto, por muy alto que haya llegado. Moisés se llevará sus huesos al salir (Éx 13,19), y serán enterrados en Siquem (Jos 24,32). La Carta a los Hebreos ve en este encargo un acto de fe (Heb 11,22). En Nablus, la antigua Siquem, se venera desde antiguo una «tumba de José».

  19. 19PalabraGn 50,26

    «dentro de una caja»

    El hebreo dice arón, «caja» o «ataúd», la misma palabra que designará el arca de la alianza. El Génesis empezó con la creación del mundo y de la vida, y termina con un ataúd en Egipto. Pero es un ataúd que espera: el libro se cierra abierto a una promesa, la del éxodo.